El olivar se juega su futuro entre precios bajos y una PAC con incertidumbres

El sector agroalimentario europeo se enfrenta a graves problemas entre los que se encuentra el relevo generacional. /IDEAL
El sector agroalimentario europeo se enfrenta a graves problemas entre los que se encuentra el relevo generacional. / IDEAL

Una bajada de precios en origen tan brusca, en algunos momentos superando el 30% respecto a la campaña pasada y un 60% menos si lo comparamos con los precios que reciben los productores italianos se debe, a nuestro juicio, en gran medida a estrategias erróneas y suicidas que apuestan por la cantidad antes que por la calidad

CRISTÓBAL CANO Secretario General de Upa-Jaén

Los precios del aceite de oliva en España se encuentran por debajo de los umbrales de rentabilidad en el olivar tradicional, coincidiendo con el aviso de la Asociación Española de Municipios del Olivo, que marca el coste medio de producción para un kilo de aceite en los 2,73 euros para esta tipología de olivar que es la mayoritaria en Jaén, Andalucía y España.

Una bajada de precios en origen tan brusca, en algunos momentos superando el 30% respecto a la campaña pasada y un 60% menos si lo comparamos con los precios que reciben los productores italianos se debe, a nuestro juicio, en gran medida a estrategias erróneas y suicidas que apuestan por la cantidad antes que por la calidad. No se dan circunstancias objetivas para que estemos por debajo de los 3 euros como mínimo, porque, a pesar de que la producción en España ha sido mayor de lo previsto inicialmente, se ha registrado una importante disminución de cosechas en países de la Cuenca Mediterránea y consecuentemente tenemos una menor producción mundial de aceite de oliva que la campaña pasada. Además, hay que tener en cuenta que esta situación ilógica de bajos precios no beneficia tampoco a los consumidores que no han visto reducido en la misma proporción el precio que pagan en los lineales de la distribución, donde los precios del aceite no han variado con respecto al año pasado, en todo caso han disminuido levemente manteniéndose en el entorno de los 3 euros el litro.

Debemos lamentar, además, que algunas grandes superficies han vuelto a generar ofertas puntuales a la baja utilizando el aceite de oliva como producto reclamo contribuyendo a la banalización de nuestro «oro líquido», mandando un mensaje al consumidor de que ese «oro» no lo es tal pues se ofrece a un precio «de saldo». Todos tenemos que poner de nuestra parte para evitar estas prácticas. Por una parte, el sector productor mediante las denuncias y la presión ante las diferentes administraciones, a la vez que establecemos alianzas con el sector comercializador para que se haga un reparto justo del valor del producto a lo largo de la cadena.

Mayor beligerancia

Por todo ello, reclamamos una mayor beligerancia a la Junta de Andalucía porque, hasta ahora, el Gobierno Andaluz no se ha implicado como debería en la persecución y sanción de unas prácticas comerciales abusivas que hacen mucho daño al sector. Y también, como no puede ser de otra manera, instamos al Gobierno Central a una modificación de la Ley de la Cadena Alimentaria, un buen instrumento que, sin embargo, no cumple el objetivo fundamental con el que fue aprobada: conseguir el equilibrio entre todos los actores que participamos desde la producción hasta llegar al consumidor final. Por último, a nivel europeo la PAC post 2020 debe de establecer mecanismos de regulación de mercados eficaces que tengan como referencia los costes de producción para salvaguardar un sector estratégico como lo es el agroalimentario en todo país. Con todo ello no podemos obviar que desde el propio sector productor tenemos que redoblar nuestros esfuerzos en mejorar la comercialización, diferenciación y valorización vía precio.

Pero el olivar se juega su futuro también en Europa, la inminente cita con las urnas del 26 de mayo será un momento clave que puede marcar un antes y un después para el devenir del aceite de oliva y de los intereses de nuestros agricultores. La Comisión y el Parlamento europeos que surjan de esa cita electoral determinarán en gran parte el modelo agrícola europeo para las próximas generaciones.

El sector agroalimentario europeo en su conjunto se enfrenta a graves problemas entre los que se encuentran el relevo generacional, la baja renta agrícola, las futuras prácticas agronómicas, la volatilidad de los mercados o la lucha contra el cambio climático y que deben abordarse desde un ámbito supranacional.

Una PAC bien diseñada

La obligación de contar con una PAC fuerte, con presupuesto, que apueste realmente por la agricultura familiar, profesional, por las pequeñas y medianas explotaciones, por y por la visibilización de las mujeres rurales, necesita de fuerzas políticas con miras europeístas, con ganas de trabajar por mejorar el desarrollo rural y la cohesión territorial, y no por otras opciones que abogan, directa y abiertamente, por la eliminación de la propia Unión Europea y en consecuencia de políticas tan determinantes para nuestra provincia como la PAC que, con sus aciertos y errores, resulta vital para el devenir de nuestro futuro. Los productores españoles y europeos necesitamos una Política Agraria Común bien diseñada que sea una aliada fundamental para seguir haciendo nuestro trabajo. La PAC ha sido y debe seguir siendo, la columna vertebral del proyecto europeo, un vínculo que ayude a reducir la brecha entre el mundo rural y el urbano y la mejor garantía para mantener la soberanía alimentaria que nos proporciona el mejor sistema agroalimentario del mundo.