Un mar de cables y luces contra el cáncer en la Universidad de Granada

Isidoro Ruiz García muestra el proyecto . /PEPE MARÍN
Isidoro Ruiz García muestra el proyecto . / PEPE MARÍN

Un proyecto de la UGR usa sensores para medir la dosis de radiación recibida en las terapias | Uno de los participantes también ha creado unos esquís con sensores que permite registrar su posición durante un entrenamiento

Sarai Bausán García
SARAI BAUSÁN GARCÍAGRANADA

A Isidoro Ruíz García siempre le ha gustado «el cacharreo», como él lo denomina. Desde bien pequeño, sabía que lo suyo estaba entre cables, componentes e invenciones. No quería que el desconocimiento de cómo funcionaba algún artefacto le impidiera dar rienda suelta a lo que su imaginación quería desarrollar. Luchaba contra sus propios límites. Solo quería conocer los porqués, los cómo y los hasta dónde.

Este joven de Güevéjar, conocido en su pueblo de origen como «el cambiador de pantallas y el informático oficial» de todos sus vecinos, puede decir orgulloso que a los pocos meses de haberse graduado en Ingeniería de Tecnologías de Telecomunicación, tiene entre sus manos dos proyectos pioneros en su ámbito. «Llevo los dos para adelante porque el primero de ellos requiere mucha investigación, mucho probar y esperar a los resultados, así que mientras le meto mano al otro», indica.

Ese primer experimento lleno de pausas tiene mil aristas y especificaciones difícilmente entendibles para todo aquel que no haya sentido esa llamada tecnológica que recibió de pequeño Isidoro. En resumidas cuentas, y según afirma el joven, este trabajo parte de una investigación anterior en la que se estudia la excitación que provoca en ciertos dispositivos la irradiación de la radioterapia. Ahora, él está buscando y desarrollando nuevos dispositivos que posibilitarán, entre otros aspectos, disminuir considerablemente el coste de las máquinas que miden dicha radiación: «Los dispositivos que se usan actualmente son muy costosos y por eso en muchos sitios no los usan o no lo hacen adecuadamente. El mío sería mucho más barato».

Menos de tres euros

«De alcanzar sus objetivos, se conseguiría reducir sensiblemente el coste de la monitorización de los tratamientos debido al bajo coste de los dispositivo usados –estos dispositivos son de uso general, no específicos para la detección de radiación gamma, por lo que el coste no suele llegar a tres euros–», explica Joaquín Fernández-Valdivia, el director de la Escuela de Informática y Telecomunicaciones de la Universidad de Granada. Sobre la diferencia que supone esta iniciativa con las ya existentes, Fernández-Valdivia indica que este proyecto, compuesto en el seno de la Fundación para la Investigación Biosanitaria de Andalucía y en el que trabaja un equipo de la UGR y el Sistema Andaluz de la Salud, pretende usar sensores de luz visible y fotodiosos para medir la dosis recibida en tratamientos de radioterapia.

De ese modo, mientras que la maquinaria utilizada actualmente sirve para que, una vez calibrada, se sepa cuánta radiación se va a dar al paciente, la nueva mostraría cuánto se está dando y en qué partes del cuerpo, con lo que se evitaría que tejidos sanos se expongan a una radiación innecesaria y que puede ser perjudicial. «No solo se usaría en las radioterapias, sino en todas las actividades que se usa radiación, como cuando te hacen una radiografía en el médico o en el dentista. Esto también ayudará a los profesionales que constantemente trabajando con radiación, porque se podrá medir cuántos les llega y evitar que sea en exceso».

Solo en el año 2017, los hospitales públicos andaluces dieron más de 254.760 sesiones de radioterapia en el área de oncología médica para ayudar a acotar esta problemática. Según la Junta de Andalucía, esta enfermedad afecta a 40.000 personas cada año en la comunidad autónoma.

Esquís monitorizados

Pero con este proyecto, Isidro no ha tenido suficiente:necesitaba más para su escasos ratos libres. Y ahí es donde entró en juego el esquí. Él nunca había esquiado, ni se había sentido atraído por hacerlo, pero le pusieron delante un reto y, como siempre ha hecho en su vida, lo afrontó con ganas. «No tenía ni idea de esquí, pero me comentaron este proyecto y me sumé sin pensármelo dos veces. Me he tenido que preparar, pero ha merecido la pena», explica el joven. Ahora, está desarrollando un mecanismo para monitorizar los esquís de forma que se pueda obtener datos en tiempo real del ángulo de bajada, los giros, caídas y demás aspectos para estudiarlos y saber qué deben mejorar los profesionales. «Se basa en poner unos sensores en los esquís que se comuniquen con un PC y que vaya trasmitiendo todos esos datos para luego poder estudiarlos», explica.

En su 'salón de juegos' ya los tiene preparados. Ya funcionan, pero quiere mejorarlos. Hacerlos más pequeños, menos pesados, más útiles. Mejores. Siempre mejores. Porque su aspiración no es llegar a lo más alto, sino que sus inventos logren encumbrar a la humanidad.