El aula docente y científica de la Universidad de Granada en alta mar

Los alumnos, analizando los resultados./IDEAL
Los alumnos, analizando los resultados. / IDEAL

El primer curso de verano 'Mares de Andalucía' del CEI·Mar en el buque Ucadiz permite conocer la situación de las aguas litorales

ANDREA G. PARRAGRANADA

El cuaderno de bitácora de los universitarios que se embarcaron en el curso de verano 'Mares de Andalucía' del CEI·Mar en el Ucadiz ha estado repleto de aprendizajes y también hay un capítulo para las reivindicaciones. Han participado Pedro M. Sánchez Castillo, director del Aula del Mar CEI-Mar-UGR (Universidad de Granada); Luis Sánchez y Marco Jabalera, profesores de la UGR; y los alumnos Lorena Bayo, Celia Delgado, Guillermo Garrido, Cecilia Gimeno, Christian Herrera, Antonio Pérez, Moisés Pérez y Jesús Picazo de las universidades de Almería y Granada. Los de la institución universitaria granadina están cursando el grado en Biología.

La asignatura de Biología Marina la han podido perfeccionar con esta experiencia al bordo del buque oceanográfico Ucadiz.

Tras la conclusión de la primera etapa, entre Motril y Málaga, los alumnos de las universidades de Almería y Granada pasaron el testigo a los de Cádiz y Málaga. Lorena Bayo, estudiante, destaca, en ese cuaderno de bitácora, que ha sido un curso novedoso y pide que se potencie más, motivando y permitiendo a los alumnos de las distintas universidades andaluzas la oportunidad de trabajar juntos.

Asesorados por los profesores y con el apoyo de una tripulación experta, han comprobado el estado de las aguas litorales, donde se sitúa una de las zonas más agrestes y de mayor valor ambiental de Andalucía: las del Paraje Natural Maro-Cerro Gordo. Durante la travesía, los trabajos se han centrado en investigar la zona iluminada de las profundidades marinas. Sus estudios han podido llegar hasta el límite donde el mar «comienza a apagarse y, a partir de allí, solo existe la oscuridad de los fondos más profundos». En la zona superficial, donde la luz, los elementos nutritivos, el oxígeno y la salinidad, entre otros, producen la «combinación perfecta» se produce el desarrollo de uno de los grupos de organismos más singulares e importantes, el fitoplancton, ese que los grandes chef comienzan a vender como algo novedoso y que bien «sabemos constituye, desde el principio de los tiempos, la base de la vida en los océanos», dejan constancia en el citado libro de viaje.

Mediante el uso del instrumental científico a bordo del Ucadiz, han establecido la posición de estos organismos, así como su zona de máxima productividad en la columna de agua. Una vez posicionado el buque sobre ellas, y mediante el uso de una roseta de botellas oceanográficas, se han capturados organismos que habitan en dichas profundidades. Entre los organismos fitoplanctónicos, abundaron los dos grupos mayores: diatomeas y dinoflagelados. Las diatomeas dominan durante los meses fríos, mientras que los dinoflagelados lo hacen durante los cálidos. Sin embargo, en las muestras estudiadas aparece un claro predominio de diatomeas. La base para entender esta posible «anomalía» puede estribar en la fría temperatura medida, considerada baja para la época del año que nos encontramos, advierten los universitarios.

Dicho esto, el interrogante que surge, según dejan constancia en ese libro de viaje, es: «¿Tenemos suficientes datos para constatar que la temperatura de nuestras aguas es la responsable de estos cambios?». Aunque pueda parecer baladí que este crecimiento vegetal esté dominado por uno u otro grupo, no lo es. Estos organismos, del tamaño de una décima del diámetro de una cabeza de alfiler, son a su vez el alimento de los animales microscópicos que forman el zooplancton. La proporción relativa de los mismos en las comunidades planctónicas condiciona la producción pesquera o la aparición de floraciones algales, como las mareas rojas, informan desde la organización del curso.

El estudiante Jesús Picazo piensa que los resultados obtenidos muestran un desajuste en las comunidades, siendo estas más propias de primavera que de verano, presentando un porcentaje de diatomeas más alto a lo esperado en esta época del año. Cecilia expone que, además, de aprender nuevas técnicas en oceanografía y taxonomía, también «nos hemos emocionado con las maravillas que nos ha enseñado el mar: delfines, calderones...».

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