La Universidad de Granada abre sus puertas a los migrantes este verano

Dos de los migrantes atendidos temporalmente en la residencia. :: pepe marín/PEPE MARÍN
Dos de los migrantes atendidos temporalmente en la residencia. :: pepe marín / PEPE MARÍN

La residencia Fernando de los Ríos acoge durante julio y agosto a más de 300 inmigrantes

ANDREA G. PARRAGRANADA

Ibrahima llegó a la residencia Fernando de los Ríos después de quince horas en el agua, de ser rescatado y de pasar por el hospital en Algeciras. A Granada entró el día 16 de julio para permanecer en las instalaciones de la carretera de Alfacar. Luego salió hacia Bilbao. Este hombre de 33 años, originario de Gambia, padre de familia, hizo esta travesía para encontrarse con su esposa y sus dos hijos después de cinco años sin verlos.

Sentado en los bancos del patio de la residencia, que durante el curso acoge a universitarios, se le llenan los ojos de lágrimas cuando habla de su familia. Relata en francés que en Granada están «ya tranquilos y todos bien». A su lado está Youssouph'a, que tiene 21 años. Ha estudiado Lenguas Modernas durante cuatro años en la Universidad en Gambia. Se defiende en español y su punto de destino es Francia. Allí quiere continuar estudiando en la Universidad. Para Pal Sal (Gambia) Francia es también la tierra de su porvenir. Tiene 28 años y en el país vecino le espera su hermano.

Son historias que esconden experiencias muy duras, porque han sido objeto de las mafias en sus recorridos hasta llegar a España. Estos días están agradecidos al personal de la ONG Movimiento por La Paz, que es el que les está ayudando en la residencia, y al resto de dispositivos que les han arropado. Cuenta Rafael Sánchez, al frente de esta asociación en Granada, que están al 100% de ocupación. En la residencia Fernando de los Ríos, que por segundo año consecutivo la Universidad granadina ha facilitado para acoger durante julio y agosto a migrantes, están completas las 80 plazas. En los pisos que tienen en Granada, que son 14, están llenos los 93 puestos. Han aumentado este año el número de recursos, pero no hay tregua. No la hay para esta ONG ni para el resto de organizaciones.

Rafael Sánchez relata que están «desbordados». Diserta sobre cómo se han cerrado varios puntos de entrada (Turquía, Libia...) y ahora llegan «todos por nuestras costas». La ONG Movimiento por La Paz está atendiendo a migrantes procedentes de países que nunca habían tenido antes en Granada. Pone el ejemplo de Myanmar. Señala que el hombre, que llegó desde ese país, se tuvo que recorrer toda Asia.

A las costas andaluzas, lo más habitual es que recalen migrantes de países como Guinea Conakry, Gambia, Camerún, Congo, Senegal... En Movimiento por La Paz atienden en sus programas a jóvenes que van desde los 18 años de edad en adelante. Lo más habitual es la franja entre 18 y 25 años de edad. El sistema de atención de Movimiento por La Paz es para hombres mayores de edad. En este programa no trabajan con mujeres.

La residencia Fernando de los Ríos es un dispositivo de emergencia de verano. Están quince días y se van. Durante estos dos meses pasarán por estos alojamientos más de 300 personas. En los pisos, el periodo de estancia es de unos tres meses. Rafael Sánchez explica que la mayoría de estos hombres suelen seguir su viaje a Francia, Alemania o Bélgica. «Cuando les decimos en el mapa dónde están suelen mostrar que ellos quieren seguir para arriba. Para ellos Granada es un punto más en el camino. Es raro que estén aquí tres meses porque tienen gente que les espera en otros lugares», detalla Sánchez.

Ibrahima, Youssouph'a y Pal Sal cuentan su experiencia. A muchos de ellos les cuesta verbalizar lo que han pasado. Muestran sus quemaduras en los brazos, pero Ibrahima deja ver, aunque no quiera, cómo esa fortaleza se debilita cuando habla de su familia. Sánchez apunta que muchos de estos hombres han sido sometidos a esa «tortura» de atravesar el mar, y antes el desierto... Para poder conseguir un trabajo en España, Francia, Alemania y después poder enviar dinero a su familia. «Muchos son padres desesperados que no tienen cómo alimentar a sus hijos», agrega. También destaca que muchos de los que atienden han visto cómo morían en el mar con quienes viajaban y no pueden ni expresar la pesadilla que han sufrido.

Sergio Chica, al frente de la residencia Fernando de los Ríos, habla sobre cómo estos hombres, durante los días que están en las instalaciones granadinas, son «increíblemente educados» y en ocasiones «rozan un comportamiento de sumisión». Rafael Sánchez recuerda que muchos de ellos han estado años sumidos y en condiciones casi de esclavitud obligados por las mafias. Cristina, de la ONG que ayuda en las labores de traducción, cuenta que estos migrantes relatan cómo han pagado a las mafias. Si antes eran 50 euros por las balsas o pateras, ahora son más de 750 euros porque ya no les dejan que las compren ellos. Han quitado las tiendas.

Los migrantes que han estado en la residencia Fernando de los Ríos y en los pisos en Granada, durante los días 24 y 25 de julio asistieron a charlas y talleres de la ONG Salud entre Culturas. Les han hecho pruebas para saber de su conocimiento sobre el VIH. También les han hablado de tuberculosis... En lo referente al sida, Ignacio Peña, que trabaja con la ONG habitualmente en el hospital Ramón y Cajal en Madrid, detalla que les hacen un cuestionario y la prueba rápida si quieren. En Granada se la hicieron casi todos. «Tres de cada diez se infectan en España del VIH», puntualiza.

En esos talleres les hablan, además, de cómo prevenir las enfermedades. Les muestran cómo utilizar preservativos y les facilitan todo tipo de información sobre el VIH. Un 20% no sabe qué es el VIH, cómo se contagia o sus consecuencias. Salud entre Culturas imparte estos talleres en diferentes ciudades a las que se desplazan desde Madrid, donde trabajan durante todo el año.

«Por segundo año consecutivo la residencia Fernando de los Ríos adscrita a la Universidad de Granada, acogerá a inmigrantes para pasar el verano. La ONG Movimiento por La Paz nos agradeció el año pasado nuestro compromiso solidario y este año volvemos a contar con su confianza para llevar a cabo un proyecto social en nuestro espacio universitario. Estoy realmente emocionada por esta actuación», destaca la vicerrectora de Responsabilidad Social, Igualdad e Inclusión, Teresa Ortega.

El espacio residencial de la carretera de Alfacar sirve para 'descanso' a los migrantes que durante mucho tiempo, en algunos casos años, han sido sometidos por las mafias a situaciones inhumanas. Mientras esos migrantes se recuperan, algunas familias de diferentes provincias españolas visitan con sus hijos las instalaciones en las que vivirán el próximo curso. La Universidad y la ciudad de Granada muestran su cara solidaria y no cierran por vacaciones estas instalaciones.

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