Jaén en el entorno de la olivicultura mundial: de la referencia a la urgencia

Durante los últimos años se está produciendo una deslocalización de la olivicultura hacia otras zonas del planeta. /IDEAL
Durante los últimos años se está produciendo una deslocalización de la olivicultura hacia otras zonas del planeta. / IDEAL

De las 10 fincas de olivar más grandes del planeta, ninguna se ubica en España, ni por supuesto en Andalucía, y por tanto tampoco en Jaén

JUAN VILARAnalista oleícola internacional, consultor estratégico y profesor de Universidad

En la actualidad se cultiva el olivo en 64 países de los 5 continentes, mientras que se consume en 180. Durante los últimos 20 años se han pasado de 9,6 millones de hectáreas de olivar, a 11,7, es decir, se ha plantado algo menos de la superficie de olivar que ostenta España en estas dos décadas, solo que con un matiz, más del 60 por ciento de dichos olivares son de elevada densidad, olivares más eficientes que los que nos rodean.

De las 10 fincas de olivar más grandes del planeta, ninguna se ubica en España, ni por supuesto en Andalucía, y por tanto tampoco en Jaén. En definitiva durante los últimos años se está produciendo una deslocalización de la olivicultura hacia otras zonas del planeta, con el inri, de que dichos olivares son de mayor tamaño, intensificación, y por consiguiente superior rendimiento económico que aquellos de nuestro entorno.

Dicha evolución positiva de la superficie, marcada sin duda por la vecería, evoluciona de crece de forma contante, pero alterna, aunque con una clara tendencia de incremento, de hecho, la capacidad nominal de los olivares que cubren el planeta, más del 1% de las tierras cultivables del mundo, tienen una capacidad nominal de producción de aceite de oliva, que superaría al 90% de la misma, los 4 millones de toneladas.

El consumo de aceite de oliva internacional evoluciona de forma someramente positiva en los países no productores, estable en los pequeños productores capitaneados por Estados Unidos, que no aumenta en las dos últimas campañas, y cayendo en los grandes productores y consumidores, como es el caso de Italia, Grecia, Túnez, Jordania, Portugal, e incluso España. No en vano la demanda de aceite de oliva mundial este año se prevé un 10 por ciento inferior a la oferta.

Preferencias

Si nos atenemos al consumo en España, y analizando los cuatro últimos años, todas las categorías de aceite de oliva caen en su consumo, salvo el aceite de oliva virgen extra, es decir, se produce una sofisticación de las preferencias del consumidor, pero la evolución positiva en el consumo de esta categoría no compensa al resto de categorías. Otro factor importante es que el consumo es más acentuado en los estratos más envejecidos de la población, que a su vez decrece, por lo tanto, del mismo modo, dicha combinación de efectos son perniciosos en la demanda.

La evolución positiva de la superficie de olivar en el mundo, tiene un efecto positivo a corto plazo, de hecho, cada hectárea plantada genera casi mil kg de aceite de demanda adicional; no obstante a medio, y largo plazo, en entornos de exceso de oferta, o contención de la demanda, al tratarse de olivares de mayor eficiencia comparativa, ante una eventual caída de precios, pueden resistir una recesión de renta neta durante largas épocas, mientras que la olivicultura tradicional resulta especialmente vulnerable a dichas situaciones, pasando de dejar de ser rentables a partir de unos precios que no superen de media los 2,3 euros por kg de aceite en origen.

Otro factor fundamental a tener en cuenta, es el cada vez mayor poder experimentado por la distribución en el reparto de renta a lo largo de la cadena de valor, tal situación, unido a la evolución positiva de la superficie, y por ende de la oferta, alargarán en el futuro los ciclos de bajos precios en origen, con los consiguientes efecto negativos en la renta de los olivicultores tradicionales.

Ante un entorno de caída de renta en mercados maduros, se experimenta un efecto de canivalización de riqueza entre los distintos operadores de la cadena de valor, que para competir relajan sus beneficios deteriorando de este modo las rentas de contribución en toda la cadena, poniendo en peligro el olivar más vulnerable, el tradicional de montaña, en secano y no mecanizable.

Diferentes estrategias

No obstante, existen distintas estrategias de aplicación con objeto de paliar y prevenir tal situación. La primera de ellas es una política expansiva de la demanda de aceite de oliva a partir del fomento de la promoción, dicha iniciativa ha de partir de estamentos, como ministerios, consejerías, Consejo Oleícola Internacional, Interprofesionales, etc. por supuesto además del sector, que aunque ya se están desempeñando, han de ser más incisivas y constantes. De este modo, con un desplazamiento de la demanda hacia arriba, todas y cada una de las categorías de cultivo del olivo pasan a ser económicamente rentables, por supuesto cada una de ellas en su medida y de acuerdo con la naturaleza. Una vez conseguido este entorno adecuado, resulta necesario un análisis generalizado de las distintas explotaciones, y elementos de la cadena de valor, diseñando, desarrollando y aplicando, distintas estrategias y herramientas que mejoren la renta de todos ellos, mediante el incremento de precio (diferenciación, singularización, etc.), reducción de costes (integración vertical, horizontal, concentración, cooperación, etc.) o mediante adecuada combinación entre ambas.