Rescatan a una niña de 5 años colgada del balcón de una octava planta en Málaga

La madre, que tiene nueve hijos, se dejó a la menor en casa sin darse cuenta

ALVARO FRÍAS / JUAN CANO Málaga

Efectivos del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga rescataron en la tarde de ayer a una niña de cinco años cuando ésta se encontraba encaramada al balcón de su casa, situada en una octava planta de un edificio de la capital, a 24 metros del suelo, según han informado las fuentes consultadas por este periódico.

Los hechos tuvieron lugar en la Calle Virgen de Belén, situada en la barriada que lleva el mismo nombre en la capital costasoleña. Así se vivieron momentos de máxima tensión, ya que numerosos vecinos estaban aglutinados en la zona preocupados ante la situación que se estaba dando ante sus ojos.

Los bomberos no dejaban de trabajar. Mientras un equipo intentaba entrar por la puerta de la vivienda, otro desplegó la escala de 30 metros justo hasta el límite de su recorrido en un tiempo récord. De esta forma consiguieron poner a la niña dentro de la cesta, en un lugar seguro. Se trataba de una maniobra compleja, ya que la escala estaba al límite de su recorrido, según han indicado las mismas fuentes, quienes han apuntado que ésta hacía un efecto látigo al trabajar en sus últimos metros.

El júbilo entre los vecinos fue enorme tras el rescate, al igual que para los bomberos, que recibieron un fuerte aplauso de todos los ciudadanos que estaban observando la escena. Siempre según las fuentes consultadas por este periódico, si los hechos hubieran tenido lugar en una planta superior, habría sido imposible la evacuación de la menor en la escala al estar averiada desde el pasado 2015 la autoescala de 42 metros.

«¡Es tu hija!»

La madre, Natalia (38 años), volvía a casa de hacer unos recados cuando vio un gran despliegue de bomberos en la puerta de su edificio. No le dio más importancia hasta que una vecina le soltó a bocajarro la noticia. «¡Es tu hija!», le gritó. En esos momentos, los bomberos estaban intentando llegar hasta ella con una escala. «Me quedé en 'shock' durante unos segundos. No podía ser. ¿Cómo iba a ser mi hija si yo había salido con todos de la casa?». Cuando habla de «todos» se refiere a nueve hijos que van desde los 2 años, la más pequeña, hasta los 11 de la mayor, incluidos dos mellizos.

La tarde de ayer, sobre las 19.00 horas Natalia decidió salir de casa con los nueve para hacer unos recados y comprar algunos preparativos para una boda a la que están invitados este fin de semana. Los preparó uno a uno -los niños aparentan estar perfectamente cuidados y atendidos- en la entrada del piso. Dos de las hermanas estaban durmiendo la siesta en una cama, de modo que la mayor, que ayuda mucho a su madre y muy madura para su edad, fue a despertarlas. Las dos crías fueron, como el resto, hasta la entrada, y Natalia las vistió para salir. «Estaban todos allí, yo los vi», insiste la mujer, muy afectada por lo ocurrido. Lo que sucedió, según la familia, es que la de 5 años, al ver que sus hermanos tardaban mucho en arreglarse, «y como tenía mucho sueño», se dirigió «medio dormida» a los dormitorios y se acostó en la cama para seguir echando la siesta. Pero no lo hizo en su cuarto, sino en el de uno de sus hermanos (el piso tiene cuatro habitaciones).

Así las cosas, Natalia creyó salir con los nueve a la calle. Pero ayer, por esas fatalidades del destino, no siguió el ritual que siempre hace al bajar de casa. «Cada uno tiene un número por el orden en que nacieron, así que, cuando salimos, les pido que digan en voz alta su número». En plan «el 1, el 2, el 3... Presente».

Ayer no lo hizo porque la primera parada del trayecto era muy corta. Sólo iba a dos portales de su bloque, donde viven sus padres, que son sus pies y sus manos en el día a día, ya que además está separada. Allí, en la casa de los abuelos, pretendía dejar a la mitad e irse con el resto a hacer los recados. «Ahí perdió la visión de conjunto. Creyó que los que no estaban con ella se habían quedado conmigo», cuenta el abuelo. Y, por tanto, que la pequeña de cinco años estaba con él. Por eso, cuando vio a los bomberos y una vecina le dijo que era su hija, le costó reaccionar. «No lo podía entender. Ella tenía que estar con el grupo que se había quedado en la casa de mi padre. Yo la vestí y la vi en la entrada junto al resto...», aclara la mujer. «Cuando me fijé y vi que era ella... Me quería morir. No he sentido tanta angustia en mi vida».

Natalia echó a correr y se montó en el ascensor. Los segundos que tardó en subir las ocho plantas se le hicieron eternos, sobre todo porque, en un momento determinado del recorrido, escuchó más jaleo de la cuenta. «Ahí pensé que ya se había caído...». Cuando llegó al octavo, los bomberos trataban de echar la puerta abajo. Ella les abrió y, en esos momentos, escuchó por las radios de ellos que su hija acababa de ser rescatada a través de la escala que usaron para llegar a ella desde el exterior. «No lloró ni me dijo nada. Todavía no se ha desahogado, y eso me preocupa. Solo me abrazó muy fuerte, y yo a ella. Ha sido un milagro...«, confiesa Natalia.

Por lo poco que le ha contado, la menor se despertó de la siesta y, al verse sola, trató de abrir la puerta de la vivienda. Como no lo consiguió, fue hasta el balcón, se asomó apoyándose en lo que pudo y trató de avisar haciendo gestos con la mano. Fue entonces cuando, al sacar parte del cuerpo por encima de la barandilla, perdió el equilibrio y acabó al otro lado. Salvó la vida gracias a que pudo agarrarse a los barrotes. Y a los bomberos, que desde ayer son sus ángeles de la guarda.

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