Estado del momento

Si alguien levanta el puño, no tardará en aparecer quien salude a la romana. Vamos de eso. Estamos en eso

Estado del momento
FELIPE BENÍTEZ REYES

Durante los años en que PSOE y PP se repartieron el Gobierno central, así fuese con el apoyo de doble filo de los nacionalistas, compartían un espacio confortable tanto en el mando como en la oposición. Una cuestión básica de antagonismo dual, según soplase el viento del electorado: o vosotros o nosotros, sin sobresaltos. La irrupción de Podemos les supuso un elemento de distorsión en aquel panorama, y algunos intuíamos que era cuestión de tiempo el que surgiera el discurso opuesto, aunque de raíz idéntica: el de la purificación social a partir de un proceso de purificación política. Y ahí tenemos ya a VOX, que ha ascendido de anécdota pintoresca a comodín potencial de los futuros gobiernos en todas sus escalas. Ciudadanos, por su parte, aporta a esta biodiversidad el desconcierto: el que parecen padecer ellos y el que transmiten a la gente gracias a sus incoherencias de pensamiento, de palabra, de obra y de omisión.

En ese mercado de espejismos en que nos ha convertido la política, el discurso ha sido sustituido por el pregón, sin miedo a los argumentos gruesos, desenmascarando de ese modo el gran engaño de la politología, a saber: que todos los ciudadanos se rigen por criterios politológicos. De ahí que los políticos cuenten con el factor de irracionalidad y de visceralidad en que se fundamentan por lo común las decisiones de voto, y de ahí su estrategia de sobreactuación.

Los dirigentes de los principales partidos parecen estar en fase de metamorfosis: Sánchez asumiendo el desengaño de no haber podido gobernar con el apoyo incondicional y leal de sus adversarios, incluida la derecha catalana; Iglesias desinflándose como el mesías de la izquierda que quiso ser y Casado inflándose como el caudillo de la derecha dura que alguien le ha recomendado que sea, en tanto que Rivera ha pasado de la pretendida moderación a la desacomplejada indefinición, hasta el punto de convertirse no tanto en un representante del pensamiento líquido como en un malabarista del pensamiento gaseoso.

Frente a las teatralizaciones del independentismo, PP, Ciudadanos y VOX no han tenido otra ocurrencia que promover una teatralización unionista, como si los fuegos se apagasen con fuego y como si una plaza representase a todo un país. Las dos caras, en suma, de una misma moneda: la independencia y la reconquista. Mientras tanto, Sánchez, tras su tentativa aventurada de convertir en fortaleza su debilidad, ha estado deshojando hasta ayer mismo la margarita de las elecciones, aunque por cada pétalo que le arrancaba le añadía dos, sin duda porque intuye lo mismo que intuimos algunos.

Y todo está por ver. Y ya veremos.