Última oportunidad

Última oportunidad
JAVIER PEREDA PEREDA
JAVIER PEREDA PEREDA

El presidente por accidente, el que no ha sido votado, cada día nos deja más atónitos. Se está dando prisa por vender la nación española a trozos a sus socios independentistas, para garantizarse un Frente Popular contra la oposición. Si hace una semana entregó la radiotelevisión pública a los neocomunistas, ahora recibe al catanazi Torra con el lazo amarillo en la solapa afrentando la dignidad de los españoles. La deslealtad de este Ejecutivo con la Constitución nos deja perplejos con gestos guerracivilistas: han pasado del amor libre a meter a un notario en la cama, cargándose la presunción de inocencia y endureciendo la ley de venganza de género; está desenterrando al franquismo para enterrar la Transición, ahondando en la desmemoria hemipléjica de odio histérico; y su laicismo liberticida y totalitario le lleva a suprimir la demandada asignatura de religión.

Ante este panorama sombrío y desolador, las perspectivas para arreglar y combatir este desaguisado no son muy halagüeñas, a resultas del proceso electoral de primarias del principal partido de la oposición. Parece como si la eliminación del Mundial de la selección nacional de fútbol -un despropósito detrás de otro-, tuviera su reflejo en la vida política. El hecho de que por vez primera no haya dedazo en el nombramiento del presidente del partido, en lugar de ser una excelente noticia de democracia interna, se ha convertido en un problema. Existe tan poco aprecio en el 'establishment' de esta formación por la libertad, que la 'Niña de Rajoy', la ganadora de la primera vuelta por un poco más de mil votos -un empate técnico- tiene auténtico pavor a un cara a cara electoral con su adversario, Casado, después de descabalgarse la tercera en liza, Cospedal. El aparato heredado del registrador de Santa Pola, para que no exista ningún debate ni confrontación de ideas, aduce a un mal entendido quebranto a la unidad del partido. Se evidencia que estamos a años luz del auténtico sentido del debate de programas de los padres de la democracia, como en las primarias de los partidos demócrata y republicano en los EE.UU., cuando se discute hasta la extenuación todas las cuestiones. Aquí, la ex vicepresidenta es la persona que más poder ha acumulado desde Godoy con Carlos IV, en un partido que pasó de los once millones de votantes a quedar reducido a la mitad, con su único programa de alcanzar el poder; entendemos que con las mismas recetas que su mentor, y gestionando la crisis catalana con el diálogo y los brillantes resultados del 1-O. La vallisoletana heredera de quien permitiera un gobierno 'Frankenstein' al no dimitir la tarde de autos para abortar la moción de censura, y que controla un gran número de compromisarios que han de votar en la segunda vuelta, se postula como gestora del legado del finado, y como la posible primera mujer que presida el partido; una mamarrachada feminista que avala aún más la tesis del desnortamiento ideológico de la derecha.

Algunos llevamos advirtiendo, desde hace al menos un lustro, la paulatina desnaturalización del partido que se refundara hace casi treinta años en Sevilla por Aznar, ya que el pontevedrés fio su apuesta únicamente a la mejora de la economía. Ahora surge una leve brizna de esperanza que representa el joven abulense que invoca los principios y valores para asaltar La Moncloa, después del viraje ideológico copernicano en Valencia capital Bulgaria. Volver a los orígenes de bajar los impuestos, retomar a las víctimas del terrorismo como Ortega Lara o la política antiterrorista de María San Gil, ilegalizar los partidos independentistas y tipificar el delito de referéndum ilegal, defender la familia y la vida contra las políticas de ingeniería social de género, y superar los complejos de la hegemonía moral de la izquierda... El partido popular no corre el riesgo de dividirse, porque ya está dividido en dos corrientes ideológicas opuestas. Si los compromisarios votan a Santamaría se producirá la defunción del PP (UCD replay), y Abascal y Rivera serán los herederos. Pero todavía existe una última oportunidad para salvar a esta formación política, si Pablo Casado -es como David contra Goliat o Croacia contra Francia- gana la partida.

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