Carmen

Ahora sale a escena Carmen Calvo de su espesura coronada y dice que el documento con las 21 exigencias que Torra entregó a Sánchez no existe

Carmen
CHAPU APAOLAZA

C uando tiene la costa a sotavento, Pedro Sánchez pasea en barca a la vicepresidenta del Gobierno. Lo mismo hacen los marineros cuando sacan en procesión a la Virgen del Carmen. Carmen, estrella de los mares, viene hoy a defender que el gobierno no se rinde a los separatistas para sobrevivir a la tramitación de los presupuestos. Hasta en ensaladas más extrañas –y esta es una de ellas– terminan por distinguirse dos fases: lo que pasa y lo que se cuenta que pasa. Ni siquiera este Sánchez enloquecido, que quedó náufrago y bebió agua salada, ni siquiera PDRO, que como Ahab ya cabalga sobre el lomo de la ballena blanca que lo arrastrará al fondo de las próximas generales, se va a atrever a cruzar la línea del Estado de Derecho. Le quedan todas las demás: los presupuestos a Cataluña, la reunión bilateral, el mediador en la mesa de partidos.

Ahora sale a escena Carmen Calvo de su espesura coronada y dice que el documento con las 21 exigencias que Torra entregó a Sánchez no existe. De qué documento me está usted hablando. También nos cuenta que en lo de Tractoria se reunirán los partidos en una mesa –esto es, un parlamento–, que mediará alguien para convocar y para proponer temas –esto es, un presidente del parlamento– y que en realidad tomará notas de lo que allí se dice –esto es, una grabadora–. También dice que no lo pone el Gobierno, aunque lo acepta, pero no mediará, ni facilitará, ni siquiera será internacional, así que se trata de un «relator-o-algo-así». Con todos los nombres que se le quieran dar, hasta mi caballo sabe que se pone un árbitro cuando se asume que se hacen trampas. Si va a existir un «relator-o-algo-así» propongo a Sor Lucía Caram, que anda muy perdida últimamente y que en su habitual verborrea no dejará hablar a nadie.

Hablábamos de ti Carmen Calvo, que distinguiste entre Pedro y Sánchez. Eres el Buffallo Bill del poema de Cummings que mataba 'undostrescuatrocincopigeonsjustlikethat'. «Dime qué hiciste con tu bello muchacho de ojos azules, señor muerte». Carmen que como el sol cambias el mundo a tu paso, Carmen de los cuatro horizontes que crucifican el mundo, señora de los espacios infinitos que cuando aquel consejo de ministros de la maceta de la flor de Pascua dijiste que la reunión con el Govern era un trámite administrativo, una cosa habitual entre un gobierno central y el autonómico, una nadería, vaya, y ahora te refieres a ella como La Declaración de Pedralbes. Ya me estoy poniendo las pilas en declaraciones históricas: el concilio de Trento, la Paz de Westfalia, el Juramento de la Sala de Juego de Pelota del Tratado de Versalles, el brindis del Pana a las putas en la Monumental de México y la Declaración de Pedralbes.

Viene el temporal de mar arbolada con oleaje desordenado. Por ejemplo allá por estribor resopla Pablo Casado, que corre todos los balones, y se atropella cuando se enfada como si tuviera el síndrome de Tourette y cuando habla de presidentes y narcotraficantes y se da un aire al Peseto Loko sin bengalas. Con todo, yo pienso en Pedro y por una vez y sin que sirva de precedente, voy a intentar apuntar algo con sentido: los estadistas lo son justamente porque toman decisiones por el bien de su país pese a que esas decisiones les pueden hacer caer. No al revés.