Puerta grande al arte de Curro Díaz

Curro Díaz sale a hombros de la plaza de Jaén. /ENRIQUE
Curro Díaz sale a hombros de la plaza de Jaén. / ENRIQUE

El diestro linarense cortó una oreja a cada uno de sus toros y fue el triunfador de la tarde | De vacío se marcharon Alejandro Talavante y Roca Rey, con pésimos toros de Algarra, Las Ramblas y Daniel Ruiz

ÁNGEL A. DEL ARCOJAÉN

Comenzó la feria taurina de San Lucas, la última gran feria del año, la que pone broche a una temporada que ha servido para recuperar poco a poco las sensaciones perdidas en los últimos tiempos, ya saben, crisis económica tan dañina para la sociedad, y para que se apacigüen las críticas, por lo menos un poco, de los antis. El aficionado taurino y el público en general pudo ir a la plaza de toros con la tranquilidad de saber que no se iban a encontrar una manifestación, o, mejor dicho, una mínima representación de personas protestando por la celebración de los festejos taurinos.

En los días previos al comienzo de la feria taurina, mirábamos con interés y cierto recelo a las taquillas de la plaza de toros. Mirábamos bien, porque nos interesaba saber cuál era la venta real de entradas, sobre todo después de los desastres de años anteriores. Era y es un termómetro válido para saber en realidad el grado de interés que ha levantado el serial de este año, un abono más que interesante, con dos carteles de primer nivel, igualando nuestra feria con cualquiera otra por importante que sea.

Regular entrada en los tendidos del coso del Parque de La Alameda, bien bonita lucía la plaza, ambiente de toros, aunque todavía falta en nuestra bendita tierra un empujón más, ese último esfuerzo para consolidar el abono y de paso convencer a todos aquellos que todavía andan remisos a anunciarse en nuestra feria. Eso solo se consigue con buenos carteles y respuesta de público masiva. Los carteles buenos ya los tenemos, lo otro depende de nosotros, si de verdad queremos tener esa gran feria que deseamos. A veces, lo decimos con la boca demasiado chica.

Cierto es, que los toros anunciados en un primer momento en el cartel eran de Luis Algarra, al final sólo vinieron dos, los otros mejor en el campo. Se pueden imaginar, final de temporada, a unos les faltaban kilos, otros con algún pitón en malas condiciones, lo dicho, mejor que no vinieran. Al final, dos del hierro titular, otros tantos de Daniel Ruiz y 'Las Ramblas'. Buenas ganaderías todas, aunque su presentación dejó mucho que desear, tan solo se salvaron los titulares de Luis Algarra, los otros pitados de salida, también en el arrastre. En cuanto a juego, de todo, nobles los de Algarra, sin opciones los de Las Ramblas, que echó dos infumables que suponemos le sobraban en la ganadería. Los de Daniel Ruiz, nobles, pero a menos en el último tercio.

Arte linarense

Pero que buen torero es Curro Díaz. Hasta haciendo el paseíllo gusta el linarense. Rezuma torería, el sabor añejo de los toreros de antes. No es de esta época, en otras sería un referente para futuras generaciones. En la actual, le cuesta encontrar su sitio, también el reconocimiento a su inmensa torería. Son tiempos los de ahora, que nos conformamos con cualquier cosa, por eso a este tipo de toreros les cuesta mucho más, aunque todavía algunos, bastantes diría yo, disfrutamos con cada actuación de un torero como Curro Díaz.

Ayer el linarense salió a hombros tras una tarde muy completa, viéndose las dos versiones de este torero. Con el primero de Algarra, toro que tuvo nobleza y buena condición, vimos al torero artista, toreando con la planta relajada, temple y suavidad. Formó un alboroto en los tendidos cuando ligó tres series sobre la mano diestra, pulseando la noble embestida del animal. Muñecas de seda utilizó el linarense en muletazos que tuvieron sabor y enjundia. También al natural, aunque al animal por ese lado le costaba más, le enjaretó varios naturales de esos que ponen en pie al público, aunque quizás, la faena tuvo el inconveniente de ser la primera, con el público todavía buscando su lugar. Lo cierto es, que después de media estocada en buen sitio y que el toro rodara sin puntilla el premio fue de una sola oreja.

Otra consiguió del cuarto de la tarde, toro de 'Las Ramblas' que fue malo, sin opciones, aunque el linarense quiso demostrar lo contrario. Apostó, tirando la moneda a cara o cruz. Salió cara por el empecinamiento del torero que se la jugó en las primeras series, aguantando parones y alguna que otra colada. Expuso en una labor basada casi toda sobre la diestra, destacando al final de su trasteo, en una serie por ese lado. Relajó de nuevo la plata, con la figura erguida y corriendo la mano en una extraordinaria serie. Al final, con el toro ya muy parado, se pegó un torero arrimón, sin excentricidades, pero con valor sereno. Mató de pinchazo y estocada trasera para cortar una merecida oreja que le valía la Puerta Grande.

Pocas opciones de lucimiento tuvo en la tarde de ayer el extremeño Alejandro Talavante. Con su primero, que lució el hierro de 'Las Ramblas', se estrelló ante un toro flojo, soso y descastado. Nada destacable con el capote, poco o casi nada con la muleta. Se puso el torero por los dos lados, en una labor muleteril carente de lucimiento por las escasas opciones que daba el toro. Se justificó el torero en un trasteo insulso y sin contenido. Además, mató mal, de un feo bajonazo. Palmas para el torero y fuerte pitada al toro en el arrastre.

Parecía que el quinto de Daniel Ruiz le iba a posibilitar a Talavante darle la vuelta a su tarde en Jaén. Pero el toro que sacó nobleza tuvo poco fondo, es decir, que fue a menos en la faena de muleta. Antes, en el tercio de banderillas, vimos dos buenos pares de Juan José Trujillo. Luego vimos a un torero que quiso y en algún momento pudo, pero lo cierto, es que el trasteo nunca tomo vuelo, y eso, que el torero lo intentó, aunque se fue contagiando de la sosería que desprendía su enemigo. Labor de más a menos que finalizó con varios pinchazos. Cambió una posible oreja por una cariñosa ovación del respetable.

Roca Rey

Algo parecido le ocurrió al peruano Andrés Roca Rey. Cierto que no tuvo toros, aunque tampoco vimos su mejor dimensión. Con su primero de Daniel Ruiz, consiguió lucirse con el capote, primero en el recibo a la verónica y chicuelinas y posteriormente en un variado quite. Con la muleta, que la inició con estatuarios levantó una fuerte ovación. Después el trasteo se fue diluyendo conforme se apagaban las fuerzas de su oponente, que tampoco fueron muchas. Labor de largo metraje que finalizó entre los pitones, con redondos y desplantes. Falló a la hora de la suerte suprema recibiendo una ovación.

Con el sexto de Algarra, se aburrió tanto el torero como el toro. En esas condiciones el lucimiento fue escaso. Intentos por un lado, intentos por el otro, y entre pase y pase, bostezos de un público hastiado ante tanto toro malo. Fue despedido con palmas a su 'poca' voluntad.