Los escritores mendigo

El contacto con los lectores no siempre es fácil, pero el drama te asola cuando estos no llegan. Hacer una firma y que vengan tres personas a verte en un par de horas resulta bochornoso

Fernando Fedriani
FERNANDO FEDRIANI

Como cada año, recorro las casetas de la Feria del Libro. Al llegar a la perteneciente a Ediciones Alfar me llevo una alegría inesperada. Mi editor ha traído (y colocado) cuatro de mis libros, y son visibles en algunos de los rincones más prominentes de su escaparate. Instantes después he visto a un hombre hojear la sinopsis de una de mis obras. Acto seguido he bajado la cabeza y he seguido caminando azorado por un pudor horrible. ¡Qué vergüenza me dan estas cosas!

Pocas casetas más adelante, casi llegando a Puerta Real, un personajillo demanda nuestra atención. Dentro de un rato firmo mi libro, nos grita. ¿Por qué no venís? ¿Os gusta leer? ¿Os apetece leer mi libro? Y yo, que nunca me sentí cómodo en las firmas, siendo indulgencia hacia él, pero solo uno poco de indulgencia. Más adelante otra escritora, en concreto una poetisa, nos pregunta si nos gustan los poemas. ¿Te gusta la poesía?, me pregunta. Pero mi mente me devuelve un «poesía no eres tú», porque las opciones de que conecte con alguno de los textos que me están ofreciendo oscilan entre pocas y ninguna.

Hace unos años le pedí a mi editor que no me invitase más a la Feria del Libro. Si el texto es comercial, como una novela sobre el Betis de la que vendimos varios miles, se acerca mucha gente hasta ti y estás entretenido. El contacto con los lectores no siempre es fácil, pero el drama te asola cuando estos no llegan. Hacer una firma y que vengan tres personas a verte en un par de horas resulta bochornoso. Porque te conviertes en comercial de tu propia obra y eso se ve feísimo.

Hay muchos escritores que aprovechan las firmas de libros para subirse el ego. En plan: estoy aquí porque soy escritor. Sin embargo, yo me sentía más bien como un mono en la jaula del zoo. Y no sabes si los viandantes te miran como si fueses una especie en peligro de extinción, si van a lanzarte cacahuetes, o si te dan conversación por pura pena. Recuerdo con desolación aquella tarde en que la firme más libros que Skármeta, en una Feria del Libro de Sevilla. A los últimos les reprendía. ¿Qué hacen ustedes aquí? ¡Vayan a ver a Skármeta que está ahí al lado! ¡Él sí es un escritor de verdad!

Pero es que, en esta era, firmar o no firmar pocas veces guarda relación con tu calidad literaria. Casi siempre es el resultado directo de las inversiones que se han hecho en publicidad para posicionar bien la obra.

Pero lo de esta gente va más allá, pues es mendicidad. Hay web de reseñas de libros que son mejores que los propios libros. Hay libreros que, con su experiencia y criterio, nos recomiendan unas obras que se ajustan a la perfección a nuestro momento personal. Están las revistas especializadas y también funciona muy bien eso de pedirle un consejo a un amigo afín. Eso sí, que un autor nos trate de seducir a gritos desde su jaula, debería ser elevado a la categoría de spam literario.