El aceite de oliva entra en 'recesión'

Comprar un kilo de 'oro' líquido en las almazaras cuesta bastante menos que, por ejemplo, tomarse un tubo de cerveza en Jaén

JORGE PASTORJAÉN.

Con el aceite un 25 por ciento por debajo de su precio de coste ¿cabe la posibilidad de nuevas devaluaciones adicionales? Pues a tenor de lo que está sucediendo esta semana parece que, en efecto, el agujero no tiene fondo. La confirmación de que esta campaña ha sido la mejor de la historia, con 670.000 toneladas sólo en Jaén, ha tirado hacia abajo de las cotizaciones en origen de forma alarmante. Tanto es así que el Pool Red marcaba ayer una media de 1,71 euros por kilogramo. Para que se hagan una idea, aunque sean ámbitos poco convergentes, tomar un tubo de cerveza en cualquier terraza de verano está saliendo aquí, en Jaén, por 1,90 euros. Así es. Comprar un kilogramo de oliva, que cuesta producirlo entre 2,20 y 2,40 euros, vale casi treinta céntimos menos que, por ejemplo, beberse un largo de rubia espumosa en cualquier bar. Insisto en que se trata de una comparación un tanto absurda, pero nos permite hacernos una idea de lo que valen las cosas y de la terrible devaluación de un producto básico para la economía jienense y de la falta de viabilidad un sector del que comen, de forma directa o indirecta, cerca de 110.000 familias en Jaén. Esta coyuntura supone un quebranto para los aceituneros, que el año pasado ya ingresaron 60 millones de euros menos que en 2010 y que jamás han dependido tanto de las ayudas comunitarias -el 40 por ciento de la renta depende del dinero que llega desde Bruselas-.

Conviene analizar cómo hemos llegado a esta nueva situación límite. Y la clave del asunto es producción. Producción por lo referido anteriormente. Tras dos años con registros históricos de lluvias, los 66 millones de olivos plantados en Jaén han funcionado a pleno rendimiento. No ha habido diferencia entre secano y regadío. Y la consecuencia ha sido 670.000 toneladas en la provincia y prácticamente 1.600.000 en toda España. Hay oferta más que suficiente por mucho que las exportaciones se hayan incrementado un 6,4 por ciento, un aumento que en el cómputo global de los niveles de demanda se ve bastante 'atemperado' por una caída del 4,2 por ciento en el consumo nacional. Realmente 'sólo' estamos hablando de una subida de la comercialización del 2 por ciento -unas 9.400 toneladas en números absolutos- frente a un crecimiento de la cosecha del 15 por ciento -prácticamente 200.000 toneladas más-.

Sin miedo

Tampoco parece que a la gran distribución, que dicta las reglas del juego gracias a la penetración de sus marcas blancas -acaparan el 60 por ciento de su cuota de negocio-, esté demasiado intranquila por los mensajes que llegan desde las organizaciones agrarias de que, por aquello de la falta de precipitaciones, la próxima recolección no tendrá nada que ver con ésta. Con el 'ruego encarecido' de que, con un panorama así, «no hay que tener prisa a la hora de vender». Y es que se supone que frente a la abundancia del corto plazo, se avecina un escenario de escasez en el medio plazo. Es decir, al igual que sucedió en 2004, existe la posibilidad de que el mercado regule este desequilibrio propiciando una apreciación del aceite de oliva. Los olivicultores podrán ganar más por cada kilogramo que coloquen, pero tendrán menos kilogramos que facturar. Justo lo que sucedió en 2004 y que se tradujo en una pérdida de consumidores que 'emigraron' -al menos eventualmente- hacia esencias de semillas mucho más baratas. De ahí que la clave sea 'administrar'. El reto es gestionar todo lo que hay en las bodegas conscientes de hacia donde vamos y anticipando ya un alza moderada de las tarifas que evite los dientes de sierra.

El problema es que esto, así dicho, parece fácil, pero en la práctica resulta complicado por los apremios de liquidez y porque sólo en Jaén hay 280 proveedores. A todo ello hay que sumar la entrada en fase productiva de plantaciones superintensivas tanto en España como en otros países de la cuenca mediterránea que pueden compensar la merma de producción que haya en territorios como Jaén, donde el secano aporta en torno al 50 por ciento de la cosecha.