El mal augurio del castillo del Berrueco de Torredelcampo

Vista del castillo del Berrueco en término de Torredelcampo. /
Vista del castillo del Berrueco en término de Torredelcampo.

Allí pernoctó el Maestre de Calatrava antes de su boda con Isabel de Castilla, y murió antes del enlace

MANUEL RODRÍGUEZ ARÉVALOJAÉN

EL castillo del Berrueco se encuentra dentro del término municipal de Torredelcampo. De origen islámico, se asienta sobre un afloramiento rocoso, lo que determina su planta casi rectangular, con una pronunciada caída hacía el este, determinando la división de la fortaleza en dos recintos claramente definidos.

En el interior del recinto se pueden apreciar los restos de una dependencia de planta rectangular, adosada al lienzo norte. Su pésimo estado de conservación no nos permite determinar su funcionalidad. Posiblemente, en el centro de este espacio interno, podría ubicarse el aljibe o cisterna para el almacenamiento de agua, que estaría excavada en la roca y cubierto con algún tipo de bóveda, lo que evitaría fugas y contaminación del preciado líquido.

La leyenda

Cuenta la leyenda que Pedro Girón, maestre de Calatrava, ofreció al rey Enrique IV deponer las armas si le concedía la mano de su hermana Isabel, la futura Isabel la Católica. El monarca aprobó el casamiento, aunque el maestre calatravo doblada la edad de La Católica.

Cuando Pedro Girón acudía a la boda, con lucido séquito, se detuvo a pernoctar en el castillo del Berrueco. Aquella noche una gran bandada de cigüeñas estuvo largo rato sobrevolando la fortaleza en círculos.

Las personas que acompañaban al feliz novio creyeron que lo de las cigüeñas del Berrueco era un mal augurio. El caso es que la comitiva continuó su viaje. A los pocos días acampó en Villarrubia, cerca de Ciudad Real, donde don Pedro, después de cenar, se retiró a dormir y por la mañana lo encontraron muerto de, según dice la crónica y repite Juan Eslava Galán en su libro 'Castillos y Atalayas del reino de Jaén'.

Algunos de los que le acompañaban pensaron que el monarca Enrique IV se había arrepentido de ofrecerle el casamiento de su hermana y se había conjurado para que Girón nunca llegase. No obstante, otros apuntan que la causa de la muerte de Pedro Girón fue la cena, y no precisamente porque le sentara mal.

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