«Lolo se hubiera reído con todo ésto»

Discapacitados siguen la ceremonia con intensidad y reconocen en Lolo a un ejemplo de cómo afrontar la enfermedad Familiares y personas cercanas a Lozano Garrido se emocionan con su recuerdo ante el altar

JUAN ESTEBAN POVEDALINARES.
Altar donde se oficiaron los actos con imágenes de Lolo, Virgen de Linarejos y San Pedro Poveda. ::                             E./
Altar donde se oficiaron los actos con imágenes de Lolo, Virgen de Linarejos y San Pedro Poveda. :: E.

Lucy, el eterno apoyo de Lolo, llegó frente al altar apabullada de atenciones. Ella, que tanto le cuidó. «Se me sale el corazón. Estoy muy emocionada», decía al ocupar su sitio para la beatificación de su hermano. Apenas le salía la voz del cuerpo. «Lolo se hubiera reído de todo ésto. Hubiera dicho, 'pero qué tontos sois. A qué viene todo ésto. Era así. Luego le hubiera podido su gran sentido de la amistad, y se hubiera alegrado de ver cuantos amigos se habían reunido hoy aquí», decía.

A nadie parecía importar la lluvia, que amenazó al principio y luego hizo acto de presencia. «Una dificultad más. Lolo hubiera disfrutado en un día como hoy. Hubiera vencido las dificultades, como hizo siempre. Como hizo con su enfermedad» decía Alberto López Poveda.

Con los ojos encendidos, Rogelio de Haro asistía también a la ceremonia en primera fila. No es uno más de los asistentes. Si está allí es por Lolo. No es un eufemismo. Lolo le salvó la vida. Según ha proclamado la Iglesia Católica, el ya beato obró en él un milagro. «Para mí es un día muy especial. Mucho. Un día de una emoción intensísima. Yo era muy pequeño. Sé lo que me han contado. Pero en mi casa siempre me han hablado de Lolo. De su sufrimiento, de su alegría, de lo mucho que ayuda a los demás», recordaba. Lolo era tío suyo, aunque no lo llegó a conocer en persona. «Sí en la gracia de Dios», apuntan en su entorno. A Rogelio lo escoltaban ayer su esposa, sus hijas, muy formales en trajes de domingo y otros familiares y amigos.

El milagro

Su madre, María Antonia Sagra, daba todos los detalles del milagro: «Fueron 24 días con sus 24 noches, ya sin esperanzas de vida hasta que Lucy nos trajo la cruz de Lolo y se obró el milagro. El niño tenía dos años. Todo comenzó como un sarampión normal. Pero se complicó con una infección, con una peritonitis. Ingresó en el hospital de la Cruz Roja en Madrid. Se puso muy mal. A los dos días la fiebre subió mucho. Entró en quirófano y se complicó aún más por una infección. Se moría. Hace 38 años no había los medios de ahora. Entonces llegó Lucy con el crucifijo de Lolo. Y mejoró. Se salvó».

Fue una mejoría sin paliativos. «Cuando el tribunal eclesiástico, ya años después (la causa de beatificación se inició en 1994) lo examinó todos se quedaron soprendidos, pues esperaban a una persona enclenque y enfermiza, y se encontraron con un hombre deportista, atlético, que juega al tenis, en el que no ha quedado ninguna secuela», relata la madre. Ella recuerda los días de la enfermedad con congoja. «Fueron 24 días sin comer ni dormir, sin soltarme de su mano, rezando a Lolo». La sonrisa puede con las lágrimas.

Para Herminia, Lolo sigue siendo su tío Lolo. «Yo iba a jugar a su casa prácticamente todos los días, leía lo que escribía con sus manos cada vez más torpes y le decía 'tito, que mal escribes, que no se entiende nada, y él me contaba cuentos, se inventaba historias para mí». Las felicidad de Herminia no es completa. Le falta su padre, hermano de Lolo, que murió hace ahora un año. «Ahora con él, allí arriba», dice mirando las nubes sobre el altar.

Un altar que rebosa detalles de Lolo. El cuadro de la Virgen de Linarejos. El retrato del padre Poveda, el otro santo linarense («Linares, ciudad de santos», dijo Monseñor Amato en su homilía).

Un ejemplo

Para Fran (Francisco Javier González, de Elche, 25 años, en silla de ruedas) Lolo no es un santo cualquiera. «Es un ejemplo de cómo una persona en una silla de ruedas puede hacer muchas cosas, de cómo puede estar en el mundo, de cómo no tiene por qué estar encerrado en su casa. Podemos hacer muchas cosas. Lolo es la demostración de que las adversidades se pueden vencer». Fran predica con el ejemplo. Es licenciado en Filología Hispánica, prepara un doctorado sobre literatura, y escribe novelas y poesías. «Unas poesías preciosas», dice una monja que lo acompaña, junto a otros discapacitados. El obispo Ramón del Hoyo despidió ayer la celebración eucarística destacando precisamente la implicación de Lolo con los discapacitados. Ayer, aguantando bajo la lluvia, había decenas de personas en sillas de ruedas, con una sonrisa.

El deán de la catedral de Jaén. Martínez Rojas, destacó también la vigencia de la figura de Lolo como ejemplo del valor de la vida hasta sus últimas consecuencias y una muestra de la capacidad para superar todos los obstáculos. Como miles de fieles salvaron ayer el inconveniente de la lluvia.

«Es muy emocionante esto para mí. Se me sale el corazón. Lolo se hubiera reído con todo ésto, con lo que hay montado aquí»

«Es un día que sus familiares y todo Linares ha esperado por mucho tiempo y que al fin ha llegado. Para mí están siendo muy especial»

«Yo sólo puedo hablar de lo que me han contado en casa de Lolo, su bondad, su sufrimiento y su capacidad para hacer el bien a todos».

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