El cuento maravilloso frente a la postverdad

El cuento ayuda a ver la vida como algo comprensible y esperanzador, que tanto necesita el niño para crecer y desear ser adulto. (...) El niño se identifica con el héroe no por su bondad, sino porque la condición de héroe le atrae profundamente

MANUEL E. OROZCO REDONDO

La sociedad no puede dejarse arrastrar por la postmodernidad, en la que, cualquier impresentable, saque a relucir su penosa ignorancia. Es desesperante oír que los cuentos de hadas son feministas, machistas, que se ataca a la mujer o que son contraproducentes porque crean estereotipos que van en contra de la igualdad. Son los nuevos 'curas de la ignorancia', los que predican, ahora, que lo 'bueno' es no discriminar por ser bello o bueno, si no tener ogritos, renunciando, por tanto, a lo que los griegos nos donaron: el sentido de la calidad y la belleza. Renunciar a la belleza es aceptar la vulgaridad como aspiración, en pos de la igualdad, que supone subvertir la creación divina o rediseñar la naturaleza, que tiene sus reglas y 'crueldades'. No podemos, como civilización, renunciar a la búsqueda de la perfección o belleza. No podemos renunciar al amor ideal ni a la diferencia, como no podemos renunciar a ser 'príncipes o héroes' de nuestra amada o amado, que predica la postmodernidad. No podemos seguir aceptando que lo mejor es vivir sin referencias o convertir el amor en explotador y que lo mejor es vivir con gatos o perros o que somos miserables por 'explotar' a las vacas por darnos leche y carne. Esto es estar en la estupidez más absoluta, en la que se encuentra la criatura más ignorante conocida: el 'urbanícola', que no conoce más que su mundo de derechos, alejados de la realidad del campo, de la vida, con su penoso buenismo y sin entender el maravilloso mundo de los símbolos o desconocer la importancia del mundo interior para poder conjurarlo. Negar, todo esto es, estar en la ignorancia, propia del hombre masa, que está desvirtuando nuestra civilización. No podemos rendirnos ante sus desagradables 'ideas', mientras depreciamos los conocimientos que la humanidad nos ha legado a lo largo de milenios. Como ejemplo, de esta terrible ignorancia y, alarmado por las cosas que se oyen de suprimir los cuentos de hadas o reinterpretarlos, he de decir que en el cuento maravilloso se encuentra toda la sabiduría que atesoran los símbolos, el poder del conocimiento oral o los mensajes que los animales, dotados de significados, nos aportan para educar a los niños.

Son muchos los que quedaron subyugados por los cuentos de hadas: L. Carroll los ha definido como un 'regalo de amor'; Schiller vio en el cuento lo más profundo que nunca le enseñaron; Goethe recuerda, maravillado, los cuentos que su madre le contaba y que tanto le ayudaron en su vida. M. Fox cuenta que una mujer le preguntó a Einstein qué hacer para que sus hijos fueran más inteligentes y Einstein le respondió: «Léales cuentos de hadas». La mujer, riéndose, le replicó: «Ya, ¿y qué debo hacer después de haberles leído cuentos de hadas?». Y Einstein le dijo: «Pues léales más cuentos de hadas». Los cuentos contienen un destilado de la sabiduría que necesitamos para la vida. El cuento, como el mito, surge del miedo, del terror que el hombre siente ante el mundo exterior y el mundo interior, que no comprende ni puede explicar, pero le aterra. El cuento ayuda a ver la vida como algo comprensible y esperanzador, que tanto necesita el niño para crecer y desear ser adulto. El cuento de hadas es quizás la creación más antigua, puesto que aún conserva las formas animales en las que el hombre, mediante el símbolo, dota a una imagen con una fuerza y un poder inmaterial que había reconocido en la naturaleza. Vladimir Propp habla de funciones en los cuentos de hadas, una, de las más importantes, es la denominada fechoría (la bruja rapta al niño, robo de un objeto mágico, etc.), esto es, el cuento empieza por una carencia de algo y desde este momento todo será búsqueda, es el vacío del que habla la escuela de Lacan; deseos nunca saciados. Otra función es la 'marcha o expulsión de la casa'. El héroe, para conseguir el éxito, tendrá que enfrentarse a multitud de pruebas, sufrimientos, adivinanzas, etc. Otra función, que el héroe realiza, es la 'matrimonial y la conquista del trono', que el héroe consigue gracias a su valor y lucha, con las que ha conseguido mejorar y aprender. El cuento da valor al niño y esperanzas para resolver cada conflicto y espera, como el héroe, salir adelante y victorioso. El niño se identifica con el héroe no por su bondad, sino porque la condición de héroe le atrae profundamente. Bettelheim, en su libro 'Psicoanálisis de los cuentos de hadas', no habla del miedo del niño a ser abandonado, puesto que se debate en un sin fin de temores y de ambivalencias, de sentimientos y deseos contrapuestos. De todo esto consuela el cuento, da esperanzas y le ayuda, en su desarrollo, con el final feliz.

El niño necesita una educación moral, no a través de conceptos éticos abstractos, sino mediante lo que parece tangiblemente correcto y, por ello, lleno de significados para el niño. Tener seguridad y conseguir confianza posibilitará al niño, más tarde, para crear un mundo racional. Por el contrario, experiencias formativas tempranas (mundo frío y limitado) es ofrecer una imagen horrible y solitaria, que es todo lo contrario de lo que, según el niño, debería ser la vida.