Granada, a hombros de gigantes

Conviene reflexionar acerca de la aportación de tantos que amaron a Granada luchando por ella, a quienes les debemos la grandeza que posee, asombro del mundo

JOSÉ GARCÍA ROMÁN

Tal vez Granada requiera descanso de versos, prosa, música, festejos, para dedicarle con todas las fuerzas la voz y el corazón, o el silencio que permita que se oiga el trasiego del pensamiento a fin de dirigir la mirada a un horizonte de energía y esperanza viva, «Granada, obra maestra de la naturaleza», y ser espectadores emulando a Ortega cuando dijo: «El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor». Uno de los males de los pueblos es el uso que se hace de ellos, en ocasiones a modo de pedestal personal, dejándolos a oscuras cuando los pretenciosos soles se ponen al caer la tarde del desencanto o cuando las farolas se apagan a medianoche con las luces de feria de las vanidades.

Familiarizarse con la aventura de 'pensar en grande' es el principal de los retos, como eludir divisiones estériles, no tirar piedras sobre nuestro tejado, rechazar negatividades (desterremos la expresión 'mala sombra', lo digo eufemísticamente; en lugar de insultarnos con el desagradable tópico, empleemos unos minutos diarios en la autocrítica), evitar exilios de empresas, instituciones financieras, obras de arte y legado valioso, incluidos bancos de salón de actos de edificios históricos, y destrucciones del patrimonio industrial, como las naves del Cuartel de Automovilismo, y repensar Granada desde el margen, desde las barricadas de la razón más decente, con el ánimo de gigantes. Sería un extraordinario revulsivo la unión del Área Metropolitana a la ciudad de Granada, manteniendo las particularidades de las poblaciones y elaborando iniciativas que redunden en mutuo beneficio.

Sin lugar a dudas, Granada ha aguantado o, si se prefiere, resistido demasiado; ya es tiempo de superación. Atrapada en la zona pantanosa del pesimismo y la rendición, actitudes provocadoras de una debilidad que priva de fuerza con el propósito de emprender acciones de futuro, necesita el vigor de la fe en su posibilidad de reacción. Más allá de los agravios existe la sospecha de la traición y la dejadez. Los pueblos y ciudades suelen cojear por la deslealtad y el desprecio a 'pensar socialmente'. Es cierto que hemos de tener en cuenta el siguiente matiz, no solo relacionado con el diagnóstico sino también con el objetivo de aplicar soluciones: una cosa es que los granadinos vayan a hombros de Granada y otra bien distinta que Granada vaya a hombros de los granadinos. Sería oportuno celebrar jornadas que propiciaran reflexiones y debates públicos con el fin de ahondar en la personalidad, valores y anhelos de esta tierra y, una vez recuperados, compartirlos con más convicción y esclarecimiento, pues para amar a Granada es imprescindible conocerla en profundidad y brindarle tiempo e ilusión. Y si falta hiciere, renunciar a honores por su defensa.

Es hora de que se levante la niebla que comenzó a aparecer hace años y volvamos a contemplar un renovado paisaje, un inmenso hogar seductor de ideas y proyectos que unan y entusiasmen, eliminando pasividades, deserción de rebeldía y débiles pulsos políticos, causas del atraso que estamos sufriendo. Porque se ha cercenado la corona de Granada, alegoría que encarna una fruta tan sugerente y un Reino que trasciende la simbología que representa. Sin embargo es posible recuperar sus apreciados atributos y con ellos el puesto en el ascenso que precisa. Todos somos necesarios en este afán, alejados de derrotismos y cobardías, de lastres que impiden volar a la altura deseada. «No vuelva a decirme que no puede hacerse», le increpa Roosevelt, incorporándose desde su invalidez, a un miembro del Consejo Presidencial convocado tras el inesperado ataque a Pearl Harbor. Para empresas con aires o vislumbres de proeza no son argumentos admisibles la invalidez, la escasez de medios o la miseria de voluntad.

Conviene reflexionar acerca de la aportación de tantos que amaron a Granada luchando por ella, a quienes les debemos la grandeza que posee, asombro del mundo. Granada demanda hombros robustos, imaginativos, generosos, con la mirada en la cima igual que aquel Atlante; titanes que soporten gustosamente el peso del cielo de Granada, la 'esfera celeste', no como carga sino como distinción. Recordemos a los gigantes con el noble propósito de seguir sus huellas, si no de inteligencia y capacidad, al menos de entrega y tesón, a modo de los atlantes humildes ofreciendo nuestros hombros. Y así llevar a Granada a la cumbre. Seguramente esto sonrojará y ahuyentará a quienes subidos en la 'esfera' ruedan sobre ella con la intención de adelantar y triunfar personalmente.

Newton, en carta dirigida a Hooke, escribió: «Si he llegado a ver más lejos que otros es porque me subí a hombros de gigantes». Ese reto corresponde a quienes deseen emular a los gigantes de la historia de una Granada que ha de afirmarse ella misma y dejar de brillar por su ausencia.

Con la venia de Cicerón, percibo que se oye la voz de Granada decir: «¿Hasta cuándo abusaréis de mi paciencia?» A punto de finalizar el artículo me vino a la memoria una frase de Azaña pronunciada en su primer mitin. ¿Y si concluyo la reflexión con ella?, me pregunté. Aquí está, por si es útil a algún granadino: «No nos da la gana de seguir siendo vasallos». Ni siquiera de nosotros mismos.