Día de caminata, procesión y sardinas

La Romería de Santa Catalina consiguió atraer a cientos de jienenses hasta el cerro

ANTONIO ORDÓÑEZ JAEN@IDEAL.ESJAÉN.
Oferta gastronómica. Las sardinas coparon el menú ofrecido por los bares instalados en la ladera del castillo: FRANCIS J. CANO/
Oferta gastronómica. Las sardinas coparon el menú ofrecido por los bares instalados en la ladera del castillo: FRANCIS J. CANO

Un 25 de noviembre, festividad de Santa Catalina, de hace 766 años, el rey Alhamar entregaba la ciudad de Jaén al rey Fernando III 'El Santo'. El rey cristiano entraría en Jaén y y construiría sobre la alcazaba árabe una fortaleza cristiana en honor de la santa. Ese es el castillo que aún hoy corona la ciudad de Jaén. Aunque parece ser, como dice la leyenda, que Santa Catalina de Alejandría se había aparecido en sueños una noche al rey Fernando, cuando estaba a punto de desistir en su objetivo de tomar Jaén. Pero fue la santa la que le animó a no abandonar su empresa, y a los pocos días fue cuando entró 'El Santo' en Jaén. Esa es la razón por la que Santa Catalina se convirtió en patrona de la ciudad, y su festividad en un día de celebración, puesto que cada año se celebra una colorista romería en honor de la santa. La tradición no se pierde, y ayer quedó más que claro, ya que fueron muchos los jienenses que se entregaron a la costumbre y disfrutaron de la popular jornada de campo.

Oferta gastronómica

Cerveza, vino y sardinas fueron ayer ingredientes insustituibles en una jornada que empezó bien temprano, en los aledaños del cerro de Santa Catalina. A las diez de la mañana era destacable la presencia de fieles y curiosos que se daban cita en torno a la parroquia de la Inmaculada y San Pedro Pascual. Desde allí arrancaría la procesión de la imagen de Santa Catalina, que arropada por los fieles de su cofradía, iniciaría el recorrido hacia el Castillo al que da nombre. El camino hacia el cerro ya se veía poblado de jienenses que madrugaron para disfrutar de la jornada romera. El camino hacia el Castillo era un continuo encuentro con familias y grupos de amigos que querían disfrutar de la tradición.

A eso de las 11.00 horas los bares instalados en el entorno, con motivo de la celebración, estaban totalmente preparados. Sus planchas empezaban a humear y los calderos con arroz y migas estaban ya atemperados. Quedaba algo más de hora y media para que llegara Santa Catalina en procesión, pero mientras había cosas que hacer. Era el momento para disfrutar de las vistas que ofrece el cerro de Santa Catalina, realizar el tradicional recorrido hasta la cruz, etc.

Recorrido

Desde allí arriba ya se podía ver el cortejo que se dirigía hacia el Castillo, mientras autobuses públicos -abarrotados de público- iniciaban su peregrinar entre también numerosos grupos de personas que habían optado por subir al castillo andando. Pasado el desvío hacia El Neveral, y abriéndose el camino hacia el Castillo, los bares comenzaban a mostrar cierta actividad, a la par que se apreciaba como varios grupos de romeros habían hecho descanso para tomar una temprana merienda, y esperar el paso de la Santa. En ese punto los cofrades portaron la imagen a sus hombros, hasta llegar al arco de acceso al Castillo, que abriría el final de la procesión y el inicio de los actos litúrgicos, puesto que a las 12.30 estaba prevista una misa en el patio de armas de la antigua fortaleza. Los rayos del sol relumbraron en el manto dorado de la talla de la santa, que en su paso, iba adornada por unos centros de espléndidos liliums.

Transporte público

A esa hora el bullir de gente en en entorno del Cerro de Santa Catalina ya era más que notable. Los autobuses seguían subiendo cargados de gente, y otros muchos aprovechaban el buen tiempo para subir paseando. Pero todos con un mismo objetivo, rendirse a esta querida tradición, y disfrutar de la gastronomía tradicional. Las sardinas se llevaron la palma, y fueron muchos, pero que muchos, los kilos de este pescado que se sirvieron desde las brasas dispuestas en el entorno. Pero también había hueco para los embutidos, las migas, el arroz... Santa Catalina es una tradición para tirarse al campo, y comer y beber en compañía de familiares y amigos.

Tradición

La de ayer fue una excelente jornada que sirvió para demostrar que la tradición está más viva que nunca. Ya fuera con la merienda preparada desde casa, o disfrutando de la oferta de los bares, fueron muchos los jienenses que disfrutaron en compañía de una nueva romería de Santa Catalina en el cerro al que da nombre la santa.

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