Guías oficiales: garantes de calidad en el turismo

No será hasta tiempos muy recientes en la historia, prácticamente en época contemporánea y poco después de la II Guerra Mundial, cuando la figura del guía de turismo aparezca como una profesión de crucial importancia dentro del entonces naciente sector o subsector del turismo

Guías oficiales: garantes de calidad en el turismo
Norte de Castilla
MIGUEL CAMPOS GARCÍAPresidente de la Asociación de Guías e Intérpretes del Patrimonio de la Provincia de Granada (AGIP)

Celebramos en estas fechas los actos del Día Mundial del Guía de Turismo cuya conmemoración, el pasado día 21 de febrero, con la pretensión de poner de relieve esta figura profesional tan útil como necesaria.

Hay quien sostiene que la primera de las guías de turismo bien pudo ser el Códice Calixtino que, mediado el siglo XII, escribiera el benedictino francés Aymeric Picaud y uno de cuyos capítulos se dedica por completo a describir el camino de Santiago que desde muy diversos lugares de la vieja Europa venían a recorrer toda suerte de peregrinos en una aventura extraordinaria para aquel tiempo –aún lo sigue siendo– y a los que el monje autor de dicho códice les facilitaba descripciones de ciudades y enclaves por los que habrían de pasar dándoles, al mismo tiempo, consejos de utilidad y advertencias sobre posibles peligros que podrían sufrir en el recorrido jacobeo. Sin embargo, siendo sin duda alguna una cierta forma de tratado primigenio de turismo, lo es así tan solo en parte de lo que modernamente es considerado como un libro de viajes.

La figura del Guía de Turismo, por el contrario, aparte de surgir muy posteriormente, viene a humanizar los viajes y las visitas a países y ciudades, concediéndoles la dimensión de la inmediatez, razón por la que la utilidad de su servicio se acrecienta comparada con las guías escritas o los libros de viajes, por muy curiosos, pormenorizados o descriptivos que estos puedan ser.

Excepción hecha de las obras que posteriormente nos han ido dejando numerosos itinerantes sin más pretensión que la propia narración de los viajes, no va a ser hasta el siglo XVIII y más especialmente el XIX cuando se produzca un inusitado interés por conocer nuestro país y nuestra ciudad, Granada. Convertida en meta de numerosos viajeros románticos, principalmente franceses, alemanes y anglosajones, éstos nos dejan un sinnúmero de obras a veces ilustradas con sugerentes grabados, la mayoría de ellas de enorme atractivo e interés y en las que suelen aparecer referencias a la figura de los primeros guías, quienes ni tan siquiera venían a recibir esa denominación aún, presentándosenos como sencillos lugareños que en las posadas y mesones que albergaban a los diferentes viajeros ofrecían su compañía para los paseos urbanos o las visitas monumentales.

No será hasta tiempos muy recientes en la historia, prácticamente en época contemporánea y poco después de la II Guerra Mundial, cuando la figura del guía de turismo aparezca como una profesión de crucial importancia dentro del entonces naciente sector o subsector del turismo, propiciada por los intereses conjuntos de los hoteles que comenzaron a ofertar este servicio como complemento a los tradicionales de posada, residencia y restauración, requiriéndose por entonces poco menos que el conocimiento de un solo idioma, preferiblemente el inglés como lengua muy extendida por razones comerciales o el francés, también asentada por su vinculación al mundo de la diplomacia y las relaciones internacionales.

El desarrollo del turismo corrió paralelo al de la profesión de los guías, a los que progresivamente se les fueron exigiendo otros muy diversos conocimientos de historia, historia del arte, socio-economía y organización y actual situación del mapa de servicios y comunicaciones de una determinada región, provincia o localidad, sobre la que se suponía deberían informar y explicar, dando a conocer las características de la historia, economía, gastronomía y patrimonio monumental de los lugares que enseñan.

Naturalmente, con el auge, desarrollo e interés por el turismo y habida cuenta de que se convertía en un sector de la economía con creciente importancia, desde los poderes públicos se impulsó la reglamentación académica y profesional de aquellas nuevas profesiones que surgían al socaire del crecimiento de un nuevo conjunto de servicios. Aparecen entonces las escuelas de turismo en las que se han formado las actuales generaciones de profesionales del mundo de la hostelería y de unos servicios que, si bien una vez fueron complementarios, actualmente son igual de necesarios para satisfacer la demanda de aquellos turistas que disfrutan varios días de un lugar determinado o de los excursionistas que simplemente dedican solo unas horas para el conocimiento de paisajes, monumentos o lugares más concretos.

La alta cualificación de la figura del guía turístico ha sido progresiva en el tiempo y proporcional a las exigencias de un mercado cada vez mayor, contando de unos años a esta parte con la supervisión de la Administración competente que concede las acreditaciones a los guías oficiales tras demostrar méritos y pruebas necesarias. Se asegura de este modo la cualificación académica en idiomas diversos y conocimientos de interés general, así como la idoneidad y la responsabilidad frente a los turistas demandantes de sus servicios, al tiempo que dichas garantías de capacidad y calidad quedan apuntaladas por la pertenencia a las asociaciones profesionales de guías oficiales, las cuales llevan muchos años velando por el armónico y equilibrado desarrollo en el ejercicio de la profesión de servicios de turismo, muy especialmente en provincias en las que, por su historia, paisajes y monumentalidad (como es el caso de Granada), estos se presentan como uno de los más importantes sectores de desarrollo económico.