Ciudadanos, protagonista de los pactos

Nació en Cataluña para asentar el españolismo, y dio el salto al resto de España con una función distinta: ser un partido bisagra

JUAN SANTAELLA

Recientemente, Francesc de Carreras, uno de los fundadores más prestigiosos de Ciudadanos, decía que Cs debería recuperar su antigua función de partido bisagra. Creado, en 2006, en Cataluña, con una ideología centrista, para asentar el españolismo frente al nacionalismo identitario catalán, dio el salto al resto de España, en 2012, con una función distinta: ser un partido bisagra para que los dos grandes partidos –PP y PSOE– no tuvieran que apoyarse en los nacionalistas, ni en los nuevos partidos populistas, cuando tuvieran que formar gobierno. Esta función la realizó en 2016, perfectamente: primero, pactando con el PSOE un programa fallido; y, luego, con el PP, apoyando a Rajoy para formar Gobierno.

Pero esa labor de bisagra, tan necesaria para España, la abandonó tras la moción de censura de Pedro Sánchez. A partir de ese momento, Rivera se convirtió en su enemigo acérrimo: se sumó a las derechas, convocando el acto de Colón, y pretendió arrebatarle el liderazgo al PP, para ser presidente del gobierno. Se equivocó de estrategia, como se había equivocado Podemos. No le dio el 'sorpasso' al PP, y su representación bajó mucho en autonómicas y locales por su poca implantación territorial. Para Francesc de Carreras, es el momento de que Cs vuelva de nuevo al centro político y pacte con el socialismo un gobierno sólido y estable con 180 diputados. Este deseo de Carreras no parece posible, pues ni Rivera lo quiere, ni los militantes socialistas lo aceptarían, viendo las políticas propugnadas por Cs.

La alineación de Rivera con las dos derechas, que divide a España en dos bloques irreconciliables, ya aplicada en Andalucía, ha tenido amplia contestación en Europa; en el líder liberal francés Macron, aliado de Sánchez para lograr un presidente europeo progresista; y en algunos de sus líderes más destacados como Valls –amenaza con abandonar Cs si pacta en Madrid con la extrema derecha–, y Garicano. Ante ello, han aprobado una resolución virtual que no piensan cumplir: eliminar el cordón sanitario al PSOE para quienes se opongan al liderazgo de Sánchez, lo cual es pura fantasía; no pactar con Vox, cosa irrealizable, pues ya han pactado en Madrid y Murcia; y considerar socio preferente al PP –la única verdad de su acuerdo–.

Si Cs quiere volver a ser un partido de centro, debe abandonar sus veleidades de liderar la derecha, y ejercer de árbitro con unas normas claras, y aplicadas ecuánimemente. Si no apoyó al socialismo en Andalucía, a pesar de haber ganado, por llevar gobernando 36 años, debería haber aplicado la misma regla en territorios de situación similar como Murcia, Castilla León y Madrid, cosa que no ha hecho; no aceptar negociaciones con Vox, lo cual ha incumplido; y, en los Ayuntamientos, preferir a la fuerza más votada, pues, por ejemplo, en Andalucía, no tiene comparación lo ocurrido en Málaga o Córdoba, donde ganó el PP, a lo ocurrido en Jaén o Granada, donde venció el PSOE.

Si quiere tener larga vida, y no acabar en la inanición como, en su día, le ocurrió a la UCD o a UPyD, debe ser coherente: Abstenerse en la formación de Gobierno de Sánchez, para que no precise el voto de los independentistas –con Rajoy votó afirmativamente–; marcar distancias claras con la extrema derecha –cosa que no está haciendo– si quiere ser respetado en Europa y entre los demócratas españoles; y, por último, en el reparto territorial, debería aplicar un criterio uniforme y ecuánime.