Un valioso contenido, en un continente más que singular en el Archivo de Jaén

El Convento de Santa Catalina Mártir, conocido como de Santo Domingo, es la sede de la institución

A. O.JAÉN.
Un valioso contenido, en un continente más que singular en el Archivo de Jaén

El Archivo es, sin duda, la mejor referencia para descubrir el paso por la provincia de ilustres personajes de la historia. Como Miguel de Cervantes, que si a alguien le queda duda de que deambuló por Jaén, no tiene nada más que buscar su firma en entre los fondos de la institución. El documento en cuestión hace referencia al tiempo en el que realizaba servicios para el comisario general de Galeras. Durante sus andanzas por estas tierras jienenses aparece su firma en un poder notarial, fechado el 14 de marzo de 1592, donde otorga comisión a Diego López Delgadillo, vecino de Cabra, para que en su nombre recoja y conduzca a Málaga el trigo y cebada almacenados en diversas localidades de este obispado, puesto que la celeridad que se le requería en la realización de este servicio le impedía cumplirlo debidamente.

Del mismo modo, también se puede rastrear en el Archivo de Jaén la huella de un fraile que pasaría a la historia como San Juan de la Cruz. El documento se encuadra en la última etapa de su vida, que le llevó hasta Úbeda. En 1588, siendo prior del convento de la orden del Carmen Descalzo de Granada, otorgó un traspaso de poder, recibido por el prior del Colegio de la Orden en Alcalá de Henares, al prior de la Orden en Jaén, para que pudiera actuar en su nombre en esta ciudad.

Y si conocido es San Juan de la Cruz, no menos el gran maestro del Renacimiento andaluz, tan querido en esta tierra. Entre otros documentos que hacen referencia a Andrés de Vandelvira, sus distintos trabajos en la provincia, referencias a sus familiares (como la partida bautismal de su hijo, etc.) destaca el contrato para hacer la Catedral. Junto a la firma del provisor, el deán y el cabildo, aparece la de Andrés de Vandelvira, bajo las distintas cláusulas en las que se compromete a dirigir el proyecto de la Santa Iglesia de la capital por unos honorarios anuales de 40.000 maravedíes y 24 fanegas de trigo y otras tantas de cebada.

Aunque el documento más antiguo que aparece en el Archivo es el Fuero de Iznatoraf. Se trata de una copia del siglo XIV sobre un fuero medieval del siglo XIII. Es una pequeña constitución medieval que regula todos los aspectos de la vida de la población, el aprovechamiento de sus pastos, las penas que se aplican a quienes infringían alguna ley, etc. Es el fuero aprobado por la corona tras la conquista de Iznatoraf. Según Juan del Arco, director en funciones del Archivo, el documento pertenece a una familia de fueros; y es que parece ser que cuando se conquistaba una población, un fuero vigente se adaptaba a las características de este territorio. El de Iznatoraf en concreto parece ser que pertenecía a la familia del Fuero de Cuenca; otros documentos similares que se conservan son el Fuero de Baeza o el de Andújar, etc.

La lista de este apartado de documentos, que destacan por lo ilustre de sus protagonistas o por la trascendencia del hecho son incuantificables, y así aparece por ejemplo varias veces en el fondo documental de este archivo el sello de los Reyes Católicos, o incluso la carta de privilegio que concedieron a Jaén.

Todo es importante

Juan del Arco insiste una y otra vez en que dentro del más que amplio patrimonio del Archivo Provincial de Jaén no hay documentos que prevalezcan sobre otros. «Cada uno de los documentos que hay aquí son únicos, por lo que todos son importantes». En este sentido, el responsable del fondo incide en que si bien hay algunos archivos dentro de los ingentes fondos que por su contenido pueden tener una repercusión mayor para una comunidad, una provincia, etc., una partida de nacimiento puede ser igualmente importante, en función de la necesidad o de la investigación. Es por esto que Del Arco considera que «los archivos son el reflejo de la sociedad», porque recogen documentos solemnes, no solemnes, de gran trascendencia pública, o que afectan a la vida privada de la sociedad en una época concreta.

La delegada de Cultura, Mercedes Valenzuela, indica que el Archivo Provincial atesora documentos desde el siglo XV con cierta continuidad y siguiendo la normativa vigente, recibe todos aquellos expedientes finalizados con más de 11 años. En cuanto a la naturaleza de los mismos, destaca fundamentalmente la documentación notarial -que es la base de los archivos históricos provinciales a partir de la II República-, pero también se comenzó a transferir la de las delegaciones estatales, y posteriormente, con las autonomías, el material que generan las consejerías. Así, las estanterías se nutren de esos protocolos notariales, de información sobre carreteras de la provincia, recoge por ejemplo todo lo que se generó en el periodo minero del siglo XIX, toda la información relativa a puentes, de Hacienda (como las declaraciones de la renta), sumarios de la Audiencia Provincial y de los distintos juzgados, del Distrito Sanitario (las historias médicas), etc. Por supuesto, todo lo que hay allí no puede ser consultado por cualquiera, hay excepciones en todo aquello que afecta a la intimidad de las personas, como por ejemplo el caso de los expedientes médicos (información no accesible hasta que no pasan 50 años desde la conclusión de la tramitación del expediente).

Y entre tanta variedad, cualquier documento puede ser una fuente de saber. Por ejemplo, como destaca el director en funciones, los protocolos notariales son fundamentales para conocer la vida privada de la sociedad en las distintas épocas. «Ahí -señala- se recogen los poderes notariales, testamentos, escrituras de compra y venta, arrendamientos... y no aclaran sólo conceptos y relaciones mercantiles, sino incluso la mentalidad de cada época. Por ejemplo, un testamento del siglo XVI, siendo su fin el mismo que en la actualidad, que es la declarar las últimas voluntades al fallecer, tienen componentes muy distintos. En el siglo XVI comenzaba el documento con una invocación a la divinidad, se mostraban preferencias por ciertas devociones a las que el testador se encomendaba, etc... La forma de repartir los bienes también era distinta, porque por ejemplo existía todavía la institución del mayorazgo, etcétera».

Por otro lado, los responsables del Archivo afirman que al contrario de lo que pueda parecer, el público que se acerca a la institución no es sólo el colectivo de los investigadores, sino ciudadanos que tienen necesidad de consultar alguna documentación para solventar alguna necesidad o algún trámite. Es por eso que cada vez son más frecuentes las peticiones de información para problemas cotidianos (consultas sobre escrituras de propiedades, comprobación de lindes, proyectos de obras para ver las posibilidades de acometer reformas, etc.). Son cosas en apariencia poco destacables pero que para el ciudadano particular son de utilidad.

Al respecto, Del Arco destaca que la institución ha expedido miles de certificados relativos a presos represaliados después de la Guerra Civil. Además, esto es algo que fue mucho anterior a todo el movimiento que ha acarreado la denominada Memoria Histórica, puesto que el Archivo Histórico Provincial de Jaén fue pionero en España, al ser la primera institución en recuperar los expedientes de una prisión provincial, de manera que ya lleva varios años acreditando a presos políticos de cara a las indemnizaciones.

Kilómetros de información

Y si no hay bastante con la información que se almacena en el Archivo, la cosa no tiene fin, puesto que se trata de una institución totalmente viva, que recibe periódicamente fondos. Parece imposible hacerse una idea del material que se almacena en el depósito, pero hay una manera de imaginárselo. Sólo habría que colocar juntos los archivadores en los que se almacena el material, y si se pusieran uno al lado del otro, se sobrepasaría el municipio de Torredelcampo. Y es que el método empleado para cuantificar el volumen de material es medir los metros lineales de los tomos de esos archivadores, y actualmente hay registrados 12.330 metros, de los cuales, 833 se sumaron el año pasado.

La documentación que alberga el Archivo Histórico Provincial de Jaén es un patrimonio más que valioso; pero si el contenido es importante y relevante, no lo es menos el continente. Y es que el edificio que alberga la sede de la institución es un hermoso edificio, situado en pleno casco antiguo de la capital, y admirado por propios y extraños.

Su impresionante claustro (que en los últimos tiempos gana protagonismo con distintas actividades culturales, conciertos principalmente) es uno de los más sorprendentes que existen en la capital, al igual que el resto del edificio, que está abierto al público durante el horario de apertura del Archivo.

Fue palacio del gobernador durante la época de ocupación árabe, pero también sede de la Inquisición e incluso hospicio, en fechas más recientes. El edificio arrastra uno de los grandes 'gazapos' históricos de la ciudad. Y es que este edificio, que fue convento de la orden dominica, es conocido como Convento de Santo Domingo, cuando su nombre real es Convento de Santa Catalina Mártir. El hecho de pertenecer a la citada orden religiosa ha sido sin duda la causa de ese error que ha permanecido hasta el punto de que todos lo conocen así, como Convento de Santo Domingo.

Nada más entrar sorprende la fachada del edificio, diseñada por Alonso Barba en 1582 y de estilo es manierista. La portada es toscana y sobre ella hay tres hornacinas con las imágenes de Santa Catalina, Santo Tomás y Santo Domingo, cerrándose con un frontón curvo con óculo en el tímpano. Todo el espacio se encuadra por un entablamento sostenido por columnas corintias, cerrándose el conjunto con un frontón triangular con el escudo de la Orden.

Con respecto al claustro, éste fue construido en la segunda mitad del siglo XVI, su planta es cuadrada de 30 metros de lado y los arcos de sus galerías son arcos de medio punto sobre columnas pareadas de orden toscano, salvo en los ángulos en que coinciden tres soportes. Consta de 60 columnas y 28 arcos. Las galerías están cubiertas con bóvedas de medio cañón con lunetos. El interior está dotado de un interesante mobiliario.

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