Libros, mentiras y cintas de vídeo

Negociar un pacto de legislatura para Andalucía tras los resultados de 2D es una hazaña que va a requerir además de respeto al Estatuto de Autonomía, generosidad y sentido común. Como la experiencia es un grado y esta se adquiere con el transcurrir de la vida y la lectura, Antonio Agudo y Ernesto Medina se atreven a ofrecer a los negociadores pautas para el buen acuerdo.

Libros, mentiras y cintas de vídeo
ANTONIO AGUDO MARTÍN y ERNESTO MEDINA RINCÓNJAÉN

Distopías para firmar pactos

Eviten, cómo en 'El Sonido del Trueno', de Bradbury, que un idiota pise un ciempiés y lo joda todo.

Andan nuestros próceres del sur sacando pecho palomo y haciendo notables algarabías para intentar esconder que las votaciones del pasado domingo los han dejado muy pequeños y menos coloridos de los que se creen estos pajaruelos. Brincan de rama en rama derrochando silbos y trinos para quedarse con los huevos en el nido, pero la realidad les ha dejado con los cálamos al aire. La culpa es suya y ellos son los que tienen que poner arreglo a lo ocurrido y para ello me permito, con la venia del profesor Medina, recomendar a los que están obligados a firmar pactos y llegar a acuerdos que se lean algunas novelas notablemente inspiradoras y en las que el argumento se desarrolla en mundos que hicieron posibles los miopes que no fueron capaces de mirar más allá de sus mezquinos horizontes.

Empiecen por la historia de 'El Hombre en el Castillo', de Phillip K. Dick, en la que los nazis y los japoneses se reparten el mundo tras ganar la II Guerra Mundial. Los sometidos se ven obligados a dar entretenimiento y placer a los nuevos señores. Por favor tengan en cuenta que Gilead está más cerca de lo que parece y los cuentos de la criada no lo son tanto. Déjense de pendejadas y gilipolleces y eviten que los morlocks (literalmente) les coman la merienda a esta élite de elois a los que se refería H.G. Wells viviendo la vida muelle y pereciendo por tanta pereza. En lugar de pensar en cómo sacarnos las perras con el diésel y los peajes en las autovías deberían detenerse en el desvaído mundo, perfilado al carboncillo porque hasta mataron su color, de Cormac McCarthy en 'La Carretera'. No nos reduzcan a personajes sin nombre deambulando por la ceniza.

Tómense un respiro y lean a P.D. James y lo que ocurre si con tanta asepsia, corrección política y zarandajas empezamos a terminar de tener hijos y los hombres apenas son recuerdo de la especie que fueron.

Deténganse a pensar que el futuro nos pertenece a todos y que, como describe KazuoIshiguro en 'No me Abandones', las malas elecciones y los equivocados reglamentos sobre los avances científicos derivan en el surgimiento de granjas colegios en los que se crían seres humanos para servir de bancos orgánicos.

El huevo de la serpiente está incubándose. Eviten, cómo en 'El Sonido del Trueno', de Bradbury, que un idiota pise un ciempiés y lo joda todo.

Y erotismo para los pájaros

Apelo al magisterio de Luis García Berlanga del que empezaré por glosar sus enseñanzas cinematográficas.

Tanta bondad anida en vuestro corazón, maestro Agudo, que además de capacidad para acoger a esos 'pajaruelos' asilvestrados y displicentes que revolotean dubitativos sin saber qué conviene más a sus propios intereses pajariles que no a los del bien público, les supone a esas mentes pajareras unos conocimientos intelectuales de los que yo, más maligno y escéptico, dudo. Por mor de facilitarles la senda del conocimiento que usted les brinda, la cual ha de conducirlos a pactos, censuras, descalificaciones, componendas, cambios, consensos o alternativas que con seguridad meditarán en beneficio de la res pública andaluza y dado que gozan de tiempo limitado para la lectura en estos trasiegos, les sugiero que vean las versiones cinematográficas de las novelas que usted propone: 'La carretera' (John Hillcoat, 2008); 'Hijos de los hombres' (Alfonso Cuarón, 2006); 'El hombre en el castillo' (serie que ya lleva cuatro temporadas); 'El sonido del trueno' (Peter Hyams, 2005) y así sucesivamente. Me permitirá que ante ese alarde de erudición y lecturas aprehendidas, yo, por mi contra, me deslice por sendas más españolas y relajadas. Apelo al magisterio de Luis García Berlanga del que empezaré por glosar sus enseñanzas cinematográficas. Sepan nuestros volátiles políticos que no esperamos un 'Bienvenido Mr, Marshall', ni que haya según qué 'Jueves, milagro' que igual que en los cuentos de hadas a golpe de varita mágica transforme la realidad. Es posible que, como ya anticipo el visionario don Luis, vayan 'Todos a la cárcel', pero para no tensar la cuerda de la convivencia les recomiendo encarecidamente que presten atención a 'La vaquilla' no sea que Andalucía, y por ende España, partidas en dos mitades irreconciliables, queden en tierra baldía pues en la pretensión de salvarlas prefirieron dejarlas yermas. Debieren tomar también apuntes, y luego ser examinados por tribunal severo, de la trilogía de la familia Leguineche, 'La escopeta nacional', 'Patrimonio nacional' y 'Nacional III' por mor de no dar esos espectáculos rancios y casposos que a ellos agradan y al pueblo alejan de las urnas. No obstante, se nos pedían novelas que convinieren a vuestros gobernantes para este periodo de tribulación que se avecina. Nuevamente recurro a Berlanga que fue director de la colección de literatura erótica por sugerente nombre La sonrisa vertical. Afánense después de las largas jornadas de negociación en la placentera lectura de 'Ligeros libertinajes sabáticos' para que el sosiego del erotismo los lleve a resolver el endiablado problema de la gobernación de la manera más satisfactoria.

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