Ciudadanos y Podemos

PSOE y PP han sabido administrar sus fuerzas y han dejado en un segundo plano a los partidos emergentes

DIEGO CARCEDO

También en la política la veteranía es un grado y, aunque esta realidad permaneció larvada a lo largo de las últimas campañas electorales, saltó bien a la vista durante el proceso de negociaciones para el reparto de poderes en los diferentes ámbitos de las administraciones públicas. El resultado es elocuente: PSOE y PP han recuperado el bipartidismo que se ha venido alternando desde hace cuarenta años.

Los dos partidos han sabido administrar sus fuerzas en parlamentos y ayuntamientos y han dejado en un segundo plano a los partidos emergentes, Ciudadanos y Podemos, que parecían amenazar su hegemonía. Podemos ha sufrido un batacazo electoral que pretende disimular con la autoexigencia infantil de ser ministro de su líder, Pablo Iglesias, que se olvida de que en este país, como en todos, es una ambición compartida por casi todos.

Es triste, por no decir indigno, el espectáculo que está ofreciendo un partido que surgió con fuerza y argumentos durante la crisis y que no ha sabido administrar el capital acumulado de votos para dilapidarlo en veleidades que le abocan a la insignificancia. Ponerse del lado de quienes violan la Constitución, respaldar a quienes quieren imponer su voluntad a los demás o despreciar los símbolos que nos representan a todos puede contar con simpatizantes, pero choca con el sentir de una aplastante mayoría. La estrategia seguida por Ciudadanos, que le ha costado en pocas semanas derrochar el prestigio que venía acumulando desde hace algunos años, es si cabe menos explicable. Ciudadanos ya delató incoherencia al ganar las elecciones en Cataluña y su candidata no someterse a la investidura sabiendo que no ganaría, pero aprovechando para ganar visibilidad y credibilidad.

Tras las elecciones su actitud errática y reveladora de reacciones más caprichosas que pragmáticas, lejos de convertirlo en líder de la oposición, lo han relegado a un partido bisagra como segundón de los populares que serán los que se medirán de tú a tú con el nuevo Gobierno. Hace unas horas se difundió la noticia de que su portavoz económico, Toni Roldán, abandonaba la formación por discrepancias internas.

Y es probable que no sea el último. En el interior del partido hay malestar; un malestar creciente que Albert Rivera tendrá que sofocar con nuevos argumentos. Pactar con la extrema derecha después de haber jurado que no lo haría le resta credibilidad en España y prestigio en Europa. Mientras la realidad es que ha perdido la oportunidad de alcanzar cuotas importantes de poder y las ha desdeñado. Quienes están en la primera línea política aspiran como es lógico a ocupar puestos relevantes.

Para muchos militantes valiosos de Ciudadanos el resultado final es decepcionante. Muchos colaboradores con aspiraciones legítimas de obtener carteras ministeriales u otras funciones importantes en la vida pública tendrán que esperar cuatro años para ver colmados sus deseos. Y la espera ya se sabe que no resulta fácil en nada y en política menos.