DÍAS MIMÉTICOS

DÍAS MIMÉTICOS
ALFREDO YBARRA

Una de las claves de la personalidad de Andújar, es la de ser una ciudad cosmopolita. Esa es una gran baza. Y es cierto, pero al mismo tiempo también es una lacra. Porque esa aparente cualidad abierta y avanzada, tan pizpireta, es sólo parcial, y tira del fiel de la balanza de tal modo, que hay aspectos fundamentales de Andújar, que quedan enmascarados. Primeramente, habría que decir, que (por su situación geográfica, estratégica e histórica) esa tradicional mundanidad de Andújar, no ha sido nunca concluyente en impulsos de verdadero voltaje en cuanto a desarrollo económico y a proyectos de empaque, que dieran un rotundo espaldarazo a la ciudad. Por supuesto ha sido un hermoso, y lozano distintivo de los iliturgitanos. Y se nota en el porte, en la moda, en ese estar, en el relacionarse en la calle, en su hospitalidad, en la esplendidez en tantos aspectos, en las expresiones, en las construcciones ciudadanas, en las calles, en los bares, en el comercio, en las fiestas,... Es una pátina que envuelve a la ciudad que hace que quién de ella se impregna se le note a la legua un donaire especial. Sin embargo, una sombra no pequeña ha ido rodeando la idiosincrasia iliturgitana; pusilánime en tanto y tanto, baladí en sus aspiraciones, pueblerina en bastantes de sus manifestaciones y concretamente en las culturales-tradicionales (en una oposición directa a esa dosis de perspectiva modernista que se atribuye).

Y hablo de todo esto cuando tenemos ya encima la Semana Santa y la Romería de la Virgen de la Cabeza, expresiones que unen religiosidad, cultura en diferentes aspectos, antropología social, fiesta,... Y observo que llevamos en las últimas décadas una inercia en la que no nos salimos de la maceta. O sea, que los andujareños somos unos inmovilistas en no salir de esos perfiles y en no dar un salto cualitativo hacia adelante. En referencia a la Semana Santa (la Romería también) llevamos ya bastantes años en los que nos hemos agarrado al modelo del sevillanismo. Especialmente en cultos, boato, contexto, cofradías y procesiones. Este sevillanismo es algo común en muchos sitios, pero en Andújar ha sido especialmente acogido. Y me preocupa en la realidad más amplia de la ciudad, no en sí por ese vuelco a lo hispalense, sino por su radicalidad, que no ha mantenido ciertos pivotes en los que reconocer nuestra médula. Nos ha pasado con todo el patrimonio, que en pro de la novedad hemos arramblado con gran parte de nuestro legado histórico. Cuando la Semana Santa en cuanto a cofradías y procesiones en la ciudad había perdido tanto fuelle que sobrevivía lacónicamente en su mínima expresión, hubo un momento en el último tercio del pasado siglo en que por mil circunstancias comenzaron a repuntar las hermandades existentes, y a crearse alguna nueva, imponiéndose el aire sevillano. Y ya ha sido un no parar. Definitivamente la ciudad se alejaba de la Semana Santa (en cuanto a procesiones) más conceptual que formal, más preocupada por el mensaje evangélico de las cofradías, de las imágenes, que por la forma de presentarlos. Expresado de otro modo aquellas hermandades responderían a un modelo prebarroco muy alejado de las exuberancias recargadas que poco a poco se van imponiendo en nuestros días y que no son sino reflejo de la sociedad actual. Al factor religiosidad y al factor arte se añadió, ineludiblemente el factor espectáculo, que ha conllevado una significativa proyección consumista y turística. Copiar modelos que vengan a sumar no es malo, incluso muchas veces es necesario. Pero es una pena que muchas esencias propias de Andújar que están ahí como referentes se hayan dejado perder, y en muchos casos, cercenado drásticamente (caso de algunas hermandades, por ejemplo, que han cortado con magníficos matices para volcarse completamente en el sevillanismo). Andújar se ha mimetizado con tantas y tantas poblaciones en un mismo modelo. Y parece que eso es lo que nos enaltece, mientras el capataz llama y jalea a los costaleros con una voz impostada alejada de nuestro acervo, mientras unos y otros buscan el mismo canon, los mismos gestos, el mismo tipo de ropa, escenarios calcados, las mismas actitudes, bandas de música del mismo corte, contextos iguales, los mismos bordados, una imitada orfebrería. Mientras, sigo pensando que entre un lado y otro siempre hay mucho término medio. Y para mí la grandeza está en buscar los sutiles hilos del alma de Andújar y trenzarlos en la poesía de la vida.