El edificio de los mil y ningún usos

Desde que el Banco de España cerrara sus puertas a finales de 2004 se han pensado y anunciado numerosos proyectos para ubicar en este singular edificio, que a día de hoy sigue esperando su oportunidad

LORENA CÁDIZJAÉN.
El Moneo es un edificio duro y sus interiores se mantienen casi igual que el día que cerró sus puertas. ::  C. MONDÉJAR/
El Moneo es un edificio duro y sus interiores se mantienen casi igual que el día que cerró sus puertas. :: C. MONDÉJAR

Nunca ningún edificio de Jaén ha tenido tantos usos y a la vez ninguno. El edificio del Banco de España, situado junto a la estación de Renfe y de la plaza Jaén por la Paz, diseñado por el arquitecto Rafael Moneo y cerrado a cal y canto el 31 de diciembre de 2004 (estaba en funcionamiento desde 1988) es uno de los más deseados por esta ciudad. Ha tenido muchos pretendientes, pero hasta el día de hoy, se han quedado sólo en eso, en candidatos. Que los proyectos y los mil y un destinos que se han pensado en todos estos años para este edificio único, no hayan salido adelante, no ha sido nunca un freno para los políticos jienenses. No han sido ni una ni dos las veces que se han anunciado a bombo y platillo nuevos proyectos para el Moneo. Esta es una cronología de lo que pudo ser y no fue.

Lo último que se ha dicho en torno al Banco de España fue hace sólo unos días. Se ha pensado como una de las posibles ubicaciones para el próximo Grado Superior del Conservatorio de Música. Pero esto no es tan fácil. Para empezar, el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, ya ha dicho en alguna ocasión que el objetivo es que el grado superior empiece a impartirse el próximo curso. Una fecha demasiado próxima para todos los inconvenientes que hay que salvar con el Moneo, a no ser que la idea sea darle mientras un destino provisional al conservatorio.

Dos son fundamentalmente los inconvenientes con los que en estos seis años se han topado algunos de los pretendientes del edificio. Uno es la titularidad del mismo, el Gobierno central, lo que hasta ahora ha dejado fuera de juego al Ayuntamiento de la capital y a la Junta de Andalucía, y otro, su diseño. La complejidad del edificio radica en que todo se pensó en clave de seguridad, desde los muros hasta los aparcamientos internos, la disposición de las cajas fuertes para evitar el 'butrón', el blindaje de las puertas y ventanas, la distribución interior...

Lo último ha sido el conservatorio, pero lo primero fue un museo. Dos años antes de que cerrara el Banco de España ya se buscaban posibles usos para el mismo. En aquellos años eran los propios jienenses quienes manifestaban su interés porque este edificio albergara cualquier tipo de oferta cultural: un museo, galerías de exposiciones, un edificio de usos múltiples, etc. No había pasado un año desde que se manejaba la idea de llenar de cultura el Moneo cuando el Gobierno anunciaba que usaría el edificio para albergar todos o algunos de los departamentos que por competencias dependían de Madrid. Se descartaba entonces la cesión a la Junta o al Ayuntamiento para otras actividades.

Sede de la Policía

En 2005, sólo unos meses después del cierre del banco, el subdelegado del Gobierno, Fernando Calahorro, anunciaba a los medios que el uso más probable que se le daría al edificio sería el de la nueva comisaría del Cuerpo Nacional de Policía. Es decir, el traslado desde las instalaciones de Arquitecto Berges, que es donde a día de hoy se sigue manteniendo la comisaría. Ya entonces el subdelegado advertía de que se estaba avanzando rápido en el estudio de viabilidad para que el Moneo no estuviera mucho tiempo cerrado y por tanto no sufriera deterioro. En estas, el Ayuntamiento, gobernado entonces por el PP, levantaba la polémica, asegurando que hacía meses que habían solicitado la cesión de edificio y criticando la «apatía y dejadez» del Gobierno por mantenerlo cerrado.

Avanzaba 2005 y los exteriores del Moneo estaban ya llenos de pintadas. En torno al edificio no se producía movimiento alguno, pero el Gobierno insistía en que los primeros informes mostraban que no había «ningún obstáculo insalvable» para que el inmueble fuera la comisaría. Un año tuvo que pasar hasta que el subdelegado reconociera que finalmente la Policía no podía instalarse allí porque el edificio presentaba «dificultades gravísimas», que suponían además de un sobrecoste muy elevado, un sacrilegio artístico. Por estos motivos, Calahorro aseguraba entonces que el uso que se le diera finalmente al Moneo tendría que ser de tipo administrativo y esta vez ya no se cerraba la puerta a la cesión a otras administraciones.

Nos encontramos ya en mayo de 2006. La entonces concejal de Cultura, Cristina Nestares (PP), volvía a la carga en su lucha por buscar una ubicación para el archivo municipal. Sabiendo que la comisaría ya no iría al Banco de España, la popular volvía a solicitar este edificio para destinarlo al archivo. Ya entonces el archivo era un caos repartido entre la planta baja del edificio del Ayuntamiento y en varios pisos donde se acumulaban en montañas. Nestares aseguraba que había visitado el banco antes de que este cerrara y había comprobado que era totalmente apropiado para el archivo. Lo tenía todo previsto: meter los documentos históricos en las cámaras acorazadas que guardaron grandes sacas de dinero, hacer una biblioteca, un salón de actos y de documentación... Además, criticaba la falta de respuesta por parte del Gobierno y denunciaba que el Moneo era «un meadero y un grafitero».

Para los arquitectos

El tiempo seguía pasando. Un año más tarde, en septiembre de 2007, entrado ya el nuevo y actual equipo de Gobierno socialista, la alcaldesa, Carmen Peñalver, anunciaba lo que antes había sido una promesa electoral. El Moneo sería finalmente la sede del Colegio de Arquitectos. El edificio se le cedería a este colectivo a cambio de que ellos cedieran al Ayuntamiento su actual sede, justo detrás de la catedral. La propia vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, durante una visita a Jaén, anunciaba a la alcaldesa la cesión del edificio al Ayuntamiento. La vicepresidenta dijo conocer de primera mano «la sensibilidad de los jienenses de poder hacer uso de uno de los edificios más emblemáticos de la capital». «Lo sabemos muy bien los que hemos estado y vivido aquí», dijo entonces recordando así los años en los que se presentó como diputada por Jaén al Congreso.

Fernández de la Vega no dio fechas a Peñalver, pero sí dijo que el Gobierno central estaba dispuesto a acelerar el proceso de cesión. «Es muy útil que un edificio como este, en el centro de la ciudad, se dedique a actividades culturales para la ciudadanía», dijo en aquel momento sin especificar si conocía o no el uso que pretendía darle el equipo de Gobierno municipal, que se había comprometido a destinar parte del bloque a actos socioculturales relacionados con la arquitectura.

El problema era que la decisión de que el antiguo Banco de España albergara a los arquitectos no convencía a IU, socio de Gobierno municipal. El primer teniente de alcalde, José Luis Cano, seguía insistiendo en que el mejor destino del inmueble era una casa de artistas para desarrollar la creación de los jóvenes. Aunque estaba dispuesto a negociar con sus compañeros socialistas en el equipo de Gobierno, no creía probable que las dos propuestas (la suya y la de la alcaldesa) fueran compatibles. José Luis Cano se escudaba en el propio Moneo y aseguraba que había recibido una notificación personal del arquitecto en el que apoyaba la propuesta para hacer allí la casa de artistas o 'Banco de Ideas'.

Archivo y sin costes

Los años han seguido avanzando y las ideas se han repetido. El actual concejal de Cultura, José Montané, decía en 2008 tener las ideas «muy claras» en torno al Moneo. También él pensaba que el mejor destino era el archivo municipal, además del 'banco de ideas' para los jóvenes. Según Montané, si ubicar allí el archivo no implicaba obra alguna. «No requiere obra, sólo poner estantes. Sería una solución inmediata y de coste cero», decía entonces el concejal.

El caso es que a julio de 2010 sigue sin haber nada claro en torno a un edificio que, aunque por fuera ha sufrido, por dentro sigue casi como aquel 31 de diciembre de 2004, cuando se cerraron por última vez sus puertas. Es un edificio duro. Un fortín inexpugnable. Un cubo de acero y hormigón dentro de otro. El arquitecto Moneo recibió el encargo de construirlo en 1984. El navarro gastó 500 millones de pesetas de la época. Hoy hay quien dice que la tasación del edificio puede rondar los 12 millones de euros.

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