La lluvia fue tormenta

Una encuesta, en apariencia ilusa de ABC, mostró unos raros nubarrones en forma de escaños para VOX

MANUEL MOLINAJAÉN

La escena comenzó más tarde de lo previsto ya que en Sanlúcar no había papeletas del partido Equo. Lo votaron ochenta y cinco personas. En Andalucía se esperaba la lluvia que cambiara el panorama político de treinta y seis años. Una encuesta, en apariencia ilusa de ABC, mostró unos raros nubarrones en forma de escaños para VOX. Pueden tener entre ocho y diez. Tal vez esté cocinada como la del CIS, pero produjo un rebullir nervioso ante las pantallas que seguían el escrutinio. La carga de agua comenzó con estruendo ya que el PSOE se desfiguraba con la pérdida de escaños. No había servido la sonrisa de la lideresa venida arriba y prescindiendo incluso de siglas en la cartelería. Adelantó elecciones para que precisamente eso no ocurriera. El PP como era de esperar se desinflaba y soltaba votos que suponíamos irían a la suma de Ciudadanos, comodín y sustento oxigenado de la última legislatura socialista. Caso singular porque era el único partido no fagocitado al convivir con ellos. Adelante Andalucía que intentó sumar en unión perdió trescientos mil votos. Mientras truenos y aparato eléctrico anunciaban un temporal y de los malos. VOX superaba con creces todas las expectativas y llegó con doce escaños. No hubo un solo Linceo que avistara lo ocurrido ni de lejos, las Furias llegaron en silencio, en urnas de metacrilato.

Recuerdo una imagen de un alteradísimo Matías Prats en la transmisión de un mundial sin saber que estaba en directo. Lo estaban volviendo loco con las entradas de vídeo erróneas. Se vio desbordado y gritó: ¿pero esto qué es?, ¿pero esto qué es? En el interior del susanismo ocurría igual. Dos preguntas sin aparente respuesta y una riada arrasadora. En los barrios que esperaban la lluvia se frotaban las manos. Ciudadanos sobrevivía al arrimo del poder y el PP que esperaba un cataclismo se convertía en eje para poder gobernar con uno de sus peores resultados. Cuanto peor, mejor para mí. Adelante se frenó y se quedó bajo la cortina de agua empapándose como se hace cuando te pillan un chapetón y una decepción. VOX era el atípico ganador sin que el personal conociese su ni su programa, ni sus líderes. Ni George Orwell se hubiese imaginado tal realidad, propia de ficción si no fuese porque esa tormenta venía impulsada como un airado Eolo por ellos.

Con la pesada digestión de esa noche hemos descubierto que uno de los más insignes microrrelatos de Augusto Monterroso describía esta tormenta con siete palabras: «Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí». En pleno siglo XXI aparecía otra vez aquel monstruo que formó parte de nuestra cainita historia. Evidentemente lo había alimentado independentistas xenófobos, ansias de poder sanchistas-susanistas, revueltas revolucionarias de casoplón, oportunismo demagógico ciudadanil e incompetencia pepera. Un cóctel explosivo, cargado en silencio y lanzado en el momento oportuno con química desde la propia democracia. Ahora la culpa es de los abstencionistas. Qué pena, ¿no? Después de que la tormenta arrasara hay que echar la culpa a que no llovía en mucho tiempo y el sol ese día estaba en otro lado, en la aceituna o rascándose sus partes delante del televisor viendo Telecinco. Algo habréis hecho mal, amiguetes. ¿No? Sigue lloviendo.

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