Heridas en el patrimonio de Jaén

Muros del colegio de Peñamefécit./
Muros del colegio de Peñamefécit.

La capital sigue sufriendo de pintadas que ensucian la fachada de edificios y monumentos

TEXTO Y FOTOS: IRENE M. GARCÍAJaén

Las pintadas callejeras han cobrado protagonismo en los últimos tiempos. Estos actos de vandalismo callejero constituyen una de las primeras amenazas al patrimonio de cualquier ciudad, y Jaén no es una excepción. Si nos remontamos años atrás, recordaremos el daño causado a la estatua en honor a Juan Pablo II, situada en la primera fase del Parque del Bulevar que fue objeto de pintadas en varias ocasiones, una de ellas tapando la frase principal de la escultura, que reza «No tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo». También la figura de Adolfo Suárez fue tachado de «fascista» por medio de un graffiti pintarrajeado en su monumento situado en el Parque de la Alameda. En 2017, el PSOE y tres colectivos socioculturales de la ciudad ('Iniciativas, andamios para las ideas', Patmos e Iuventa) se animaron a personarse en una sede judicial para exigir la investigación de las pintadas presentes en varios monumentos y edificios públicos, como la Catedral, la Fuente de los Caños o el Banco de España. Y el año pasado, el Museo Íbero también fue víctima de actos vandálicos que se llevaron a cabo pocos días después de su inauguración. En resumen, somos presos de una inexplicable falta de civismo que arrasa cada vez más con la apariencia de nuestra ciudad. Pero, ¿a que se debe este delito urbano? ¿Qué medidas se están llevando a cabo para acabar con ello en Jaén? Siempre distinguiendo el arte urbano del grafiti, bien entendido como tal.

Medidas

La Policía Local lleva a cabo un seguimiento por el cual investiga las pintadas que se hacen en el casco urbano. Se lleva incluso un registro de firmas y graffitis para que si se coge al autor de una de ellas se le puedan imputar todas las que lleve en su trayectoria. Este tipo de actos vandálicos está penado además con la pena de prisión de seis meses a tres años o multa de doce a veinticuatro meses, según dicta el artículo 323 del Código Penal, aunque eso no exime de que se pueda aumentar la condena en el caso de que el bien dañado sea especialmente relevante a nivel histórico, artístico, científico, cultural o monumental. En todo caso, los jueces o tribunales podrán ordenar, a cargo del autor del daño, la adopción de medidas encaminadas a restaurar, en lo posible, el bien dañado.

En cuanto a las causas de la falta de civismo, algunos opinan que se debe al estado de abandono que sufre la ciudad, el cual propicia estos hechos. Juan Higueras, de Patmos, uno de los colectivos que presentó en 2017 la denuncia judicial acerca de las pintadas en la capital, dijo que estos actos se debían principalmente a que «Jaén es un ambiente degradado, con edificios abandonados y con el suelo sucio, el que propicia gestos como que alguien mee en la fachada de la Catedral, un edificio de 800 años, o realice pintadas». Una teoría que, por desgracia, bien podría ser cierta a juzgar por el historial de la ciudad. Tomemos conciencia y luchemos contra este tipo de vandalismo.