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elogio del zaidín

Querido turista, existe al sur de la ciudad un barrio lque seguro que por su nombre no te dice nada, pero deberías acercarte por allí

elogio del zaidín
ALFREDO AGUILAR
ALEJANDRO PEDREGOSA

Querido turista de fin de semana: yo sé que tienes el tiempo muy justo, y que el día da para lo que da. Tú quieres ver la Alhambra, tu pareja el Albaicín, vuestro hijo pequeño ir al Parque de las Ciencias y la hija mayor salir de marcha por Pedro Antonio. Lo sé, y todos los que vivimos en Granada os agradecemos de corazón el esfuerzo que hacéis y la gymkhana que lleváis a cabo en tiempo récord. Me caes muy bien y por eso, querido turista de fin de semana, te voy a contar un secreto. Existe al sur de la ciudad un barrio llamado Zaidín-Vergeles; seguro que el nombre no te dice nada pero deberías acercarte por allí. Es cierto que no ostenta grandes monumentos pero aún así tiene su historia. Encontrarás, por ejemplo, un puñado de casas diminutas, de cuando los españoles eran seres bajitos y las viviendas de la gente humilde se marcaban con yugos y con flechas. Verás también altas torres que te hablarán de los años setenta, de inmigración interior y curas obreros. Visitarás –sé que esto te va a encantar, querido turista– un mercado de abastos real, de los de antes, con sus puestos de fruta, sus carnicerías, sus pescados frescos y su tienda de huevos; un mercado sin negocios gourmet ni restaurantes franquicia, ni sushi japonés. ¿Qué me dices? Eso no te lo esperabas, ¿eh? Pues aún hay más. En el Zaidín podrás ir de compras por la calle Palencia, donde encontrarás más de treinta negocios dedicados a la ropa, al calzado y a la moda en general. ¡Y en plena calle, querido turista! Sin líos de parking ni música estridente ni bóveda de cristal ni letreros cegadores ni dependientes disfrazados de dependientes. ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? Y flípalo: ¡Ninguna de esas tiendas pertenecen a Inditex! Son sencillos negocios regentados por gente sencilla que te ofrecen el producto con sus manos e incluso te ayudan a probarte si, por una mala pata del destino, tienes más de setenta años y estás un pelín achacoso. Inaudito, ¿eh? Y la cosa no acaba ahí porque después de las compras seguro que quieres tomarte un refrigerio, ¿a que sí? Pues flipa, la misma copa de vino por la que en el centro te cascan casi cuatro euros, te la tomas en el Zaidín por menos de tres, y con una tapa que te deja medio almorzado. ¿Qué? Loco te has quedado. Lo entiendo, no es para menos. Ahora bien, un favor tienes que hacerme, amigo turista: no comentes por ahí nada de esto. No podemos permitir que se corra la voz. Imagínate que el Zaidín se pone de moda y le echan el ojo los hipsters y los alquileres se suben a la parra y la vida del barrio se va al carajo en menos que canta un gallo. No, amigo turista, tú guárdame el secreto. El Zaidín, como la Amazonia, debe seguir vivo para que cientos de granadinos podamos respirar.