Los 'paisajes' de una gota de sangre

El citomegalovirus adopta forma de labios carnosos./ANA G. RUANO
El citomegalovirus adopta forma de labios carnosos. / ANA G. RUANO

Virus con forma de labios, linfocitos que parecen corazones, oxalato como si fuera confeti... el arte de Ana García Ruano

JORGE PASTOR JAÉN.

Para ver luciérnagas en los neutrófilos, maratonianos en los espermatozoides o carnosos labios rojos en un citomegalovirus hay que tener una sensibilidad muy especial o llamarse Ana García Ruano, una mujer que ha convertido en arte sus tres grandes pasiones: el análisis clínico, la fotografía y la literatura. Y así se ha inventado una sorprendente suerte de biofotografía que ella mismo ha bautizado con el poético nombre de 'Instantes vitales'. El nombre de sus obras, tomadas directamente del microscopio y con muestras de pacientes reales -siempre preservando el más absoluto anonimato-, ya anticipa que estamos ante algo tan bello como sorprendente gracias al efecto de los colorantes. En el caso de 'Corazón', donde se observa un linfocito con forma de corazón rodeado por decenas de hematíes y al que acompaña el texto: «¿Se medirá la bondad de las personas por la cantidad de linfocitos con forma de corazón?» O 'Supervitaminados', donde se ve una especie de lluvia de cuadraditos y rectángulos verdes, fucsias, azules, marrones... y de los que Ana García dice «no, no es confeti; son cristales de oxalato cálcico en orina en personas 'adictas' a la vitamina C».

Ana García, que estudio Farmacia en la Universidad de Granada y se formó en Análisis Clínicos en el Hospital Virgen de la Nieves, explica que «en nuestro laboratorio, la Unidad de Gestión Clínica del Complejo Hospitalario de Jaén, atendemos unas 1.600 peticiones diarias con diferentes técnicas, algunas tan sofisticadas como la secuenciación del exoma en la sección genética». «Estoy en urgencias, lo cual me va como anillo al dedo por su dinamismo y por la variedad de muestras», agrega.

Y ahí es cuando, junto a la eficacia y la profesionalidad de su labor, surge de vez en cuando esa fotógrafa que Ana lleva dentro (y fuera) y convierte un análisis de sangre en una obra de arte donde juega con las formas y los colores para plasmar en una microfotografía algo tan íntimo y personal como nuestro estado de salud. «Todos los fotógrafos hacemos retratos buscando una mirada, un gesto o una sonrisa que nos hable de su interior; ¡estas fotos son literalmente nuestro interior!», exclama Ana García, quien agrega que estas imágenes, que luego ella convierte en prosa dando rienda suelta a su creatividad, «nos cuentan cómo estamos, cómo somos, cómo nos alimentamos y muchas cosas más».

A la hora de valorar qué 'bichito' -valga la expresión- le parece más fotogénico o más bello, Ana tiene sus dudas: «Difícil elección, aunque me fascina ver a un glóbulo blanco comerse las bacterias para defendernos de una infección». «O la inmadurez de las células sanguíneas en un recién nacido». «O cazar 'in fraganti' a un basófilo, que están en tan poca proporción que es una lotería encontrar uno de ellos». «A veces se mezclan los sentimientos ya que, por un lado, apreciamos la belleza de una célula tumoral y, por otro, no podemos evitar pensar en esa persona», refiere Ana.

Tecnología

Respecto a la tecnología que emplea Ana para 'retratar' leucocitos, plaquetas y demás, los analistas viven rodeados de máquinas de alta tecnología que les alejan cada vez más del clásico microscopio, pero hay determinadas pruebas en las que hay que remangarse la bata y, como dice Ana, «ponerse con las manos en la masa». Toman una gotita de sangre o cualquier líquido biológico, lo extienden sobre un cristal y tiñen, con la tinción de panóptico rápido una serie de fijadores y colorantes... y ¡zas!, ahí está, detrás de la lente, el universo maravilloso de lo que todos llevamos dentro. «Nos gusta mirar las estrellas ¿por qué no echar un ojo también al microcosmos de nuestro interior?», se pregunta Ana a modo de respuesta.

Cuando Ana, que nació hace cuarenta años en la Rambla (Córdoba) y vive en Granada desde 1997, no está rodeada de microscopios y tubos de ensayo, lo normal es encontrarla casi siempre con la cámara en la mochila. «Hace unos años llegó a mi vida, se fusionó directamente con mi ADN y ahora me acompaña en cada paso que doy». «Si subo al monte, viene conmigo; en mis viajes saqué los zapatos para meter el equipo; y claro, en el trabajo también está presente», confiesa.

También cuando junto a su alter ego, su socia en Sweet Shot Photos, Rocío Ortega, hace sus trabajos comerciales en la BBC (bodas, bautizos y comuniones) y en otros muchos campos de la fotografía profesional y artística. «Los leucocitos son bellos curiosos y fascinantes, pero ni pagan ni agradecen tu trabajo», comenta entre risas. «En cambio -añade- las parejas que se casan te pagan y, además, te hacen sentir especial y partícipe de uno de los días más felices de su vida».