Cita con las urnas

Los ayuntamientos, los Parlamentos autonómicos y la Cámara europea serán más eficaces cuanto mayor respaldo reciban de la participación ciudadana

La democracia llama hoy a los ciudadanos a renovar con su voto los ayuntamientos del país, buena parte de las cámaras autonómicas y el Parlamento Europeo. Es un lugar común presentar las entidades locales como las instituciones más cercanas a los vecinos. Pero esa característica no se refiere únicamente a su proximidad física y a la naturaleza de sus competencias; requiere además la participación legitimadora de los ciudadanos en la elección de los concejales. El buen gobierno de las ciudades y pueblos es condición fundamental para que el progreso y el bienestar formen parte de la vida de la gente. Y para eso es crucial que las personas que accedan hoy al consistorio municipal cuenten con un respaldo en votos equiparable al que recibieron los candidatos a las generales hace menos de un mes. También para que puedan recordar al resto de las instituciones que en España sigue pendiente esa 'segunda descentralización' que confiera una adecuada potestad normativa y una suficiencia financiera a los ayuntamientos. La prosperidad y la igualdad son hoy inconcebibles, inalcanzables, sin las autonomías y sus órganos de representación y gobierno. Es cierto que casi cuarenta años después de su puesta en marcha, persisten las diferencias económicas y sociales entre comunidades. Pero también lo es que hay un patrón de bienestar común que resulta impensable sin la defensa cercana de los intereses y necesidades de las tierras más desfavorecidas del país. El equilibrio territorial exige el fortalecimiento constante de la dimensión autonómica de nuestro Estado social. Sin que los afanes independentistas de unos pocos sigan cegando el acceso de todos los demás a marcos idóneos de financiación autonómica y clarificación competencial. La renovación del Parlamento Europeo es un momento decisivo para el futuro de la UE. Si la crisis global llegó a poner en cuestión la viabilidad del euro, hoy lo inquietante es que haya corrientes representadas en la Eurocámara empeñadas en echar abajo el proceso de integración, para rescatar el ánimo nacionalista latente en distintos países mediante señuelos populistas. La inmensa mayoría de los ciudadanos son conscientes de que sería un sinsentido dar marcha atrás en la Unión; solo hace falta que lo manifiesten así acudiendo a votar. Los españoles somos los europeos que más confían en la Unión. Hoy es el momento de revalidar ese compromiso frente al peor enemigo de Europa este 26 de mayo: la abstención.