Fiesta de la Primavera en Jaén: «Los jóvenes sólo queremos divertirnos»

Mientras unos justifican el fenómeno del botellón, otros alertan de los riesgos

LORENA CÁDIZ LCADIZ@IDEAL.ESJAÉN.
Fiesta de la Primavera. Miles de jóvenes (se estima que unos 8.000) se dieron cita el jueves para un macrobotellón. :: FRANCIS J. CANO/
Fiesta de la Primavera. Miles de jóvenes (se estima que unos 8.000) se dieron cita el jueves para un macrobotellón. :: FRANCIS J. CANO

Tres semanas. Dos macrobotellones. 6.000 asistentes en el primero y 8.000 en el segundo. Las dos fiestas de la primavera convocadas este año a través de las redes sociales en Jaén no dejan indiferente a nadie. Ni a jóvenes, que han acudido masivamente a la convocatoria, y que aunque no lo hayan hecho defienden este tipo de ocio, ni a mayores, que se dividen entre la crítica abierta o la advertencia en torno al peligro que supone el consumo de alcohol en edades cada vez más tempranas.

La ronda de reacciones comienza con Ángela Romero, la presidenta del Consejo de Estudiantes de la Universidad de Jaén. Nadie como ella para saber el ambiente que se respira entre los universitarios. Ángela defiende que los botellones existen desde hace muchos años, reconoce que no tendrían por qué haberse convocado dos, pero dice abiertamente que «a los jóvenes nos gustan las fiestas y divertirnos y si se organiza una siempre va a haber jóvenes que quieran ir». «Los botellones no se han puesto de moda ahora, siempre han estado ahí, es sólo que el buen tiempo y la cercanía de las vacaciones de Semana Santa siempre anima».

Ángela sí es crítica con el consumo de alcohol y asegura que ahora se bebe mucho, pero eso no quita que defienda el botellón entre los que saben tener un consumo moderado. «Se organiza al aire libre, te permite encontrarte con mucha más gente que en un bar o cualquier otro espacio cerrado y nos permite beber por mucho menos dinero. Un estudiante que vive con la paga de sus padres, como estamos la inmensa mayoría, no puede pagar el precio de un cubata en un pub».

La representante de los universitarios critica además que la Administración no se haya implicado lo suficiente en proporcionar seguridad y cobertura sanitaria a los jóvenes, al menos en la última fiesta de la primavera. «Sabemos que hubo peleas y que allí no había nadie para garantizar la seguridad».

Juan José Araque, secretario de la Asociación Jienense de Alcohólicos Rehabilitados (AJAR) da su opinión desde otra visión muy diferente. «La enfermedad del alcoholismo tiene una madurez de diez a quince años y ya hemos notado que ese tiempo se ha reducido. Ahora el alcoholismo no es como antes, no se consume todos los días, se hace de jueves a sábado, pero en cantidades muy grandes».

Prevención

Araque pide al Ayuntamiento que, al igual que ha hecho este año, no organice más fiestas de la primavera que puedan derivar en un macrobotellón, y asegura que desde la asociación no solo trabajan en la cura de las personas alcohólicas sino en la prevención entre los jóvenes. «Nuestra labor está en orientarlos para un consumo responsable y en ponerles la asociación en sus manos», dice el secretario, que recuerda que la solución no pasa por la prohibición sino por educar para que el consumo sea responsable.

«Últimamente cada vez vienen más a la asociación jóvenes de 25 a 30 años, algunos se informan de las terapias y no vuelven, otros se quedan y casi siempre son problemas de policonsumo», explica Araque, que asegura que la edad media de consumo de alcohol se ha reducido considerablemente y vuelve a hacer hincapié en que la asociación está disponible no sólo para tratar sino para cualquier información y tarea de prevención tanto con los jóvenes como con los padres.

Felipe Morente es profesor de sociología en la Universidad de Jaén y uno de los autores de un estudio, elaborado hace ahora ocho años, sobre el fenónemo del botellón. Morente recuerda que el botellón no es un fenómeno nuevo, sino que hace ya una generación que se viene observando, «la única novedad es que ahora es más masivo». «Las redes sociales lo que hacen es facilitar la comunicación y amplían el espectro a edades más jóvenes, a chavales que a partir de los trece años se incorporan a este hábito».

El sociólogo pone el acento en el fenónemo de las redes sociales. «Cualquier joven de menos de 30 años o incluso de más maneja al menos una red social y ya se vio el poder que éstas tenían cuando a través de ellas se movilizó el voto para Obama en Estados Unidos. A esto hay que sumar que los jóvenes están empezando a ensayar su vida social, que cada vez se hacen más independientes y que eso sólo se puede hacer desde los grupos de iguales».

Morente recuerda que desde siempre la socialización se hace en los espacios comunitarios y que ahora esos espacios son los parques o los botellódromos. El problema, según dice, es que cada vez son más jóvenes y que el consumo de alcohol se ha diversificado y ha derivado en un policonsumo. Aún así, «muchos jóvenes van al botellón no por el hecho de consumir sino para poder estar con sus grupos de iguales en lugares comunes».

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