Deconstrucción de Sánchez

El presidente es un relativista de izquierda producto de la crisis de la social- democracia

Deconstrucción de Sánchez
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JUAN CARLOS VILORIA

El presidente Pedro Sánchez acaba de concluir su última obra, 'Manual de resistencia'. Cuando no lleva más que ocho meses al frente del Gobierno semejante exhibición de arrogancia denota, cuando menos, una peligrosa sobredosis de autoestima. ¿O como algunos se malician, es una preparación para su salida del poder? En clave de «ahí queda eso». ¿Se puede entender como un balance de su peripecia en la vida política desde que decidiera presentar candidatura a las primarias para sustituir a Alfredo Pérez Rubalcaba en la Secretaría General del PSOE? No es probable.

Quien se muestra tan orgulloso de haber derrotado a los tribunos del partido socialista y al partido mayoritario de la Cámara no tiene pinta de estar pensando en dejar el poder por unos aullidos más o menos escandalosos de sus opositores. Sánchez se ha inventado el 'sanchismo' como forma de hacer y estar en política; y ha conseguido sorprender a propios y extraños. A juzgar por el estilo que ha impuesto y de su propia confesión en el libro se deduce que Sánchez se toma la política como un deporte. Resistencia es la clave. En la cancha, resistencia a la presión, resistencia al marcaje del adversario; amagos, regates, pases al amigo, discretos codazos al enemigo. En el deporte lo que cuenta es el resultado. Da igual como juegues. Las faltas que cometas. Si tu estilo es ortodoxo o zafio. Si haces faltas y el árbitro no te sanciona, mejor para ti. ¿Tienen razón los que afirman que Sánchez es un político posmoderno en el sentido de su capacidad para asaltar la razón y la lógica? Sí. No lo es tanto al estilo de un tahúr de la política como pudiera parecer cuando exhibe su habilidad para manejar las cartas y el cubilete.

A Suárez le apodaron 'Tahúr del Misisipi', pero su objetivo era moralmente intachable aunque su práctica fuera heterodoxa. Sánchez representa más bien un político 'líquido'. Que lo mismo se puede poner un chaleco amarillo y bajar a la calle gritando consignas antisistema que limosnear un saludo a Donald Trump en los pasillos de la Comisión Europea. Sin embargo, no es sencillo asimilar y por tanto interpretar la 'doctrina' de Pedro Sánchez. De él conocemos su resistencia a la presión, su gestualidad, su capacidad de hacer fintas en el Parlamento como si fuera una cancha de baloncesto. Pero ¿cuál es su andamiaje ideológico? Hablando de andamios, el presidente ofrece todas las señales de que lo tiene en construcción. Eso explica su afición a improvisar. No tiene vademécum. Así que está dispuesto a experimentar lo que sea. Como un nigromante.

Ha llegado tan rápido a la cumbre que no ha tenido tiempo de cultivarse y profundizar. Sánchez al fin y al cabo es un producto de la crisis de la socialdemocracia y la aparición del populismo antisistema. El manual de la socialdemocracia ya no servía cuando él aterrizó en el poder, así que se ha inventado un híbrido cuyo resultado es un relativismo de izquierdas cuya consecuencia apunta más al desastre que a la virtud.

 

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