El tuno que se negó a jubilar su guitarra

Miguel Márquez y el resto de la antigua tuna, durante uno de sus ensayos. /R. L. PÉREZ
Miguel Márquez y el resto de la antigua tuna, durante uno de sus ensayos. / R. L. PÉREZ

Miguel, con 80 años de edad, se ha convertido en el miembro de este tipo de formaciones más anciano de Granada

SARAI BAUSÁN GARCÍAGRANADA

Cada canción de tuna que cualquiera puede imaginar, Miguel la conoce al dedillo. La recuerda como marcada a fuego, pues es la letra de su propia vida. Ya ha vivido más años de tuno que sin serlo, y no se imagina pasando un solo día sin su traje de grillo –como le llaman a la indumentaria que lleva su formación– y sin tener entre sus manos su querida guitarra. Porque Miguel nació siendo tuno, pero no se dio cuenta hasta que cumplió los 18 años. Ahora, con 80, se ha convertido en el tuno en activo más anciano de Granada. Una hazaña heroica que podrían contar las agrupaciones del futuro en sus propias canciones.

Cada semana, la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada abre una de sus salas para acoger a los que un día fueron el epicentro de la vida universitaria granadina. Porque ellos eran respetados, queridos y conocidos. «Cuando nosotros empezamos de jóvenes, solo estaba nuestra tuna y era muy respetada por todo el mundo. Todos querían ser tunos y la gente nos invitaba, las chicas nos daban sus teléfonos, se ligaba muchísimo y todos nos conocían. Era una gran vida y hemos sido afortunados de vivirlo», explica el músico.

Miguel comenzó en la tuna por primera vez cuando un primo suyo fundó la tuna junto a otros compañeros. Le vio tocar la guitarra y se enamoró. No paró hasta que aprendió a dominarla y pasó las pruebas para tuno. Y ahí empezó una nueva vida para él. Él se inscribió en la Universidad para formarse como graduado social con el fin de ingresar en las milicias universitarias y así no tener que pasar la mili. Pero él no imaginaba cuánto iba a cambiar su historia esa decisión tan aparentemente repentina.

Primera parada: París

«Lo primero que hice al hacerme tuno de joven fue ir a París. Ahora parece algo normal pero, en esa época, era una odisea ir al extranjero. Nunca olvidaré lo bueno que me ha dado la tuna y que me ha hecho ser quien soy», señala el jubilado.

En esa época, la diferencia entre ser tuno y no serlo era abismal. Las posibilidades, las puertas que se abrían, la fiesta que se vivía, lo que se disfrutaba. Y el futuro que se proyectaba ante ellos. «Yo entré en el banco en el que he trabajado media vida gracias a la tuna», indica como ejemplo. Pero no fue por enchufe, lo aclara rápidamente, sino por la picardía que le otorgó cantar debajo de los balcones y tocar en mitad de la calle sin vergüenza ni remilgo. «Lo que aprendí durante mis años de tuno lo puse en práctica en el momento en el que me eligieron. Me llevé la plaza por listo, porque no tenía ni idea de bancos ni nada, sino que supe hacerme notar y ganarme a los que entrevistaban», comenta risueño. Así le pasó con el resto de trabajos que realizó y en su vida.

Cuando la juventud le empezó a abandonar, le era cada vez más difícil compaginar su vida cotidiana con las corredurías de tuno, por lo que esto último acabó en un segundo plano. Hasta que entró en la Universidad de mayores. El director de la institución le invitó a que creara una tuna de mayores y que la conformara con sus compañeros de aulas. Él puso un anuncio, pero solo tuvo dos ofertas: un hombre que tocaba el laúd y una mujer que tocaba los platillo. «Con eso, poca tuna podíamos hacer», indica.

Cada semana, la Facultad de Ciencias de las UGR abre una de sus salas para acoger a su agrupación

Así, volvió a contactar con sus antiguos compañeros de tuna en la juventud y juntos emprendieron de nuevo un viaje que esperan no tener que finalizar jamás. La mayoría tiene una edad entre los 40 y los 60 años, aunque otros más veteranos como él casi llegan a su récord, los 80.

«Lo primero que un tuno anciano tiene que hacer es convencer a su mujer de que es una afición sana y que no tiene ningún peligro de romper matrimonios. Pero es un disfrute absoluto porque nos conocemos todos desde hace mucho y se ha ido adaptando todo esto a nuestra vida y nuestra forma de ser», comenta. Cuando va con su traje de faena, la gente le para y le pregunta si no es ya mayor para ser tuno. Él tiene la respuesta preparada: nunca piensa jubilar su guitarra.