El escaño vacío en la bancada azul

El escaño donde se sienta Ana Mato. /
El escaño donde se sienta Ana Mato.

La dimisión de Ana Mato ha permitido al presidente del Gobierno evitar en el Congreso la foto junto a su ministra de Sanidad, a quien el juez señala como posible "beneficiaria" del dinero de la trama Gürtel

NURIA VEGAmadrid

El suyo era el último escaño. Se sentaba Ana Mato en el extremo contrario a Mariano Rajoy, cerrando el semicírculo que forma el Ejecutivo en el Congreso de los Diputados. El orden de creación de ministerios ubicaba a la titular de Sanidad en el mismo lugar en el que hoy ha descansado la gabardina del ministro de Economía, Luis de Guindos, mientras el presidente del Gobierno decía eso de que "España no está corrompida".

Los escándalos hablan del pasado, asegura el jefe del Ejecutivo, y en el pasado queda quien en otra época diseñó la campaña electoral para acompañarle hasta el poder. Moncloa ha conseguido evitar la foto de Rajoy colocando los folios de sus medidas anticorrupción en la misma bancada azul que Ana Mato.

La ministra ya no está. Ha sido durante toda una mañana la ausente presente. La que al marcharse obliga a Rajoy, según la oposición, a decidir sobre sus propias responsabilidades políticas cuando también el PP pudo lucrarse del dinero de la red Gürtel. Y son los partidos minoritarios los que marcan al jefe del Ejecutivo el siguiente paso a dar. Dimitir y abandonar la Presidencia.

"No son capaces de resolver la corrupción de su partido y quieren resolver la del planeta", ha exhortado Rosa Díez en un hemiciclo que se quedaba, una vez más, a medio gas tras la intervención del líder de los socialistas. Sólo los grupos sin responsabilidades de gobierno rompen el discurso y se plantan directos ante Mariano Rajoy señalándole la puerta de salida.

Tanto es así que ha sorprendido al equipo del presidente la comparecencia del PSOE, la de Pedro Sánchez. Argumentos como el de "todos hemos cometido el error de pensar que los nuestros estaban alejados de la lacra de la corrupción", han hecho pensar a Moncloa que se estaba reservando para la réplica. Pero en ningún momento ha llegado a plantear de manera explícita una solicitud de dimisión del presidente.

El pulso en la Cámara Baja ha latido despacio. Sin apasionamientos prácticamente hasta el final del debate, cuando Rajoy le ha recordado al PSOE lo que ocurre de Despeñaperros para abajo y los socialistas se han palpado para reafirmar que ellos nunca han recibido sobres de dinero B. Han sido momentos puntuales en un pleno de trasiego constante. La imagen que queda es la de los diputados que entran y salen, que hablan por teléfono, que charlan entre ellos mientras en la tribuna algunos reclaman la atención de un presidente acompañado en todo momento por su consejera y número dos, Soraya Sáenz de Santamaría, en un hemiciclo que vive bajo la amenaza de cambio radical en las próximas elecciones.