¿Quién es Albert Rivera?

¿Quién es Albert Rivera?

El líder de Ciudadanos es un padre separado que defiende «con firmeza» la custodia compartida. En la mesa disfruta con una tabla de quesos. Admira a los grandes políticos de la Transición y la oratoria de Obama

JULIA FERNÁNDEZ

Es un tipo "feliz". Y lo reconoce. Incluso en estos tiempos, en los que hacerlo suena hasta pornográfico. Su voz se escucha clara al otro lado del teléfono. Hace nueve años, Albert Rivera (Barcelona, 1979) emprendió un camino "diferente". Dejó un trabajo acomodado, con un buen sueldo y en un área que le gustaba, el de la asesoría jurídica, para embarcarse en un proyecto político con buenos padrinos, como el dramaturgo Albert Boadella, pero de futuro incierto. Se entregó a fondo a Ciutadans y hasta se desnudó literalmente para captar votos en las autonómicas de 2006. Dice que le tocó por casualidad, pero lo cierto es que su planta ayudaba: tenía 26 años y un cuerpo esculpido en el agua de las piscinas, primero como nadador y luego como waterpolista. Consiguió tres escaños.

36 meses después de aquel momento histórico estuvo a punto de tirar la toalla ante la crisis que vivió la formación -se marcharon dos diputados y uno de ellos acabó en las filas de UPyD- y volver a pedir la incorporación en su antigua empresa, La Caixa, donde empezó ganando "1.700 euros". Era gestor de clientes en una oficina normal y tenía 22 años. Hoy, con 35 y una nómina de "4.500 euros netos al mes" como presidente del grupo parlamentario, está "orgulloso" de no haberse dado por vencido. Tiene motivos: los resultados en las elecciones andaluzas, donde su partido arrancó nueve escaños, le han impulsado en su camino de, incluso, llegar "a gobernar este país". Además, ha puesto contra las cuerdas a UPyD, que se revuelve contra su líder nacional, Rosa Díez, después de que diera un no a su propuesta de unir fuerzas.

Todo esto no ha sido gratis, claro. Rivera, que se ha dejado algunas cosas por el camino, sigue viviendo esclavo de la agenda. "Mi principal enemigo es el tiempo", subraya con voz pausada. Con él negocia para "encontrar huecos" para los suyos. Aprendió la lección al principio, cuando los descuidó para sacar adelante a esta formación, que nació como reacción al independentismo y a las peleas que "cuestionaban la unión de todos los españoles". Si ahora hay momentos "sagrados" para él son los que pasa con su hija, Daniela, que cumplirá cuatro años el 26 de abril. Es fruto de su larga relación con la psicóloga Mariona Saperas, rota hace un año. Esta situación también le hace defender con firmeza la custodia compartida "de salida". Tal y como están los asuntos sociales y laborales, "no tiene ningún sentido que la guardia y custodia de un menor se la quede de forma predeterminada una de las dos partes porque sí".

Nada dos veces al mes

En su caso, la pequeña vive con su madre y él la tiene "dos fines de semana al mes". También le dedica una tarde de lunes a viernes. "Lo saben mis colaboradores y lo respetan". Esta semana fue la del martes. Tenía un acto en Madrid que se canceló como señal de duelo por el accidente aéreo de los Alpes y aprovechó para hacer algunos cambios. "Anulé una comida que tenía en Barcelona y me fui al festival que organizaba el colegio para verla". Por cierto, defiende la enseñanza trilingüe en la educación pública catalana: "Me parece mal y antiguo que sólo haya una lengua vehicular".

La niña no sabe muy bien a qué se dedica su padre, pero le ve por la tele. Por la red circula un vídeo en el que aparece abrazándose a la pantalla durante una intervención. Él se queda con la parte positiva: otros hijos sufren las mismas ausencias y no ven a sus progenitores en el televisor. Cuando Albert y Daniela están juntos, el tiempo se para. "Hacemos lo que cualquier padre y cualquier hija: jugar, coger la bici, dibujar...". Eso sí, lo que intentan es aprovecharlo al máximo. Para el vástago de Agustín y María Jesús, dueños de una tienda de electrodomésticos en el barrio de La Barceloneta, "no es cuestión de cantidad sino de calidad". En Semana Santa también pasarán unos días juntos, pero sin hacer el equipaje. "No tengo muchas ganas de viajar. Estas últimas semanas he sido una maleta andante", admite. Además de sus habituales desplazamientos entre Barcelona, donde vive de alquiler en un céntrico apartamento de 50 metros cuadrados, y Madrid, hay que añadir sus visitas a Andalucía durante la campaña electoral.

Ha sido una época de desgaste, su auténtico truco para guardar la línea, porque últimamente sólo puede hacer deporte "un par de veces al mes". Va a nadar. "Correr... poco". No le ha conquistado. En cambio, en la mesa se rinde con facilidad. "Soy muy comilón", ríe al confesarlo. Nadie apostaría por ello al verle en los últimos tiempos. Su pérdida de peso es evidente. Otro ejemplo más del poder dietético de los "nervios en positivo" por las autonómicas de Andalucía, una tierra a la que se siente muy vinculado: su madre es de Cútar, un pueblo de Málaga, donde ha pasado algunos veranos en su niñez. También se cuida en sus numerosas comidas de trabajo. "Intento que sean ligeras". Pero sin obsesionarse. Tiene un lema: "No hay que contar calorías, hay que quemarlas".

Más pila que su iPhone

Le gusta la Coca Cola Zero y el café con leche, aunque en los últimos tiempos ha puesto el freno. "Bebo uno o dos al día". Si madruga mucho, sale a la calle a pelo: "No me entra nada". Luego, a una hora más razonable, se toma uno en el bar junto a un zumo de naranja y unas tostadas o un bocadillo. Por la tarde los evita "para dormir mejor". Unas seis o siete horas. Su batería dura más que la del iPhone 5 que usa, que no le llega al mediodía. Lo carga "al menos una o dos veces" al día.

Los fines de semana se permite "más licencias" gastronómicas. Disfruta con platos sencillos. Por ejemplo, un buen arroz. "No soy demasiado sofisticado". Con su nueva pareja, que se llama Bea y es azafata, le basta con "una tabla de quesos y un par de copas de vino". Y si tiene que ponerse el delantal, no sale de los "platos de supervivencia: ensaladas, pasta..."

El poco tiempo libre que le queda prefiere dedicarlo al cine. "Hace un mes vi The Imitation Game y me gustó mucho". Es un biopic sobre el matemático Alan Turing, el hombre que ayudó a descifrar el código de encriptación que empleaban los nazis en sus mensajes. En DVD se compró Lincoln en una oferta. "Todo lo que tiene que ver con el derecho constitucionalista, la historia, el Estado... me gusta". La comunicación es otra de sus debilidades. Es un orador nato y culto. En sus tiempos de estudiante en el centro privado Esade ganó la Liga Universitaria de Debate. Rivera considera fundamental que los políticos tengan dominio de la palabra: "En esta profesión es tan importante el fondo como la forma". Sin embargo, le aburre el debate sobre si Ciudadanos es de derechas o de izquierdas: "Somos la tercera vía. En Europa estamos adscritos con las formaciones demócratas liberales, como el británico Nick Clegg".

-¿Con quién se iría a tomar algo: Obama, Hollande, Merkel, Tsipras...?

-Políticos... Mmm... Seguramente Obama. Al margen de sus gobiernos, pasará a la historia como un gran orador que revolucionó la comunicación con la gente a través del uso de las redes sociales. Una charla con él sería apasionante.

Al abogado Rivera también le agrada leer. Le quedan veinte páginas de la biografía de Adolfo Suárez que ha escrito el periodista Manuel Campo Vidal. La época de la Transición, que sólo conoce por los libros, le parece especialmente atractiva, sobre todo por los «políticos de gran altura» que había. Y se lanza: «Hemos hecho muchas cosas mal, pero también otras bien. No podemos tirarlo todo por la borda». Es el matiz que esgrime, una y otra vez, para diferenciarse de Podemos, la otra sensación de la temporada. También es verdad que él viste de Hugo Boss y no en Alcampo.