Lágrimas del cielo y de los ojos

Cristo de la Vera-Cruz. /L. V.
Cristo de la Vera-Cruz. / L. V.

La amenaza de lluvia impidió que la Hermandad de la Vera-Cruz realizase su estación de penitencia

Laura Velasco
LAURA VELASCO

El día pintaba mal. Al mediodía, la Hermandad de la Vera-Cruz ya anunció su decisión de retrasar la salida de las 17:30 a las 20:00. Querían esperar a que el cielo se despejase. Lejos de hacerlo, la llovizna intermitente acompañó a la capital durante todo el día, obligando a la cofradía a suspender su estación de penitencia. Una difícil decisión que fue aceptada con resignación por los cofrades, inundados por la tristeza. Eso sí, no quisieron abandonar a su hermandad en esos complicados momentos, y permanecieron unidos durante la tarde en la Basílica de San Ildefonso entre rezos y lágrimas.

Hasta las 18:30 horas no se abrió el templo a los jienenses. Minutos antes, las mantillas y demás cofrades ya rezaban en silencio. Fuera, costaleros lloraban abrazados y penitentes sujetaban los capirotes entre sus manos, conscientes de que tendrán que esperar un año para portarlos sobre sus cabezas.

Paqui Gutiérrez es Camarera de la virgen, de patrimonio. En su rostro se apreciaba la tristeza, y sus palabras lo confirmaban. «Mucha pena la verdad, es todo el año trabajando. Es una decisión difícil de tomar pero no nos podemos arriesgar, el patrimonio es demasiado valioso como para ponerlo en la calle, y también por las personas, no podemos sacarlas para que caiga un chaparrón y pase algo», indicó la cofrade, que lleva seis años en la hermandad y tres en la Junta de Gobierno. A su lado, un joven llora desconsolado. Su llanto no le permite expresar sus palabras, y los que le acompañan se limitan a abrazarlo y tratar de tranquilizarlo, sin mucho éxito.

Sentimientos encontrados

Mari Carmen González es otra mantilla que guardó silencio en la basílica tras conocer la noticia. Sabe que hace falta el agua, pero le apenó que precisamente ayer el cielo descargase su furia. «Sentimientos encontrados», decía. «Es día un para estar aquí, en lo malo y en lo bueno. Llevo aquí 10 años y que recuerde se han suspendido tres o cuatro. Las imágenes siempre están aquí y yo siempre los visito, no es una semana, son 365 días del año», apostilló.

Vestida de calle miraba fijamente al cristo Petro García, una exmantilla que sigue estando muy ligada a la hermandad. Ayer tenía que estar de viaje, pero prefirió acercarse antes a la cofradía. «Siento mucha pena porque tenemos mucha ilusión», apuntó. Son tres rostros que ponen voz a las decenas de personas que ayer vieron frustrado su deseo de pasear su devoción por las calles. Ya piensan en la próxima Semana Santa, y mientras sus ojos lloran con la misma fuerza que lo hace el cielo.