¿Curar enfermedades o mejorar la especie?

La medicina se ha empeñado en curar enfermedades y eliminar el dolor, introduciendo tratamientos o técnicas que paliaran las deficiencias del ser humano. Por eso, «el cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta querida...»

¿Curar enfermedades o mejorar la especie?
EDUARDO GARCÍA PEREGRÍN

Con ocasión de la XXVII Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra en Calcuta, India, este 11 de febrero de 2019, el Papa Francisco ha dirigido un mensaje en el que nos indica que la vida humana es un don que hemos recibido y que, por lo tanto, «no se puede considerar como una propiedad privada en la que se pueden aplicar todas las grandes conquistas actuales de la biotecnología». Se suma así a las voces que reclaman la no manipulación del genoma humano, lo que él llama «el árbol de la vida».

Desde el principio de su historia, la medicina se ha empeñado en curar enfermedades y eliminar el dolor, introduciendo tratamientos o técnicas que paliaran las deficiencias del ser humano. Por eso, «el cuidado de los enfermos requiere profesionalidad y ternura, expresiones de gratuidad, inmediatas y sencillas como la caricia, a través de las cuales se consigue que la otra persona se sienta querida... En cada fase y etapa de la vida, nunca podremos liberarnos completamente de la necesidad y de la ayuda de los demás, nunca podremos arrancarnos del límite de la impotencia ante alguien o algo... Solo cuando el hombre se concibe a sí mismo, no como un mundo aparte, sino como alguien que, por naturaleza, está ligado a todos los demás, es posible una praxis social solidaria orientada al bien común».

Sin embargo, las extraordinarias potencialidades que hoy nos proporciona la tecnociencia parecen indicar que estamos entrando en una nueva época en la que toda enfermedad será superada y en la que la evolución humana podrá ser dirigida por el propio hombre, una época en que el hombre podrá rebasar lo propiamente humano para inhumanizarse o llegar a una completa deshumanización. Por eso, son muy preocupantes algunas propuestas como las del movimiento transhumanista, que tratan de superar el límite natural de lo humano mediante la utilización de 'tecnologías de mejora' como las conocidas por las siglas NBIC: Nanotecnología, Biotecnología, Informática tecnológica ('big data') y Ciencias cognitivas (inteligencia artificial). Una de sus características es sobrepasar el clásico paradigma médico de la terapéutica, que tiene como finalidad 'reparar' patologías, para llegar a un modelo superior, el de 'mejorar' el ser humano. Así se pronuncia N. Bostrom, uno de los principales defensores del transhumanismo: «Llegará un día en que tendremos la posibilidad de aumentar nuestra capacidad intelectual, física, emocional y espiritual, mucho más allá de lo que parece como posible en nuestros días. Entonces saldremos de la infancia de la humanidad para entrar en una era posthumana».

El entusiasmo de los transhumanistas no parece tener límites: nos prometen una mejor salud, un intelecto mejorado, un enriquecimiento de las emociones, una vida más larga y hasta, para algunos, la superación de la muerte. L. Alejandre defiende en su libro 'La muerte de la muerte' que «gracias a la convergencia de las nuevas tecnologías, en un futuro será posible vencer a la muerte... Es también evidente que seguirá siendo posible por accidente, suicidio o atentado. Sin embargo, ya no vendría del interior, sino del exterior, por omisión...».

Para lograr este idílico futuro, en primer lugar actuará la genómica; luego llegarán las nanotecnologías en apoyo de la medicina, fabricando nanomáquinas; la tercera revolución será la de los 'big data' con ordenadores superpotentes que permitirán una medicina personalizada; después, la robótica que reforzará las posibilidades de hibridación del hombre con las máquinas; por último, los progresos de la inteligencia artificial que llevarán inevitablemente a la aparición de un 'hombre mejorado o aumentado'. Este nuevo 'mundo feliz' será el fruto de una apuesta hacia una sociedad en la que cada individuo tenga la libertad y la posibilidad de usar la moderna biotecnología. Sin embargo, aunque sus defensores hablan de un ideal igualitario, evitan mencionar el aspecto económico de estos proyectos, cuyos retos comerciales son colosales y detrás de los cuales se mueve una ingente cantidad de dinero. ¿Crearán más igualdad o contribuirán a aumentar también en ese aspecto la desigualdad que hoy existe dentro de la especie humana?

Ante esta situación inédita, la sociedad actual no puede cerrar los ojos o mirar hacia otro lado. La palabra regulación nunca ha sido tan fundamental. Habrá que esforzarse por fijar unos límites al hombre prometeico de los antiguos griegos, límites que deberán ser lo bastante inteligentes para evitar la lógica insostenible del 'todo o nada', aun sabiendo que regular en este campo será muy difícil porque los nuevas biotecnologías se desarrollan a una velocidad desorbitada y porque son muy difíciles de controlar, entre otras cosas, por su complejidad y por los ingentes poderes económicos que las manejan. Con este fin, se creó en 2018 la Asociación para la Investigación Responsable y la Innovación en Edición Genética (ARRIGE), una plataforma en la que pueden intervenir todas las partes interesadas, en principio con representación de 35 países, para evaluar la modificación del genoma en la línea germinal. Esperemos que esta u otras organizaciones similares sirvan para que el desarrollo de la biotecnología se haga de acuerdo con el debido respeto a la vida y a la dignidad humana.

 

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