La fuerza del español y cómo defenderla

El reto marcado es que los lectores tomen conciencia y consideración de la importancia del español a nivel planetario al no existir una conciencia colectiva de autovaloración a diferencia de otras como el inglés

ANTONIO UBAGO

Aparece a principios de este año una obra fundamental sobre la lengua española, 'Más de 555 millones podemos leer este libro sin traducción. La fuerza del español y cómo defenderla', dirigida por el académico José María Merino y el periodista Álex Grijelmo que compila dieciocho ensayos de especialistas con la descripción de diversas perspectivas históricas, sociales, culturales y económicas sobre la extensión y variedad del español, su valor económico o sus previsiones de crecimiento, el femenino o la irrupción tantas veces innecesaria del inglés. Reivindica, en suma, la fuerza del español como idioma y clama contra el complejo de inferioridad que sufren los hispanohablantes o, según se mire, el absoluto descaro que manifiestan otros, últimamente no pocos, con el mayor engreimiento, petulancia y supino desconocimiento. Versa también el texto sobre el poder del español y sus potencialidades con la pretensión de ser alegato sobre el buen uso del español como lengua compartida por millones de hablantes del Universo.

El momento que atraviesa la lengua española, tanto por su creciente difusión en el mundo como por la general unificación de estructuras y reglas que mantiene y por la riqueza de su vocabulario, nos lo ofrece este texto con un análisis desde diversas perspectivas en las que, con voluntad divulgativa, consideran los aspectos más importantes del fenómeno los coordinadores del libro en el que especialistas relevantes en diferentes materias aportan igualmente estudios inéditos sobre rasgos como la dispersión y variedad del español, su valor económico y sus previsiones de crecimiento.

Es reto importante marcado por los autores de esta publicación que los lectores tomen conciencia y consideración de la importancia del español a nivel planetario porque es aquí donde radica, según el académico José Mª Merino, uno de los principales problemas del español al no existir una 'conciencia colectiva' de autovaloración sobre nuestra lengua mientras que en otras como el inglés, sí. Estos usos innecesarios e inapropiados muchas veces generan un complejo de inferioridad en los hispanohablantes que se evidencia en el uso recurrente que los hablantes del español hacen de los anglicismos porque crean que suena mejor o le da más empaque a nuestro léxico.

Si no conocimiento común compartido, sí hay, sin embargo, una conciencia mameluca en algunos prosélitos de usos lingüísticos sesgados, inadecuados y ridículos que constituyen el credo de la bandera de la redención del feminismo, la igualdad, el lenguaje inclusivo o la ideología de género y que tienen como recursos salvíficos de la humanidad, al menos de su generosa parte. Se habla hasta el hartazgo en esta infausta hora de la utilidad y justificación de esta manera de expresarse en la creencia de que ese uso insufrible evitará la discriminación de la que son objeto las mujeres siempre que se utiliza un término no femenino. El lenguaje se ha sexualizado con la transgresión del masculino genérico y el principio de economía lingüística. El lenguaje es sexista porque la sociedad también lo es. Lo que resulta ingenuo e inútil es pretender cambiar el lenguaje para ver si así cambia la sociedad. Habrá que cambiar, naturalmente, la sociedad. Al intentarlo, determinados aspectos del lenguaje también cambiarán pero, otros que afectan a la constitución interna del sistema, a su núcleo duro, no cambiarán, porque no pueden hacerlo sin que el sistema deje de funcionar.

En la presentación de la obra, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, destacó la vitalidad del español, haciendo referencia al título: «durante el tiempo que ha transcurrido el proceso de edición del libro, el número de hispanohablantes ha aumentado a quinientos setenta millones de hablantes». Con estas intuiciones y radiante optimismo ya titulábamos el 3.2.18 un artículo en esta Sección, '600 millones de hablantes' que cuantitativamente puede que ya sea nuestro número glorioso de hablantes.

José María Merino ha explicado que el libro surgió «del fenómeno de fuerza, expansión y presencia que el español tiene en el mundo. Era el momento de hacer un análisis desde diversas perspectivas, como la inicial consolidación del español, la contradictoria normativa que lo fijó como lengua general en América, algunas de las instituciones que lo apoyan, su enseñanza, temas relacionados con el diccionario, la gramática y la ortografía, americanismos y regionalismos que ya son panhispánicos, aspectos del lenguaje rural o del deporte o la irrupción muchas veces innecesaria de otras lenguas».

Los dos autores reniegan del empeño ridículo y falaz de algunos, generalmente con quehaceres públicos, por desdoblar el género de todas las palabras para hacer más inclusivo el lenguaje cuyo beneficio de ínfima inversión se les ofrece por contra políticamente sustancial. Grijelmo y Merino han hecho un llamamiento a las instituciones y a la Administración para que se saque un mayor provecho a uno de los principales bienes que tiene España, su idioma, ahora rodeado, y ese es nuestro reto y nuestro estímulo, de importantes problemas en la educación, la fuerza colonial del inglés y la desidia de una gran parte de quienes tienen el poder político, informativo y económico en los veintiún países que asumen nuestra lengua como propia; en especial, el nuestro.