«En Granada hay una gran tendencia a la conservación»

José María Manzano en la Escuela de Arquitectura/ALFREDO AGUILAR
José María Manzano en la Escuela de Arquitectura / ALFREDO AGUILAR

El arquitecto malagueño asegura que el Albaicín «necesita pensarlo con detenimiento» pero con cierta «valentía»

ANDREA G. PARRA

La Escuela de Arquitectura de la Universidad de Granada cumple veinticinco años. Por las diferentes instalaciones en las que han estado han pasado 4.250 estudiantes. José María Manzano es su actual director. Sentado en su despacho del antiguo Hospital Militar, flamante sede de la Escuela de Arquitectura, repasa los logros, retos, dificultades de estos estudios y echa un vistazo al paisaje y conjunto arquitectónico de Granada.

–¿Gozan de buena salud?

–Surgimos como una escuela muy pequeñita, casi como un experimento. Los estudios técnicos eran muy reducidos en la UGR y fue una apuesta espectacular crear una Escuela de Arquitectura, que en Andalucía solo había una (Sevilla). Hubo mucha pugna porque Málaga también apostó muy fuerte, pero al final la UGR lo hizo de una manera intensísima con la idea de incluso llegar a tener este edificio del Campo del Príncipe, nuestro emblema ante el mundo.

–¿Cuáles son las virtudes de la Escuela de Arquitectura de Granada?

–En primer lugar, que es de las pocas en el mundo que está radicada en el casco histórico de una ciudad. La tradición universitaria española ha ido a crear campus a la americana, externos a la ciudad. Aquí la apuesta ha sido todo lo contrario, porque Granada es conocida mundialmente no por sus exteriores, sino por la ciudad. Tener una escuela de arquitectura a diez minutos de la Alhambra, en un barrio muy conocido como es el Realejo, son valores que no tienen en muchos sitios.

–¿El propio edificio es una lección de arquitectura?

–Evidentemente. Como decimos a nuestros alumnos, es una enseñanza desde que entras por la puerta hasta que sales. Nuestros estudiantes, de hecho, trabajan en muchas asignaturas sobre el mismo soporte de la escuela.

–¿Y las carencias?

–Somos una escuela joven, la arquitectura se ha transformado en muy poco tiempo con las tecnologías, nos ha pillado la gran crisis económica de estos años atrás, en donde la arquitectura ha sido una de las que más ha sufrido esa carencia. Consideramos que el arquitecto ha sido un sufridor más de la crisis, no el causante. La causa dicen que ha sido el ladrillo, pero han sido muchas causas. Se ha transformado la profesión. Creo que hay un resurgimiento de ese proceso porque la arquitectura no es solamente crear el edificio. Al final lo que se desarrolla es una actitud creativa ante la vida.

–¿Cada vez crean más espacios?

–Efectivamente. Yo les digo desde que te levantas de la cama hasta que te acuestas estás usando cosas que han diseñado arquitectos. Los edificios, la calle, la circulación, el tipo de edificio, por qué se ha conservado y por qué no un edificio histórico... Nuestros estudiantes lo que tienen que aprender es a mirar y darse cuenta de que son responsables de la vida de los demás.

–¿Qué pide en este veinticinco aniversario, qué necesitan?

–Inversión. Pido con la boca pequeña porque lógicamente tenemos un edificio nuevo con una inversión pública espectacular, pero siempre hay cosas que hacer. En esos quince o dieciséis años ha evolucionado todo, incluso la manera de trabajar.

–¿Qué necesidades apremian en la arquitectura y el urbanismo de la ciudad?

–Como arquitecto tengo una visión privilegiada porque no soy de Granada, soy de Málaga. Lo primero que me llamó la atención fue el paisaje, más que la arquitectura. Porque tiene un hito fundamental como la Sierra, ese lienzo blanco y la luz que proyecta. Los edificios te van hablando de épocas pasadas. Obviamente el gran hito es la Alhambra. Cuando empiezo a vivir y desarrollar mi trabajo descubro que Granada tiene grandes dificultades para desarrollar la arquitectura porque hay una gran tendencia a la conservación. Pero no todo es conservable. La arquitectura es evolución. En la Escuela de Arquitectura tenemos que ser agresivos con eso, es decir, crear gente que respete el patrimonio, pero que tenga capacidad de innovar. Engarzar nuevas joyas dentro de ese patrimonio.

–¿La nueva ciudad está ordenada?

–Nos abre el abanico y nos despeja de ataduras. Es suelo nuevo, hay una planificación, a veces caótica, otras veces más ordenada, hay unos edificios nuevos que dentro de unos años serán los grandes hitos.

–¿Cuáles?

–Por ejemplo, el Museo de Andalucía y CajaGranada, Campo Baeza, que ahora mismo no está totalmente aceptado en nuestro paisaje de la ciudad, pero cada vez irá a más. Nos estamos acostumbrando también, en otra zona, al Palace al lado de la Alhambra. Perdonar, pero para mí es un edifico no valorable. Sin embargo, hay otros edificios que no están aún aceptados, pero llegarán a estarlo. En la sociedad arquitectónica son edificios ya valorados. CajaGranda es espectacular.

–¿Qué espacios de la ciudad pondría a los estudiantes a ordenar?

–Aquí hay grandes retos, el ferrocarril es uno. ¿Vamos a ir a una gran estación en el centro de la ciudad o tiene que estar en las afueras? Soy partidario del centro. Sé que tiene sus dificultases técnicas, pero todo se puede resolver.

–¿Está la escuela integrada y aceptada en el Realejo?

–Hemos sido como el revulsivo. Es de densidad muy baja, poca gente de una edad muy avanzada, y de pronto hemos metido una población de casi mil quinientas personas moviéndose. A veces me dicen que no hay aparcamientos y yo les digo que no es un problema, que no vengan en coche. Hay estudiantes que están trabajando en cómo organizar la circulación de esta sección de calles, población en donde el coche no tiene que ser protagonista.

–¿Y el Albaicín?

–Pasó de ser una zona olvidada a convertirse en una turística y eso ha hecho que muchos granadinos empiecen a dar valor al Albaicín. Nos estamos dando cuenta tarde. Porque el turismo arrasa si no se controla bien. Es una gran contradicción, el Albaicín necesita pensarlo con detenimiento, con cierta valentía porque tampoco tenemos que caer en el conservadurismo sin sentido. Hay que tener mucho cuidado con el turismo porque se puede cargar el barrio.