Los papeles de González

Célebre foto de la tortilla, en la que en realidad comían naranjas. / PABLO JULIÁ / FUNDACIÓN FELIPE GONZÁLEZ

El expresidente socialista sube a la red sus cuadernos manuscritos. En una carta sugiere a Guerra que dimita. Días antes del debate televisado con Aznar, apunta la necesidad de «distraerle»

Antonio Paniagua
ANTONIO PANIAGUAMadrid

Felipe González nunca ha querido escribir sus memorias. Una vez un cineasta alemán le preguntó sobre el asunto y González le dijo que se aburría de sí mismo. No le apetecía afrontar el envite. No ha seguido en este sentido el ejemplo de Aznar o Rodríguez Zapatero. Sin embargo, durante muchos años se dedicó a rellenar cuadernos con sus reflexiones, tarea en la que era especialmente prolífico. No en balde llegó a completar uno cada mes. Todo este material manuscrito y gráfico se puede ahora consultar en la web de la fundación que lleva el nombre de quien fue durante 14 años jefe del Gobierno y durante 23 secretario general del PSOE. En la primera tanda publicada, los apuntes del expresidente revelan su hastío por el poder y el desgaste que supone gobernar. «Necesito vivir. Alejarme de los despachos», escribe en un momento de desazón. Son palabras que suenan un poco a impostura. Esas ganas de alejarse de la poltrona no casan bien con alguien que ganó cuatro elecciones generales de manera consecutiva, las tres primeras con mayoría absoluta.

Uno de los documentos más interesantes es el que sella la ruptura con Alfonso Guerra. El escándalo protagonizado por Juan Guerra, hermano del vicepresidente, llevó a González enviar una carta a su hasta entonces compañero de viaje. En la misiva se trasluce que la estrecha comunicación de antaño se ha desvanecido. Al jefe del Gabinete socialista le «asalta la duda» de si su colaborador quiere seguir acompañándole. «Siempre he estado convencido de que no lo deseabas y, por tanto, que tu continuidad se debía en gran parte a mi insistencia. Ahora que pienso que tal vez es políticamente oportuno, se atraviesa en mi mente esta duda personal».

Los papeles abarcan hasta 1993 y durante los próximos años se seguirá publicando el resto. La tarea no cesa ya que González continúa desarrollando una intensa actividad pública. En la digitalización los trabajadores se han dejado las pestañas. «Solo los manuscritos han supuesto unas 5.000 horas de trabajo. Es una iniciativa inédita en España y el mundo», dice Rocío Martínez-Sampere, directora de la Fundación Felipe González.

A veces el papel cuadriculado y en blanco le sirve para fijar su estrategia. En vísperas del debate televisivo en el que se enfrentó con José María Aznar, González señala a modo de recordatorio: «Las manos más bien abiertas. Mirarlo mientras habla. Distraerlo».

Arriba. Con Miterrand y Willy Brandt. Abajo. Visita a una mina de Cala (Huelva); González abraza a Fidel Castro. / MIGUEL POVEDANO-FFG / PABLO JULIÁ-FFG

Miles de notas, documentos, papeles, microfilms, cintas de vídeo y borradores se pueden revisar en la sección 'Memoria cívica', alojada en el sitio de la fundación. «Hay cosas muy interesantes. No descubren la historia de España pero sí aportan detalles reveladores. La carta a Fidel Castro, por ejemplo, expresa muy bien su pensamiento de lo que es la democracia. La importancia de los archivos estriba en que el ciudadano podrá saber lo que pasó y no lo que otros dicen que pasó», asegura Martínez-Sampere.

En sus anotaciones Felipe González combina las meditaciones más prosaicas con las más hondas. Tan pronto habla de no olvidarse de las herramientas para cultivar bonsáis ni del bañador para pasar unos días de vacaciones en Doñana como del dolor que le causa la muerte de Francisco Fernández Ordóñez.

El archivo incluye un documento que contradice una idea bastante arraigada entre los historiadores, la de que los socialistas no querían competir en las urnas con el Partido Comunista. «Un texto muy importante revela que el PSOE no estaba dispuesto a presentarse a las primeras elecciones democráticas sin el concurso del PCE. Se aporta una prueba documental que demuestra que Felipe González consideraba imprescindible el concurso de los comunistas», aduce Martínez-Sampere.

La organización de los contenidos ha sido complicada, primero porque letra del mandatario no descuella por una caligrafía legible, y segundo porque el usuario puede realizar búsquedas por nombres, materia y años. De acuerdo con el economista y eurodiputado socialista Jonás Fernández Álvarez, el lector se podrá percatar de que el mandato de González estuvo sujeto a «dificultades, restricciones y complicados equilibrios».

Los cuadernos –ya se han subido a la web 90– empiezan a ser más copiosos a partir de 1985. Con todo, hay lagunas como la que se refiere al referéndum de la OTAN, un asunto sobre el que González no reflejó su pensamiento por escrito.

En 1992, Felipe González expresa a Fidel Castro su convencimiento de que el comunismo hace agua, cosa que no le inquieta demasiado. Lo que de verdad le resulta penoso es el auge de fanatismo religioso y el «nacionalismo exclusivo y excluyente». «Pero lo que hoy está en peligro no es la vuelta al comunismo, cuya recuperación me parece imposible, aunque haya experiencias enfrente, sino más bien los valores de la Ilustración. Y esto es más preocupante».

Gobernar o vivir

Gracias al empeño de María González, hija de expresidente, los archivos han visto la luz, un logro que se ha conseguido con muchos viajes, vagando por pueblos y ayuntamientos en busca de los papeles perdidos de su padre. El resultado por ahora son 3.000 documentos, entre ellos muchísimas fotografías. La más famosa quizá sea la escena campestre de la tortilla. El propietario de la imagen, Pablo Juliá, asegura que lo que de verdad comían los dirigentes andaluces del PSOE eran naranjas y no tortilla, aunque siempre quedará la duda. «Algunos de los presentes en la foto dicen que sí, que la hizo Felipe y con cebolla. Yo creo que no. Alguien dijo que el lugar era el Parque de la Oromana y seguro que no. Se hizo en un pinar de Isla Mayor», argumenta el fotógrafo.

El líder del socialismo español durante un cuarto de siglo vivió de modo conflictivo el dilema entre gobernar y vivir. Una vez dijo que no tenía especial vocación de ser presidente del Ejecutivo. Para el que fue su primer ministro de Educación y ahora vicepresidente de la fundación, José María Maravall, González aceptó el sacrificio de la soledad que significaba gobernar, aunque a veces confesaba sentirse hastiado. «Felipe González supo desde muy temprano lo difícil que resulta salir del poder», dice Maravall. A González le impresionó el caso de Tage Erlander, primer ministro de Suecia durante 23 años, quien admitió que dejó el poder en 1969 por haber llegado a considerarse «imprescindible», lo que a la postre consideraba una abominación.

En la Expo, con el Rey.
En la Expo, con el Rey. / MIGUEL POVEDANO-FFG

«Hay muchos espacio para la reflexión. En un cuaderno se pueden encontrar desde meditaciones sobre la guerra de Irak de 1991 a su pensamiento sobre el futuro de la socialdemocracia. Que la gente no espere un diario o algo parecido», precisa la directora de la entidad. Para no querer invocar la memoria, González ha acabado traicionando su palabra. No deja en ayunas a los historiadores. Son muchas las etapas por las que transitan los recuerdos. Ahí está el PSOE de la clandestinidad, su intervención como abogado en el Proceso 1001 –el cual llevó a prisión a los dirigentes de CC OO–, el 23-F, la moción de censura contra Suárez, el referéndum de la OTAN, los GAL, Maastrich, la liberalización económica, la conferencia de paz para Oriente Medio que se celebró en Madrid…

«Hoy solo quiero decir que lo que estamos haciendo es contracultural. Frente a la moda de borrar los tuits, yo estoy contraculturalmente publicando lo que era semejante a los tuits», dijo ayer el expresidente, que se abstuvo de hablar y cedió la palabra a su hija y los patronos de la fundación.

La catalogación de los apuntes ha sido laboriosa por razones de respeto a la ley. Era necesario no vulnerar la protección de datos ni la ley que regula los secretos oficiales. «En España no hay una norma que regule los papeles de los expresidentes», destaca la archivera Alba Toajas, que subraya que se ha antepuesto la excelencia a la cantidad.

Crisis de gobierno

El proyecto Memoria Cívica trata de documentar de manera integral la época que va desde los años 70 a la actualidad. Uno de los documentos que suscitará el interés de los lectores se refiere a los nombres que barajó para una remodelación de Gobierno en 1990. Aparecen personas que nunca portaron cartera ministerial, como Txiki Benegas, Raimon Obiols, Elena Flores, Elena Arnedo o Manuel Jiménez de Parga. En esa crisis, estudió incorporar al Ejecutivo a María Teresa Fernández de la Vega. 3.000

documentos, sobre todo fotografías, se han subido en una primera tanda a la red. Por ahora el archivo incluye 90 cuadernos manuscritos que terminan en 1993 y que han exigido 5.000 horas de trabajo, dada la endiablada caligrafía del expresidente. Aún queda mucho por digitalizar, dao que Felipe González sigue desplegando una intensa actividad pública. Se trata de una iniciativa pionera para un país tan dado al olvido como España. Según José María Maravall, se ignora el lugar en que yacen el 90% de los ministros españoles desde 1823. María González, hija del mandatario, ha recorrido un sinfín de pueblos para recopilar el mayor número de papeles posibles entre sedes del PSOE y casas particulares. La hija del expresidente, que tenía cuatro años cuando su padre ganó las elecciones, es promotora de la Fundación Felipe González.

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