Jueves, 5 de octubre de 2006
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TELEVISION
El empollón y la modelo
El nuevo fenómeno de la televisión italiana es un concurso que une a bellezas de medio pelo sin cerebro con frustrados cerebros sin la menor belleza
El empollón y la modelo
DESMADRE. Varias escenas del concurso italiano 'La tía buena y el empollón'.
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La frontera del cutrerío televisivo vuelve a estar más allá, mucho más abajo, gracias a la genialidad de la televisión italiana. 'La pupa e il secchione', algo así como 'La tía buena y el empollón', cuyo logotipo-estereotipo es un Einstein que babea por Marilyn, está arrasando.

La idea es sencilla y se limita a entrar a saco en el sotobosque sociológico y los prejuicios más machistas, filón que la televisión italiana explota con pasmosa eficacia y mayor naturalidad. Se trata de juntar una maciza, pero del lumpen, un poco quiero y no puedo, y sobre todo más bruta que un arado, con un tío aburrido que no se ha comido un rosco en su vida, aunque siempre ha sacado muy buenas notas. Fanáticas de la moda y la línea, cuya meta vital es ser famosas pero no consiguieron salir del pueblo, y gordos gafotas alopécicos, tímidos, con nulo sentido del ritmo y la seducción, que visten camisetas de publicidad del barrio.

Los nombres y fichas de las parejas lo dicen todo. Por ejemplo, «Ilari, relaciones públicas del año en la Riviera Romagnola», y «Monti, campeón de crucigramas, nunca le han besado». O «Silvia, aspirante a doble de Paris Hilton», con «Spino, poeta, historiador, es virgen». Una es modelo de ropa interior, otra, Miss Calendario 2006. Uno es astrofísico, el otro jefe boy scout. El programa junta a las parejas en una villa, en habitaciones con cama de matrimonio, y a ver qué pasa, a ver si surge el amor. Algunas están más asqueadas, pero otras se divierten y desde luego ellos la gozan, aunque pasan malos ratos, porque el programa juega a ponerles a cien. Además de la ración habitual de 'vouyerismo', con las tipas paseándose en paños menores, hay dos tipos de pruebas para que cada miembro de la pareja pueda lucirse y, sobre todo, el público disfrute con humillaciones por partida doble. Unas son físicas y estéticas, para que ellas presuman y ellos hagan el ridículo, como aerobic, kárate, coreografías y pases de modelos.

Prueba de nivel cultural

Pero es en las otras pruebas donde se disparan las audiencias. Las chicas deben demostrar su cultura reconociendo retratos de personajes célebres, con la ayuda de pistas si es necesario... que siempre lo es. La lista de rostros que no han identificado es escandalosa: Gandhi, Hitler, Stalin, Dante, Mussolini, Garibaldi («¿Ay sí, el de los billetes de mil liras!»),... El otro día salió Carlos Marx: «Pues no sé, Papa Noel». Y luego Van Gogh. El presentador le dio una pista: «Van, van,..». «¿Van Damm!», replicó ella. Aunque cabe sospechar que a veces esté preparado, lo peor es que es verosímil, al margen de que lo hacen bien.

Y después de las once, cuando por ley se puede desvariar, es el desparrame. Ellas lavan coches como en un vídeo erótico setentero. Ellos se tumban desnudos boca arriba, cubiertos por una sábana, y su pareja les acaricia vestida de porno-enfermera. Pierde el primero en tener una erección. ¿Quién da más?



 
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