Apostar por la cultura

Por eso y porque estamos en tiempos electorales, sería oportuno que estemos atentos a la importancia que otorgan a la cultura los diferentes partidos políticos, aunque cabe temer lo peor, es decir, que una vez más sea la cenicienta de los programas

Apostar por la cultura
R. L. P.
MARÍA DOLORES FERNÁNDEZ FÍGARESGranada

La palabra cultura es una de las que encierran significados más numerosos, contradictorios, complejos, desconcertantes. No en vano los estudiosos de variadas disciplinas han intentado perfilarlos cada cual desde su punto de vista. Entre ellos recuerdo tres referencias: el estado desarrollado de la mente (cuando decimos que una persona es culta); los procesos de ese desarrollo (es decir, los «intereses culturales» o los «procesos culturales») y los medios de estos procesos (las «artes» y las «producciones intelectuales»). Sin olvidar la clasificación de alta, media y baja cultura, que cada vez se utiliza menos, en un mundo en que todo está tan mezclado. La etimología tiene ecos de trabajar la tierra y hacer que produzca frutos, aplicada a las personas, que también necesitan alimentar su espíritu, además de su cuerpo, para vivir bien.

El caso es que cuando decimos cultura sabemos de lo que estamos hablando básicamente, aunque sea tan complicado definirla y podríamos generalizar diciendo que las sociedades que protegen, fomentan, valoran la cultura y la ponen al alcance de todo tipo de personas son las más felices, las más avanzadas y que no hace falta que sean ricas en términos económicos o monetarios para ser cultas. Y podríamos poner un buen plantel de ejemplos que no cabrían en este espacio.

Por eso y porque estamos en tiempos electorales, sería oportuno que estemos atentos a la importancia que otorgan a la cultura los diferentes partidos políticos, aunque cabe temer lo peor, es decir, que una vez más sea la cenicienta de los programas, relegada a los niveles más bajos de las prioridades de los unos y de los otros.

Jorge Pastor ha lanzado ya una señal de alarma en un reciente reportaje de precisión en IDEAL, estudiando los presupuestos de los ayuntamientos de nuestra provincia según constan en Hacienda y los porcentajes que destinan a fomentar, proteger, subvencionar, liderar la actividad cultural de sus municipios. Y sí, la cultura está en los puestos más bajos, con honrosas excepciones, como es el caso de Orce, que destina a este menester una media de 345 euros por cada uno de sus habitantes, una marca que está muy lejos de otras, como la de Motril, que no va más allá de 29 euros por habitante.

Pero lo que es más triste es la postración de la capital en este ranking, cuando aun se pretende que llegue a ser un día capital cultural europea en 2031. No más de 47 euros por habitante es la media que se gasta en un ejercicio presupuestario, lo cual no casa con las ambiciosas pretensiones de la ciudad y la densidad de su oferta cultural que ahora vemos que poco puede esperar de nuestros munícipes y sus problemas de gestionar los exiguos caudales de la plaza del Carmen. Y lo más triste es que Granada es la última de las capitales andaluzas, con todas sus aspiraciones y pretensiones.

Estamos a tiempo de que este desinterés por la cultura se corrija y se le otorgue el lugar que se merece en programas y acciones efectivas.