Un estudiante de la UGR desarrolla un proyecto para monitorizar a ancianos y a niños con autismo

José Fidel Ariza está desarrollando una aplicación para monitorizar a niños con autismo y personas mayores. / ALFREDO AGUILAR

El método seguido por José Fidel Ariza busca estudiar distintos aspectos fisiológicos del usuario para conocer su estado corporal y de ánimo a través de los sensores de una pulsera inteligente

Sarai Bausán García
SARAI BAUSÁN GARCÍAGRANADA

«Para mí es importante que lo que yo hago, aunque sea un trabajo de cifras y cuadriculado como es la informática, tenga un trasfondo social para poder ayudar a otros, y con este proyecto al fin lo he conseguido». A José Fidel Ariza, estudiante de cuarto de Ingeniería Informática, siempre le han encantado los ordenadores, la programación y todas esas palabrejas que al común de los mortales le hacen temblar pero que para él muestran el camino de lo que quiere ser y ya es. Pero también quería ayudar, ser parte de la comunidad, «ser útil para otros». Y lo está consiguiendo con su Trabajo Final de Grado.

Después de meses de trabajo arduo, sin descanso y compaginándolo con otro trabajo, José Fidel ya está cada vez más cerca de hacer tangible lo que en un principio era una idea que no sabía bien cómo abordar: conseguir monitorizar la localización, las emociones y las sensaciones de una persona con capacidades especiales -principalmente niños con autismo y ancianos- para saber dónde está esa persona, con quién, cómo se comporta y cuál es su estado emocional o de salud. Y todo ello solo con una pulsera y un teléfono móvil. Bueno, y un largo trabajo de programación y desarrollo informático que lo hace posible.

A grandes rasgos, el método seguido por José Fidel Ariza, y tutorizado por los profesores María José Rodríguez Fortiz y José Luis Garrido, busca estudiar distintos aspectos fisiológicos del niño para conocer su estado corporal y de ánimo a través de los sensores con los que cuenta una pulsera inteligente que ha sido adquirida especialmente para este tipo de investigaciones. En concreto, este aparato puede medir la frecuencia cardíaca, la presión sanguínea, el movimiento, la temperatura corporal y la sudoración. Por su parte, el teléfono es el encargado de recabar los datos ambientales y del entorno en el que está el niño, como sonidos fuertes o cambios de luz, entre otros aspectos. «Lo que en un futuro querríamos hacer es poder ver por un lado lo que ha sucedido y por otro cómo ha afectado eso al menor. A grandes rasgos sería observar, por ejemplo, si de repente ha sonado una sirena o si un camión ha pasado cerca, y cómo ha afectado eso en el niño en cuanto a su sudor, su temperatura corporal, etc.», comenta el joven.

En busca de las similitudes

Parece un trabajado complejo y largo. Y lo es. Son cientos y cientos de datos los que deben obtener de distintos participantes para poder conocer cada una de las aristas de esta patología y encontrar las similitudes entre distintos participantes para que se pase de la anécdota a la afirmación. Por el momento, el TFG de José Fidel se basa únicamente en el desarrollo de la forma de medición que se desarrollará con la pulsera y la creación de la aplicación que estudiará los detalles ambientales a través del móvil y que recibirá cada uno de los datos aportados. Una aplicación que ya ha sido desarrollada. «Esta aplicación se puede poner en cualquier dispositivo Android. Dependiendo de cómo sea de bueno el móvil, permitirá estudiar más o menos aspectos, pero la aplicación se ha creado de tal forma que pide unos valores u otros dependiendo de las cualidades del móvil», indica el joven.

En este proyecto, se quedará en la parte más técnica, pero espera que en un futuro no muy lejano, de cara a un máster o un proyecto de investigación, pueda empezar a buscar a los posibles candidatos y recabar los datos. «Con todo esto, lo que se espera es que en un futuro se pueda tener el máximo de datos en relación con el autismo y cómo viven las emociones y el día a día estos niños para que se puedan amoldar las terapias a sus necesidades. Así se podrían hacer sesiones concretas para cada niño según lo que realmente necesitan», asegura.

Cuando José Fidel aceptó centrar su investigación en este ámbito, sus tutores decidieron llevarlo al Centro de Educación Especial Purísima Concepción, en Granada, para que viera de primera mano cómo se trabaja con estos estudiantes. «Era todo impresionante: tenían luces led en el techo que parecían lluvia cristalizada, aulas de distintos colores para poder estudiar sus emociones y mil detalles más que estaban pensados al milímetro para ellos», comenta. Así se enamoró de todo aquello.

Gracias a este proyecto puede ayudar a toda aquella persona que cuente con una necesidad especial, como sucede con las personas que padecen del Trastorno de Espectro Autista. Se trata de una patología de la que, según la Confederación de Autismo de España, se desconoce la cifra de a cuántos afecta en el territorio español por falta de estudios poblacionales o censos oficiales. A pesar de ello, explican que los estudios realizados en Europa apuntan una prevalencia de aproximadamente 1 caso de TEA por cada 100 nacimientos.

Por todos ellos, y por todas las personas que se puedan beneficiar de su proyecto, José Fidel sigue trabajando día y noche por finalizar su aplicación: «Para mí lo importante es ayudar, compaginar lo que me gusta con ese componente social y creo que de aquí puede salir algo bueno y grande».