Robótica

La robotización está cambiando de manera rotunda el sentido de nuestras vidas y todo lo damos por bueno

JOSÉ ÁNGEL MARÍN
JOSÉ ÁNGEL MARÍNJAÉN

Son pocos los que conciben hoy la vida sin prodigios tecnológicos. Los cambios son vertiginosos y constantes. El futuro se confunde con el presente y los nuevos ingenios no se distinguen bien de la magia como en un relato de Julio Verne.

¿Alguien se anima a trastear la sofisticada maquinaria que hay bajo el capó de un automóvil? ¿Puede explicarse con sencillez cómo funciona el ordenador que tengo delante convertido ya en un apéndice más de mi cuerpo? ¿Qué se cuece en las tripas del 'smartphone'?

Tiene su aquel y quiero pensar que los duendes cibernéticos -aunque desconocidos- son amigables, que no son una amenaza para los seres biológicos, aunque resulta evidente que la jungla digital es la que impone su ley al cerebro humano. Dicen sus adeptos que es una de las servidumbres de lo que llaman progreso, el tributo que hay de pagar para que todo sea más fácil. ¡Y voy yo y me lo creo! Pero ya puedes decir misa porque lo cierto es que a la sabiduría vinculada a los sentidos le quedan dos telediarios. La robótica y la inteligencia artificial han conseguido estrangular al humanismo.

La comunicación entre los hombres y las máquinas pertenece hoy al terreno de la 'quintaesencia'; asunto de estos flamantes alquimistas capaces de trajinar con los chips que regentan el éter informático. La miniaturización tecnológica ha hecho que todo sea aún más críptico. La microelectrónica es una monería, pero más opaca que su madre. Nanómetros imperceptibles al ojo humano hacen muy oscura la telemática para el común de los mortales.

En la pantalla aparecen letras cuando pulso el teclado, y no sé por qué. Quizá sea irrelevante conocer lo que sucede dentro de la computadora, o quizá no tanto. La tecnología va a lo suyo, marca su ritmo, y la gente se adapta a ello sin pensarlo. La robotización está cambiando de manera rotunda el sentido de nuestras vidas y todo lo damos por bueno. La automatización es ahora la clave del mundo.

Pongo un ejemplo: La supresión galopante de empleos que hasta hace poco eran cosa de humanos tiene su miga, pues nuestras sociedades se basan en el trabajo asalariado del que ahora se encargan robots. Cacharros que parecen tener vida propia y espíritu ígneo son la nueva piedra filosofal que deja al personal en paro. Hasta hace poco los robots industriales auxiliaban a los currantes, pero vemos ahora como son los trabajadores quienes ayudan a los robots.

Hablo de que en breve serán sustituibles por maquinaria digital o 'big data' el 48% de los puestos de trabajos. Y está claro que en esa espiral robótica serán los empleos de baja cualificación los que caerán primero. Quizá salven el culo los trabajos basados en el llamado 'pensamiento experto'. Ante esta inercia será solo una aristocracia la que se libre de la quema, una élite formada por aquellos capaces de solventar cuestiones para las que no hay soluciones predeterminadas o automatizadas. Solo ellos serán necesarios si lo permiten las máquinas.

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