Santiago Ydáñez

Santiago Ydáñez
MANUEL MOLINA

Comienza el nuevo curso, el profesorado con el trajín propio, el alumnado renqueante después de la grata libertad estival y los progenitores (ya saben A y/o B) contentísimos al deshacerse de la continuada vigilancia de sus retoños. Comienza el tiempo de aprender, en el cual escasea cada vez más la creatividad e impera la repetición, la mímesis aunque esta sea digital y presente cierta pátina de modernidad. La educación artística es la siguiente diana, después de las humanidades, que debe hundirse para crear más rebaño al cuidado de menos pastores. Por esa circunstancia escribo hoy sobre arte, sobre uno de los más destacados artistas jienenses, Santiago Ydáñez. Tal vez como memoria de los recientes alumnos que no sabrán reconocer su obra, ni la de otros autores porque no habrán tenido oportunidad de recibir los conocimientos básicos para ello.

Y escribo sobre Ydáñez después de conocer el enorme lienzo que ha pintado (catorce metros por ocho) para la exposición 'Místicos' que se inaugura a finales de mes en Caravaca de la Cruz. El protagonista es un retrato de San Juan de la Cruz, un místico y enorme escritor relacionado también con Jaén, como sabemos, donde a duras penas lograron descansar algunos de sus huesos después de sonrojantes litigios. Para el artista de Puente Génave los místicos han sido recurrentes en su obra, sus rostros se han fijado a los lienzos a través del acrílico en numerosas ocasiones, luego era de recibo que estuviese presente en una magna celebración y encuentro como el de Murcia.

Sin embargo, no es esa vertiente la que más me atrae de este verdadero poliedro artístico, ni sus obras de tamaño XXL, sino otras circunstancias. Por un lado, el volumen de sus creaciones tiene una razón casi corporal, creativa en la que se crea una comunión entre el cuerpo y la tela unidos por el movimiento al impregnar esta. Sus vídeos de creación en las redes muestran una especie de danza en la que aparecen poco a poco rostros, animales, o paisajes durante un proceso creativo continuado, que cesa tras la horas de proceso elaborativo con un punto final, no existe el seguido, ni el paréntesis, acaso alguna coma para respirar y pensar. Lo que más me atrae del pintor son sus creaciones en blanco y negro. Tienen algo de japonés, de trazo caligráfico donde el blanco y el negro -con su combinación de gamas- perfilan siluetas con trazo duro pero resultado poético.

Los retratos, humanos y animales, del pintor de Génave son rotundos, hiperbólicos, germinados desde el expresionismo con la pertinente exageración, hiperrealismo, pero una vez recibida la primera impresión, aparece la poesía. Creo que por eso emociona su pintura, al menos me transmite esa sensación cada vez que he apreciado una de sus exposiciones, generadas desde Jaén, Granada o Berlín, donde mantiene taller.

Es curioso que cuando busco hablar bien de Jaén casi siempre encuentro el recurso en algunos oasis artísticos. Grandes artistas cuya producción está expuesta en su mayor parte fuera de esta tierra, tal vez ese sea el mérito no andar mendigando a las administraciones públicas porque su marca se sostiene: reconocimiento. Tenía ganas de hablar de este artista, espero lo (re)conozcan. Viva la pintura, leí en una pared hace poco.

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