Los pactos municipales dan aire a Casado

Los pactos municipales dan aire a Casado

El PSOE se confirma como primera fuerza municipal pero el líder del PP mejora su posición relativa en el bloque de la derecha con cesiones mínimas a su rival y socio, Rivera

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

La noche del 26 de mayo, Pedro Sánchez bajó desde su despacho a la sala de prensa situada en la primera planta de la sede del PSOE para proclamar la victoria de su formación en las elecciones europeas, municipales y autonómicas, pero su rostro, y el de los dirigentes que le acompañaban, no era precisamente de satisfacción. Sabía que la suma de PP, Cs y Vox podía evitar que algunos de sus candidatos llegaran finalmente al poder y, sobre todo, que sería difícil impedir que la derecha se cobrara una plaza tan simbólica como la de Madrid. La constitución este sábado de los más de 8.000 ayuntamientos españoles confirmó sus temores. Los pactos forjados han permitido a la derecha optimizar sus resultados y han dado aire, especialmente, al líder del PP, Pablo Casado.

La situación del principal partido de la oposición sigue siendo precaria. Si en la pasada legislatura se encontraban al frente de 21 de las 52 capitales de provincia, incluidas Ceuta y Melilla, ahora sólo tienen la alcaldía de trece y, en una de ellas, la de Badajoz, gobernará únicamente dos años porque ha acordado repartirse la legislatura con Ciudadanos. El PSOE, en cambio dirigía 17 y este sábado pasó a 19 (aunque el PP ya haya amenazado con presentar mociones de censura en Burgos y Huesca, donde falló su acuerdo a tres bandas a favor de Cs). Sin embargo, los populares han sabido jugar sus cartas para situarse como fuerza central de su bloque ideológico.

El día amaneció con el anuncio de Vox de que finalmente había llegado a «un pacto de gobiernos de coalición para impedir ayuntamientos de izquierda» en toda España. Un pacto suscrito entre los secretarios generales de ambas formaciones, Teodoro García Egea y Javier Ortega Smith, «con el acuerdo de Ciudadanos». La noticia sirvió para despejar la incógnita de qué sucedería en la capital del país, que ha sido durante las últimas semanas, y hasta la misma noche del viernes, la pieza más disputada entre Casado y Albert Rivera. Al mediodía, el popular José Luis Martínez-Almeida juraba el cargo como alcalde.

Esa elección es el epítome de la batalla ganada por Pablo Casado a Albert Rivera. El líder de Ciudadanos decidió ya hace meses competir con el PP por la hegemonía de la derecha y los resultados de las generales del 28 de mayo, en las que su formación quedó a poco más de 200.000 votos de distancia, alentaron sus aspiraciones. Sin embargo, el mapa municipal le ha colocado en una posición subsidiaria de la misma fuerza a la que aspiraba a sustituir. Rivera y su ejecutiva decidieron no pactar con los socialistas más que de manera excepcional (lo ha hecho en Albacete y Ciudad Real, donde gobernará dos años).

El 'botín' de los liberales es exiguo. Además de las citadas capitales de Castilla-La Mancha tendrán el bastón de mando en Palencia y en Melilla y, por dos años, en Granada y Badajoz. En Madrid, a pesar de que tanto los socialistas como Íñigo Errejón ofrecieron hacer alcaldesa a Begoña Villacís a cambio de dar la comunidad al socialista Ángel Gabilondo, se quedan con la vicealcaldía y con concejalías de mucho menor peso que las de los populares.

No es de extrañar, ante este panorama, que Casado fuera este sábado el único líder nacional dispuesto a hacer declaraciones. «El PP ha demostrado una vez más que está en la centralidad de la vida política de España», adujo exultante tras meses de tensión y cuestionamiento interno. «Hemos sido el único partido capaz de hablar a a nuestra derecha y a nuestra izquierda y no perder principios y valores, pero además también hemos sabido ensanchar nuestra base para llegar a más ciudadanos», se vanaglorió.

Desde el extremo opuesto, la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo, censuró sin ambages el acuerdo de gobierno para Madrid, que llegó a tildar de «muy lamentable». «La capital de España va a estar bajo el aliento, el impulso y la exigencia de las políticas de la ultraderecha que representa Voz en España y en Europa», reciminó.

Las fórmulas de Gobierno pactadas por Ciudadanos y el PP y el PP y Vox (Cs mantiene así el argumento de que no se mezcla con la formación de extrema derecha) vienen a confirmar lo que, en realidad el PSOE ya sabía, que el de Rivera no es ya el partido centrista capaz de ejercer de bisagra que en 2016 firmó con Pedro Sánchez un acuerdo de investidura infructuoso.

La joya de la corona

Si bien el PP se queda con Madrid, la joya de la corona, además de Málaga, Murcia, Alicante, Zaragoza, Oviedo... Y así hasta trece capitales de provincia, los socialistas van a seguir al frente del consistorio en Sevilla y Vigo, también en Valladolid, y recuperan A Coruña. Ciudadanos, que no gobernaba ninguna capital de provincia, lo hará en Granada y Palencia. Vox no tendrá la vara de mando en ninguna capital aunque será fuerza determinante en muchas.

Unidas Podemos, gracias a su sociedad con Barcelona en Comú, continuará en Barcelona. En Valencia, el alcalde será Joan Ribó de Compromís; en Bilbao, el regidor será una vez más del PNV; Izquierda Unida conserva Zamora, su única capital de provincia. Y hay una batalla a cara de perro que se solventará en el último segundo en Pamplona, donde la conservadora Unión del Pueblo Navarro pelea la alcaldía con la izquierda abertzale de EH Bildu. La llave la tienen los socialistas, que es probable que se laven las manos votando a su candidato, una decisión que devolverá la capital navarra a Navarra Suma, con Enrique Maya al frente.

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