¿Qué es un relator?

El ambiguo término utilizado por La Moncloa para la cuestión catalana da lugar a diversas interpretaciones

XABIER GARMENDIA

Cada minuto que pasa, tiene más papeletas para convertirse en una de las palabras del año. Desde que La Moncloa hablara ayer de un relator independiente que asista a la mesa de partidos sobre la situación de Cataluña, el término ha ido acaparando todo el protagonismo en la esfera política. Pero, ¿qué es realmente un relator? Las dudas sobre su significado se deben a su calculada ambigüedad. Sin ir más lejos, la Real Academia Española (RAE) ofrece hasta cinco acepciones distintas. La que parece más apropiada a este contexto es la siguiente: «Persona que en un congreso o asamblea hace relación de los asuntos tratados, así como de las deliberaciones y acuerdos correspondientes». Es decir, un mero apuntador que se encarga de llevar el orden del día.

Pese a ser un concepto algo desconocido en la política nacional, sí que se usa permanentemente en la diplomacia internacional. En concreto, se suele hablar de un «relator especial». Se trata de un experto independiente que nombra el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y su misión se basa en informar sobre la situación de un país concreto. En este caso, sus funciones van más allá de la acreditación de los asuntos de los que se habla en una reunión.

Si se tienen en cuenta las declaraciones de los miembros del Gobierno central, no parece que ese relator vaya a tener tanta responsabilidad. «Será simplemente una persona de confianza de los partidos que se sienten en la mesa y que hará el trabajo de convocar, ordenar el debate, recordar de qué se está hablando y recapitular lo tratado», quiso puntualizar la vicepresidenta, Carmen Calvo. En La Moncloa, no en vano, quieren ser muy puntillosos con cada palabra que se pronuncie. Así, no hablarán de un «mediador», tal y como solicitaba el independentismo. Mucho menos hablarán de «negociador» por lo que supondría sintácticamente.

La palabra «mediación» ya se utilizó para referirse al Grupo Internacional de Contacto (GIC) que lideró el sudafricano Brian Currin para «facilitar» el desarme y posterior disolución de ETA. Sin embargo, dicha labor no fue ni mucho menos apoyada por todos los sectores políticos y sociales. En el caso del «relator» en la cuestión catalana, también parece difícil que recabe el apoyo mayoritario de las fuerzas representadas en el Congreso de los Diputados, máxime después de constatar las reacciones de PP y Ciudadanos.