Fito, el mejor antídoto contra el frío

Dos horas de rock and roll del bueno convirtieron el iglú de Ferias Jaén en una olla a presión

JORGE PASTORJAÉN.
Fito and company tocando la guitarra. :: C. M./
Fito and company tocando la guitarra. :: C. M.

Ni frío, ni lluvia, ni leches en vinagre. Los fiteros -dícese de los seguidores acérrimos de un señor que canta muy bien llamado Fito Cabrales- se lo pasaron en grande una vez más. Fue un 13 de febrero de 2010 en Jaén. Los termómetros rozaban los cero grados. Y las ganas de diversión vencieron a los puñeteros elementos. Fito y Fitipaldis convirtieron el iglú de Ferias Jaén en una olla a presión con dos horas largas de rock and roll del bueno, ése que obliga a mover, sí o sí, cabeza, tronco y extremidades. Fito, acompañado por un excelso Carlos Raya, dio todo lo que pudo y un poquito más, una entrega que fue saludada con vítores por las miles almas -8.000 según la organización- que se congregaron en el Ifeja. Por cierto, muchos de fuera de Jaén, una demostración de fidelidad con todo lo que esta cayendo ahí fuera y los peligros que entraña ponerse en carretera en unas condiciones tan adversas.

A pesar de que Fito y Fitipaldis había tocado en Roquetas (Almería) veinticuatro horas antes, lo cierto es que no se apreció ningún atisbo de fatiga. El repertorio incluyó temas de todos sus discos, desde el primero hasta el último. Y también hubo algún 'nostálgico' que pidió a grito pelado «alguna de los Platero (y Tú)». No se echaron en falta ninguna de las tonadas que han convertido a Fito en un 'number one'. El año pasado, el de la recesión económica, despachó 148.000 copias de 'Antes de que cuente diez', su último trabajo. Tan sólo el ubetense Joaquín Sabina, que también comparecerá en Jaén allá por San Lucas, vendió algo más que él -150.000-. La gente tiene ganas de verle y la verdad es que él también se deja querer. Lleva varios meses recorriendo la piel de toro de punta a cabo, y todavía le quedan otros diecisiete bolos de aquí a junio.

La crónica de los hechos

Pero volvamos a la crónica de lo que sucedió ayer. El primer plato, que podría ser el postre con otro tipo de parteneres, fue La Cabra Mecánica. Lichis y los suyos presentaron en la capital 'Carne de canción', un recopilatorio con tres referencias inéditas. Mereció la pena.

Tras la proyección de un reportaje animado en el que se presentaba a los miembros de la banda, salió Fito, puntual. Empezó fuerte, respondiendo a las expectativas y enganchando a la concurrencia con su archiconocido 'Antes de que cuente diez'. «Una fría noche hasta este momento; nada más», dijo en su primer 'speech'.

Después vino todo lo demás: 'Por la boca muere el pez', 'Soldadito marinero', 'Me equivocaría otra vez', etcétera, etcétera, etcétera. Además de la presencia de unos tipos expendiendo cerveza con una especie de sifones -a nueve euros el litro, por cierto- y del extremado celo de producción por evitar que la gente de las primeras filas hiciera fotos, lo más comentado por el respetable fueron los solos de guitarra de Fito, toda una demostración de virtuosismo y de expresividad. Las seis cuerdas de su eléctrica sonaron a música celestial. También fueron aclamadas versiones como el 'Quiero beber hasta perder el control', uno de los clásicos de Los Secretos que Fito lleva tocando desde sus inicios. El público lo cantó. Bueno, en realidad lo cantó todo, una señal evidente de que sus composiciones han calado hondo y son una referencia para una generación educada, a dios gracias, en los acordes del rock.