Enrique Ponce lució el capote de paseo que regalará a la Virgen de la Capilla

La plaza registró una buena entrada, superior a los tres cuartos, no respondiendo por la amenaza Ponce y El Cid cortaron una oreja, respectivamente, a base de entregarse para superar las adversidades

ÁNGEL DEL ARCOJAÉN
A HOMBROS. La cuadrilla de Enrique Ponce homenajeó al su maestro paseándolo por el ruedo. /F. J.C./
A HOMBROS. La cuadrilla de Enrique Ponce homenajeó al su maestro paseándolo por el ruedo. /F. J.C.

La corrida que ponía broche a la feria de San Lucas de Jaén de este año padeció de una climatología amenazante, con un cielo que parecía que por fin arrojaría sobre nuestra tierra la lluvia tan ansiada y un viento que fue el peor enemigo de todos los que estaban en la arena. Además, los toros del bonito encierro de José Luis Pereda no acabaron de entregarse, con una sosería deslucida que terminó por aburrir y cabrear no sólo a los toreros sino también a los aficionados, que hubieron de soportar más de dos horas con la inquietud de poder mojarse, molestos por el viento y esperar cada vez a que se abría la puerta de toriles y saliera por fin el toro que facilitara actuaciones a tono con lo que ha ocurrido tantas veces en la feria de nuestra ciudad.

La nota más bonita es que Enrique Ponce desfiló con sus compañeros vistiendo el capote de paseo que por encargo de él se ha confeccionado para ofrecerselo como obsequio a la Patrona de Jaén, Santísima Virgen de la Capilla. Un detalle que el maestro desveló en el acto de inauguración de la nueva sede y casa de acogida de la Asociación Española Contra el Cáncer. Lo estrenó en esta corrida que ponía fin a la feria, cumpliendo así su promesa de homenajear a la Virgen Patrona y alcaldesa mayor de la ciudad.

La corrida

Enrique Ponce tuvo, como en tantas ocasiones, que casi inventarse unos toros para tratar de contentar a los aficionados de Jaén. Su corrida de cierre de temporada en nuestra plaza ha deparado tardes de todos los colores, aunque justo es reconocer que más tardes redondas que de las otras. Brindó el primero, al que nadie vio nada sobresaliente, con la ilusión de 'meterlo en la canasta'. No pudo ser estrellándose los deseos del diestro en un toro sin humillar y de embestidas nada claras. Entró una vez con la espada necesitando de dos crucetazos. En el otro, al que todos deseaban por la mañana en el sorteo, era precioso, tampoco pudo ser pese a sus deseos; algunos muletazos de su corte, muchas ganas y estocada que quedó muy atrás. Se le premió con una oreja.

Tampoco el lote de El Cid deparó mucho más. A los dos, eso sí, lanceó a la verónica bajando bien las manos. Mucho genio el del segundo, que fue a más durante la lidia; tuvo momentos en que hubo de bailar al son que le marcaba el toro. El quinto fue algo mejor y la faena de muleta tuvo, cuando toreó al natural, sus momentos más logrados matando de estocada corta, se le concedió otro apéndice.

Salvador Cortés sufrió con el tercero, parado y soso, aunque los comienzos con la franela fueron prometedores sin tener la continuidad deseada. Fue ovacionado y salió a saludar. El toreo a la verónica con que recibió al sexto, pronto quedó en el recuerdo, ya que con la muleta todo fue porfiar, poner mucha voluntad y dejar ver su concepto artístico que el año pasado le ayudó a triunfar en toda regla. Ayer no, no hubo posibilidad de repetir reflejando en su cara la decepción, cuando por la mañana era uno más en destacar la buena presencia del encierro que en ese aspecto les hacía coincidir, como después por la tarde todos se lamentaban del juego de los animales, ayudados también por esa climatología que tantas veces fue barrera infranqueable y motivo de ruinas taquilleras, cuyos miedos solo afrontaron ayer después de unos días soleados y de excelente temperatura.

Detalle para recordar

La realidad es que el último festejo taurino de la feria sanluqueña de este año, no tuvo el relieve deseado por los detalles antes apuntados. Todo quedó deslucido y puede que lo más sobresaliente de la jornada fuera el gesto de la cuadrilla de Enrique Ponce que, sabedores de la ilusión del maestro por la plaza de Jaén, donde ha cosechado tantos triunfos y cada año broche de su temporada, al concederle la oreja del cuarto, decidieron pasearlo a hombros turnándose los tres banderilleros en tanto el público brindaba una calurosa ovación a un torero que en la arena de su plaza de toros había conquistado la admiración y sobre todo el cariño de los jienenses. El torero lo decía al llegar al callejón: «me he emocionado mucho por el detalle de mis compañeros y por la ovación que me ha dedicado la afición. Yo quiero mucho a Jaén y agradezco detalles como el de hoy que no voy a olvidar nunca».

Tuvieron el tiempo y los toros las posibilidad de haber cambiado el rumbo de la corrida de cierre de la feria de San Lucas. No pudo ser y habrá de esperarse nada más y nada menos que todo un año para volver a encaminarnos hacia la plaza de toros del parque de la Alameda. Será una nueva feria, cuarta que organiza Taurotoro en la que quisiéramos que el toro tuviera la buena presencia que este año, pero que su aportación mejorase el juego de la que acaba. San Lucas siempre se potenciará con una buena cartelera taurina y que decir si por fin vemos la cubierta sobre el magnífico edificio de nuestra plaza, entonces será cuando realmente estemos en condiciones de ofrecer la feria la feria soñada.