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El habla del cascaruleto

Estos personajes suelen rodearse casi siempre del mismo círculo a los embauca, con su vil verbo, dejándolos boquiabiertos con esas larga parrafadas que en las plazas y lugares públicos sueltan, sin rigor alguno

RAFAEL CIVANTOS CUESTAJAÉN

Decía mi abuelo que el cascaruleto era aquel que hablaba más de lo ajeno que de lo suyo, aquel que tenía una lengua de doble filo, para criticar de manera infundada a cualquiera o a cualquier cosa sin ofrecer solución alguna a cambio y mucho menos sin dar alternativa. Nunca llegue a saber si ese vocablo estaba en el diccionario de la Real Academia de la Lengua o no lo estaba. Pero ahora me he parado a mirarlo si existe y me dice el diccionario que «la palabra cascaruleto no está registrada en el Diccionario», por lo que esa palabra que tanto usaba mi abuelo, ahora resulta que no existía.

Pero ahora abusando de internet y su magnífica red, he podido averiguar que en muchos pueblos de Castilla, la utilizan para definir a la persona que habla mucho y sin sentido. Y ahí era donde yo quería llegar, en esas personas que las tenemos en todos los pueblos de nuestra geografía, que no tienen demasiados quehaceres y que se levantan por la mañana sin más obligación que la de irse a la plaza del pueblo para rodearse de su círculo al que día tras día le calienta la cabeza con uno u otro tema, aunque no deje de ser un lego en esa materia.

El cascaruleto tiene vivencias y ocurrencias de cualquier tema que pueda pasar en su entorno, en su localidad, en su comarca, o en el cualquier otro punto de nuestra geografía, sobre el que haya de opinar, de los que habla y expone con detalle sobre el tema, acaecido de grandes ideas y sobre todo exponiendo con todo detalle como deben ser las cosas, como se deben hacer y como quedarán al final con la idea que él expone y que la mayoría de las veces está trasnochada.

Estos personajes suelen rodearse casi siempre del mismo círculo a los embauca, con su vil verbo, dejándolos boquiabiertos con esas larga parrafadas que en las plazas y lugares públicos sueltan, sin rigor alguno, en opinión de temas de ingeniería, contabilidad o administración por ejemplo. Temas que el cascaruleto quiere demostrar ante su asiduo público que es el que más los domina de su país, que es el que más sabe de ellos y que es el que por supuesto está bien puesto en toda esa materia de las que sus oyentes le piden opinión.

Resulta inverosímil también que de todos los chismes de un pueblo o su entorno, este personaje este perfectamente enterado y hable de ellos con todo detalle, como si él hubiera estado entre medias de la situación que narra, como si hubiera sido un espectador de lujo, para luego hacer de altavoz en la plaza del pueblo o en la barra del bar que suele visitar a diario y en el que pasa varias horas aún sin consumir nada o con una consumición mínima para justificarse el estar allí durante todo ese tiempo, para que no se le pueda escapar nada.

En definitiva, mi abuelo con la palabra cascaruleto lo que estaba definiendo es lo que todos conocemos como el charlatán que hablan y hablan de cualquier tema y sin mucho sentido, que cuenta tantas veces la misma mentira y tan bien adornada que al fanal termina por creérsela él mismo y por supuesto ese asiduo público que cada día lo rodea para escuchar sus absurdas y sin sentido conversaciones que él pronuncia.

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