«Yo no quiero ser normal, quiero ser auténtico. Las personas tenemos que ser nosotras mismas»

René R. Clares, en la escalera de su facultad. / RAMÓN L. PÉREZ

ANDREA G. PARRAGranada

René R. Clares (Albox, Almería, 1996). Primera persona trans que tramitó una solicitud para el protocolo para el cambio de nombre de las personas transexuales, transgénero e intersexuales en la Universidad granadina, que se aprobó en septiembre de 2017. En menos de una semana René estaba en la Unidad de Igualdad para demandar que se aplicara lo que habían acordado en Consejo de Gobierno. Este curso está terminando la carrera de Psicología. Los años anteriores había tenido que ir despacho por despacho para que en su ficha apareciera René. Ríe cuando en los pasillos de la facultad, en el campus de Cartuja, se le dice que casi daba lecciones a los profesores en esta materia. Desde el curso pasado todo es más fácil.

«Mi solicitud fue la primera en la UGR; a comienzos del curso académico 2017-2018. Poco tiempo después de hacer la ronda de tutorías anual, una profesora me escribió al correo para decirme que ya estaba aprobado el protocolo y que podía ir a que me cambiaran el nombre. Cuando llegué a la Unidad de Igualdad para solicitarlo, recuerdo la ilusión que tenían dentro con que fuera a activarse por primera vez el protocolo», cuenta. Antes el estudiantado tenía que explicar y requerir a cada profesor el cambio de nombre. Al año cursan una media de diez asignaturas por lo que tenían que ir despacho de al menos a diez docentes. «Recuerdo, además, acompañar a varios estudiantes de la UGR para hablar con el profesorado de sus titulaciones, y estar toda una mañana reunido para que les cambiaran el nombre», apostilla René. Con el protocolo esto se ha terminado.

«En general, el protocolo de cambio de nombre en la UGR ha sido de gran ayuda para las personas trans e intersex. Sí que es cierto que en Andalucía tenemos la ley 2/2014 de 8 de julio, que asegura el trato no discriminatorio a las personas trans en Andalucía, y eso incluye que nos traten con nuestro nombre y nuestro pronombre (coincida o no ese nombre con el registral), asegurando nuestra autodeterminación de género», valora René.

«Para las personas trans el cambio de nombre supone el reconocimiento a nuestra identidad y el derecho más básico de todos: el derecho a ser» rené r. clares

El protocolo ha supuesto una ayuda «enorme». Antes de que existiera, «teníamos que hablar con cada docente por separado para que nos cambiaran el nombre en las listas de asistencia y en las plataformas virtuales de las asignaturas. Y no sólo eso, teníamos que llevar los puntos principales de la ley 2/2014 de 8 julio subrayados a tutorías para darles una breve clase magistral sobre la misma para que nos cambiaran el nombre. Se podría afirmar que la ayuda también se extiende al personal docente, que antes no sabía muy bien cómo actuar en estos casos», rememora.

La nueva medida asegura el cambio de nombre en todos los documentos de la UGR, exceptuando la expedición de títulos oficiales (donde aparece el nombre registral, el del DNI). Los documentos en los que cambia el nombre son: actas académicas, listas de asistencia de clase, resguardo de matrícula, plataformas virtuales de docencia, tarjeta universitaria inteligente y censos electorales. También asegura el cambio de nombre en el correo electrónico, pero esta medida todavía no es efectiva. Han solicitado el cambio de nombre ya 19 universitarios. El pasado lunes se inició una nueva solicitud por lo que pasó de 18 a 19.

Ni tolerar ni normalizar

René habla pausado, pero tiene las ideas muy claras. Sabe lo que dice y dice lo que quiere decir tanto por escrito como cara a cara. «El cambio de nombre me ha permitido firmar con mi nombre en todos los documentos académicos. Seguramente habrá personas a las que un cambio de nombre les resulte algo simple o sin mucha importancia. Tengamos en cuenta que para nosotras, las personas trans, el cambio de nombre supone el reconocimiento a nuestra identidad y, por tanto, el derecho más básico de todos: el derecho a ser.

A las personas 'cis' (personas no-trans) no se les niega el derecho a la identidad, porque no transgreden el 'status quo'. Las personas trans sí transgredimos ese 'status quo', ya que no nos identificamos con la identidad que se nos ha asignado al nacer. Esto supone un salto a un espacio disidente, en el que comienza la reivindicación de ese derecho tan básico, que es el derecho a ser, y que durante toda la historia se nos ha negado», argumenta.

«Normalizar implica arrebatarnos esa autenticidad que nos caracteriza a cada una»

Tolerancia y normalización palabras que René repasa a la hora de preguntarle y nada de nada, ninguna es el fin último. Lo mismo que rechaza el uso de expresiones como mujer atrapada en un cuerpo de hombre u hombre en cuerpo de mujer. «Pienso que en la UGR todavía queda mucho camino por recorrer. Sin embargo, sin duda, el protocolo ha sido un gran paso. No creo que el objetivo sean la tolerancia ni la normalización. Tolerar significa permitir la existencia de algo sin tomarlo como válido. Normalizar, por otro lado, hace referencia al acto de reconducir a una norma algo que se ha salido de ésta. Pienso que el objetivo en la UGR y en la sociedad en general, es el de entender que existe una diversidad enorme, donde toda persona es válida. Yo no quiero ser normal, quiero ser auténtico. Creo que las personas tenemos que ser nosotras mismas. Normalizar implica arrebatarnos esa autenticidad que nos caracteriza a cada una de nosotras, y por lo tanto, en parte, significa perder un poco de nuestra identidad», sostiene este joven informado y que ha investigado mucho al respecto.

Hace tres años fundó con unas compañeras de la carrera la Asamblea de Identidades Sexuales y de Género (A+ISG). Reciben a estudiantes que les piden que les echen una mano con el cambio de nombre, sobre todo estudiantes de nuevo ingreso. También, cuenta que reciben quejas en relación a los contenidos que se imparten en algunas titulaciones. «Suelen ser contenidos que patologizan las identidades trans y las intersexualidades, o contenidos que solamente hablan sobre modelos identitarios hegemónicos; obviando la gran diversidad que tenemos en nuestra sociedad. Por último, recibimos quejas de estudiantes que han recibido tratos vejatorios por parte de algún profesor por motivos de su identidad. En la gran mayoría de casos, estas personas no quieren denunciar por miedo a suspender la asignatura. Creo que este último punto es algo sobre lo que la UGR debería incidir. Centrarnos en la prevención de estos casos, en lugar de en la solución del problema una vez existe, es el objetivo primordial», dice.

Para un futuro en la UGR y en la sociedad en general pide formación y despatologización. «La formación debería ir dirigida a toda la comunidad universitaria, no solamente al alumnado», señala. Pide que se haga extensible al personal investigador y al material docente.